“La deuda mundial es el elefante en la habitación al que nadie quiere mirar”

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¿Cómo ha cambiado el mercado desde que estás trabajando en mercados financieros?

Empecé a trabajar en prensa económica en febrero de 2007, cuando se estaba gestando la crisis financiera global, así que ya te puedes imaginar cómo ha cambiado todo en estos casi 20 años, incluyendo, por supuesto, un profundo cambio en la regulación. 

También creo que se ha democratizado mucho el acceso a los mercados para los inversores particulares. Antes prácticamente tenías que ir al banco y pedir que te comprase las acciones en las que estabas interesado, y ahora cualquiera opera desde su teléfono móvil en tiempo real. Esto es bueno o malo dependiendo de cómo se utilice, porque da cierta sensación, como ha ocurrido con las criptomonedas, que las apps de inversión son utilizadas a veces como como apps de apuestas deportivas. La transparencia y una formación adecuada son necesarias para que este acceso universal a los mercados sea realmente valioso. 

La geopolítica está dominando los mercados: ¿Ha llegado para quedarse?

La geopolítica siempre es un factor decisivo en los mercados financieros, pero, parafraseando un poco al doctor Malcolm en ‘Parque Jurásico’, al final “el dinero siempre se abre camino”.  Si hace cinco años te dicen que va a haber una guerra en Europa y que el estrecho del Ormuz va a estar cerrado a cal y canto durante seis meses, lo último que pensarías es que la bolsa va a estar en máximos. Pero lo cierto es que ahí estamos. 

Poco a poco los mercados se han ido acostumbrando no solo al nuevo escenario geopolítico, sino también a la nueva forma de hacer política que ha traído Trump con sus frases grandilocuentes y sus -podría decirse- bravuconadas. Al final el mundo va cambiando y los mercados lo van asimilando y se van adaptando a ello. 

Si antes el petróleo era la materia prima por excelencia, ahora se le suman gas y tierras raras, parece que todo se está complicando para acceder a estos recursos.

Una economía en crecimiento siempre necesita recursos para poder seguir creciendo. Y las nuevas tecnologías que han surgido en los últimos años, desde los coches eléctricos o los smartphones a la inteligencia artificial, requieren sus propias materias primas. Ahora estamos viendo una batalla a nivel mundial por dominar estos recursos, especialmente entre China y EEUU, mientras Europa vuelve a estar rezagada. Es difícil saber quién va a salir victorioso al final y cómo va a ser el nuevo orden que surja. 

Hasta dónde puede llegar el bono de EEUU y Francia para crear problemas. ¿Por qué ya estamos por encima del 5% y de momento no pasa nada?

Es cierto que resulta sorprendente que podamos ver las rentabilidades de los bonos en máximos de varias décadas mientras las bolsas siguen subiendo. Sobre el papel esta situación no debería ser sostenible, pero, como decía antes, los mercados se acaban adaptando a todo y el dinero siempre va encontrando su camino. Solo hace unas semanas, parecía indispensable que Bessent comprase bonos para intentar evitar que el bono de referencia no pasase del 5%, y ahora ya estamos en el 5,3% sin que el mundo haya llegado a su fin. 

En general creo que va a haber que acostumbrarse a tipos más elevados. Con las cifras de deuda que hay sobre la mesa, la situación fiscal de las mayores economías mundiales y el escenario de inflación actual por los precios de la energía, parece muy difícil pensar en que las rentabilidades de los bonos puedan bajar significativamente desde las cotas actuales, más allá de algún ligero alivio. 

Los bancos españoles están inmunes a los problemas actuales: ¿Siguen teniendo potencial?

Es cierto que en los últimos dos años la subida de los bancos en Bolsa ha sido muy abultada, por lo que se puede considerar que las cotizaciones actuales se encuentran en niveles bastante exigentes. Pero mientras la economía siga creciendo y siga fluyendo el crédito no hay ninguna razón para pensar que no tienen capacidad de seguir haciéndolo bien. Un factor adicional a tener en cuenta es si, antes del anterior ciclo de subidas, lo estaban haciendo tan mal como apuntaban las valoraciones que presentaban. Probablemente, como dice el refrán, en el punto medio está la virtud. 

España sigue teniendo grandes eléctricas que se van a beneficiar del desarrollo de centros de datos y energías renovables. ¿Esto va para años?

Sin energía no hay crecimiento económico, pero es que, además, las nuevas tecnologías requieren cada vez un mayor uso de esta energía, como está demostrando la inteligencia artificial. Pero es importante entender que también se requiere cada vez más inversión de las empresas del sector para lograr que la rueda siga girando. Las elevadas cifras de Capex pueden llegar a asustar a los inversores, pero son indispensables, ya que el sector va evolucionando día a día; desde los primeros aerogeneradores a las actuales baterías ha habido detrás una auténtica revolución tecnológica. 

Y lo mismo ocurre con los centros de datos, donde estamos viendo cómo personas del calado de Bezos o Musk hablan de llevarlos al espacio. La innovación es tan elevada que cualquiera que se quede rezagado puede verse directamente fuera del mercado. La dificultad es encontrar un punto de equilibrio entre esas elevadas inversiones y la rentabilidad para los accionistas. 

¿Cuáles son los principales riesgos que ves en el horizonte?

Volvería a un tema que ya hemos tratado: la deuda mundial. El otro día el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF) apuntaba a que solo la deuda pública alcanza ya los 365 billones de dólares, una cifra que es difícil incluso imaginarse. Parece haberse creado un sistema de ‘rollover’ eterno en el que solo se pagan los intereses de esta deuda, pero nunca el principal. Pero esta situación de equilibrio puede romperse en algún momento si alguien decide que quiere recuperar su dinero de vuelta. Puede decirse que la deuda es el elefante en la habitación al que nadie quiere mirar.