Las últimas semanas han presenciado una importante subida en los intereses de las obligaciones a largo y medio plazo. El rendimiento de los bonos del Tesoro a 10 años alcanzó el 5,24% durante el 8 de junio, mientras que a finales de febrero no llegaba a 4,50%. Sin duda alguna, existen bastantes causas para esta liquidación. Entre ellas, se pueden incluir la divulgación de cifras económicas relativamente sólidas y las crecientes expectativas de inflación en los EE.UU., elementos que parecerían eliminar la situación de un recorte de tipos temprano, así como la expectativa de nuevas subidas de tipos de interés en la zona euro, Reino Unido y Japón. Si observamos esta venta desde un punto de vista técnico, la reciente volatilidad de las obligaciones ha sido en gran medida el resultado de los esfuerzos de los inversores por reducir la exposición en duración con la venta de bonos del Tesoro a medio o largo plazo plazo. Las carteras de los inversores en la segunda mitad de mayo tuvieron la mayor duración desde junio de 2003, cuando los bonos del Tesoro a 10 años se acercaron al 3%. Esto sugiere que muchos inversores institucionales quedaron sobre expuestos a obligaciones del estado, reflejando una cierta complacencia. Estos inversores creyeron erróneamente que los niveles de apoyo del 4,75% al 5% se sostendrían y, cuando no lo hicieron, se produjo la venta acelerada. La subida de los rendimientos se vio incrementada por la convexidad de la venta por parte de los inversores hipotecarios. Esto sucede cuando los prepagos hipotecarios descienden a medida que los tipos de interés suben. En otras palabras, los inversores hipotecarios vendieron bonos del Tesoro a largo plazo para compensar la vida media de sus carteras hipotecarias. Aparte de estas consideraciones técnicas, creemos que el reciente repunte en los rendimientos puede haber sido exagerado. Los últimos datos económicos han sido mixtos, pero muchos observadores consideran que la tasa de crecimiento del PIB de 0,6% en el primer trimestre representa un punto bajo, y que parece posible un crecimiento anual global de alrededor del 2% en EE.UU. Durante la primera mitad del año, no estábamos convencidos por el movimiento de los mercados de futuros de incluir en el precio un recorte de tipos. Ahora, con la posibilidad de ver un crecimiento modesto y una inflación básica relativamente contenida, creemos que los mercados de obligaciones a largo plazo quizás también hayan ido demasiado lejos y que los bonos del Tesoro están empezando a parecer baratos. Al mismo tiempo, la subida de los rendimientos a largo plazo incrementa la vulnerabilidad del sector de la vivienda de EE.UU., ya que incluso partes saludables del mercado hipotecario tienen precios fijados contra bonos del Tesoro a 10 años. Esto sugiere que la perspectiva para esta importante parte de la economía de EE.UU. puede seguir contenida. Esta subida de los intereses de las obligaciones también apunta tradicionalmente a mayores costes de interés, lo que podría afectar la rentabilidad empresarial, ralentizar la economía y obstaculizar la actividad de adquisiciones. De hecho, los precios de las obligaciones corporativas con buena calificación de solvencia han estado a la baja, reflejando quizás las preocupaciones por los mayores niveles de deuda que las empresas están asumiendo para financiar las compras totales y recompras de acciones. En pocas palabras, la subida del coste de la deuda a largo plazo, si se sostiene, hará más difícil que las empresas se endeuden para expandirse, y también podría obstaculizar el ardor de los grupos de capital riesgo, cuyas operaciones muy apalancadas han añadido una prima de oferta a muchas empresas que cotizan en bolsa.