En este entorno actual de alta volatilidad y tras un enero difícil para los inversores, es preciso monitorizar algunos elementos. En primer lugar, los mercados emergentes, en los que debemos tener prudencia, puesto que no hay un catalizador real y no podemos saber si van a evolucionar positivamente.

Además, se han concentrado muchos temores en apenas unas semanas, uno de los principales ha sido sin duda la renovada preocupación sobre China. El gigante asiático, que ya había hecho sonar la señal de alarma el pasado mes de agosto, ahora ha regresado al primer plano, y probablemente será una cuestión recurrente en las próximas semanas y meses. Aunque no creemos que se vaya a producir un “hard landing” en China, es cierto que existe una falta de visibilidad, pero se trata, sobre todo, de una economía en plena transformación que rota desde un modelo industrial hacia uno más centrado en el consumo. Aparte de la incertidumbre en torno a China, las perspectivas de crecimiento a nivel global también suscitan inquietud.

Otra cuestión a tener en cuenta es que acabamos de salir de un ciclo bursátil muy positivo y prolongado de la renta variable estadounidense por lo que podemos considerar que este mercado está perdiendo algo de fuelle y ya se están viendo algunas señales de alerta, como el estancamiento de los beneficios empresariales y la presión a la que se ha visto sometido el mercado de renta fija.

Sin embargo, la volatilidad es, quizá, el aspecto más importante a tener en cuenta en 2016. Apareció hace seis meses, experimentando cambios a lo largo del pasado verano, y se ha intensificado sobremanera en la renta variable, así como en el resto de clases de activos.  No hay que olvidar tampoco que la renta fija se halla en una complicada coyuntura, debido tanto a la elevada volatilidad como al hecho de que ofrece un perfil de riesgo/rentabilidad relativamente bajo. En este contexto, pensamos que la volatilidad va a persistir.

En este sentido, uno de los interrogantes es el ritmo de subidas de tipos en Estados Unidos, lo que genera numerosas conjeturas. Creemos que una pequeña subida, siempre que sea progresiva, será bien acogida entre los inversores. Históricamente las alzas de tipos no han sido necesariamente negativas para los mercados, depende más de la comunicación que la Fed haga y por ende la repercusión progresiva o violenta en las tasas de largo plazo. Aunque haya dudas sobre la economía estadounidense, dado el nivel de desempleo, actualmente los salarios están aumentando y esto supone un soporte para alcanzar el objetivo de inflación de la Reserva Federal.

En este entorno de mercado, creemos que en el universo de la renta variable el mercado europeo sigue siendo el más interesante, ya que pensamos que la dinámica de la economía es favorable en Europa. El Viejo Continente sigue contando con algunos catalizadores importantes para que continúe el crecimiento: el consumo, la disminución del desempleo, la demanda de crédito por parte de las empresas y un petróleo a bajos precios. Por el contrario, consideramos que el mercado estadounidense está bajo presión. En lo que respecta a los mercados de renta fija, pensamos que en términos generales ofrecen poca remuneración y comportan grandes riesgos, principalmente dado a la baja liquidez.

A modo de conclusión podemos decir que lo más probable es que la volatilidad perdure durante todo el año y por ello creemos que hay que ser relativamente prudentes en un entorno mucho más complicado que el año pasado. 
Uriel Saragusti, Analista de crédito de La Financière de l’Echiquier