Déficit y deuda en Estados Unidos
Los datos de la liquidación de las cuentas públicas de Estados Unidos en los cuatro primeros meses del ejercicio fiscal muestran que, pese al fuerte aumento de la recaudación por los aranceles, a un crecimiento económico cercano al 4% y a una reducción del déficit respecto al año anterior, el déficit de EEUU ya alcanza los 0,7 billones de dólares. Se trata del tercer peor registro histórico para este periodo. Este hecho confirma que no hay solución estructural.

A ello se suma el informe de la Oficina Presupuestaria del Congreso, que estima un déficit del 8% en 2026 y del 6% durante la próxima década.
Además, Bank of America prevé que la deuda pública aumente de 40 a 64 billones de dólares en los próximos diez años. Pero es que además la deuda per cápita sigue una tendencia claramente acelerada.

Ante esta situación, el sistema está roto y no hay margen de maniobra real. La estrategia pasa por vender la idea de un fuerte crecimiento económico para contener el ratio deuda/PIB. Trump y Bessent defienden esta vía, pero el crecimiento actual ya ronda el 4%, por lo que duplicarlo parece poco probable. Todo se apoya en una apuesta arriesgada por la inteligencia artificial como generadora de grandes ganancias de productividad, algo que está lejos de ser seguro.
Degradación monetaria y financiación
Lo que sí es seguro es la continuación de la degradación monetaria. El oro, tras una subida parabólica, se ha estabilizado para facilitar que los bancos centrales sigan comprando. Al mismo tiempo, la rentabilidad del bono americano a diez años no refleja la gravedad de la situación, lo que apunta a una manipulación del mercado.
Para financiar la deuda nueva y refinanciar la existente, el plan es emitir stablecoins respaldadas por deuda pública estadounidense y captar el ahorro mundial. El camino es triple: degradación monetaria, emisión masiva de deuda y venta del relato de un crecimiento económico acelerado.
Europa y China
Estados Unidos competirá así por el ahorro global y va a degradar su moneda. En Europa, sin crecimiento, la respuesta será también la degradación monetaria junto a un mayor control fiscal: más gasto público, más impuestos y mayor presión regulatoria, como muestran los impuestos sobre ganancias no realizadas y las restricciones a la salida de capitales. Estas medidas tenderán a replicarse en otros países.
China, por su parte, no permitirá que su ahorro fluya hacia Estados Unidos y prohibirá el uso de stablecoins, avanzando hacia controles de capital.
Dicho esto, todo apunta a una guerra de capitales a escala global. La consecuencia final será la necesidad de inyectar liquidez para sostener el sistema y renovar la deuda pública. Aunque a corto plazo pueda haber pausas en la liquidez y correcciones en activos como el oro o el bitcoin, a largo plazo la dinámica sigue siendo la misma: la liquidez acaba imponiéndose.