Si miramos a Suiza, donde se celebran reuniones internacionales de gran relevancia, cualquier desescalada de las tensiones geopolíticas es positiva no solo para los mercados, sino también para el comercio y la macroeconomía en general. No obstante, se trata de movimientos que el mercado ya conoce y cuyo impacto suele ser limitado en el tiempo. En el caso de Irán, hemos visto cómo el aumento de la tensión provocó un repunte brusco del precio del crudo, seguido posteriormente por una vuelta a niveles más cercanos al punto de partida. En cuanto a Ucrania, el conflicto se prolonga ya durante casi cuatro años y un escenario de paz duradera sería muy beneficioso para las empresas, el desarrollo económico y la reconstrucción.
Sin embargo, considero que actualmente el foco del mercado está en la disrupción que está generando la inteligencia artificial. Estamos viendo cómo, en lo que va de año, los sectores que lideran claramente el mercado son los cíclicos pesados —especialmente metales, minería y petróleo— junto a sectores dos defensivos como telecomunicaciones y utilities. Frente a ellos, los sectores más impactados por la disrupción de la inteligencia artificial, como el software, están registrando caídas muy significativas, que incluso se han trasladado a otros ámbitos como la publicidad o el sector financiero. Todo ello se produce en un entorno macroeconómico que, por ahora, sigue funcionando razonablemente bien. En Estados Unidos hemos conocido datos positivos de inflación, crecimiento y empleo. A nivel empresarial, el consenso espera un crecimiento del beneficio del 13,6% en el cuarto trimestre en Estados Unidos, frente a una caída del 1,1% en Europa, aunque con signos de mejora progresiva.
Respecto a la volatilidad asociada a la inteligencia artificial, existe una clara dicotomía entre empresas ganadoras y perdedoras. Aun así, creo que en algunos casos se están produciendo movimientos excesivos. La historia demuestra que muchas compañías son capaces de adaptarse y transformarse, como ocurrió en anteriores revoluciones industriales y tecnológicas, y esta no debería ser una excepción. En cuanto a la volatilidad general del mercado, los niveles siguen siendo moderados y alejados de situaciones de estrés o pánico. Aunque algunos índices presentan ligeros descensos en el año, las fuertes subidas en sectores como energía, metales, utilities y telecomunicaciones están compensando las caídas registradas en otros segmentos más impactados por la disrupción tecnológica. En este contexto, el mercado está siendo guiado más por el momento que por los fundamentales, lo que obliga a tener muy en cuenta la tendencia y la rotación sectorial.
Por otro lado, en plena temporada de resultados, con el ecuador prácticamente superado tanto en Wall Street como en Europa, en general, los resultados empresariales están siendo buenos y, en muchos casos, mejores de lo esperado. Sin embargo, la reacción del mercado ha sido más tibia. En el sector tecnológico, los resultados han sido sólidos (por ejemplo Amazon y Alphabet), aunque las cotizaciones se han visto penalizadas por el fuerte incremento de las inversiones en inteligencia artificial. En el sector bancario, los resultados también han sido positivos, aunque sin el efecto sorpresa de trimestres anteriores, ha habido correcciones significativas en algunas entidades. Otros sectores, como el químico o el de medios, han presentado resultados más débiles, mientras que el sector asegurador ha mostrado cifras mixtas. En conjunto, el balance es de luces y sombras, con unos mercados que siguen bien posicionados gracias a un entorno macroeconómico que continúa funcionando razonablemente bien, especialmente en Estados Unidos y, en menor medida, en Europa.

