En bolsa, una gran rotación se refiere a un movimiento masivo de capital por parte de inversores institucionales, quienes salen de unos activos o estilos y entran en otros, de forma sostenida -no de golpe-, y a gran escala. Es decir, no hablamos de un trade puntual, ni tampoco de un fin de ciclo que cierra con una caída abrupta. Es un cambio de preferencias del mercado. El dinero empieza a moverse de unos sectores a otros.

Y en estos días se habla mucho de rotación de carteras y, en concreto, de rotación desde algunos sectores que, como el de tecnología, habían registrado subidas muy importantes y verticales a lo largo de los pasados trimestres. En esta rotación, se están viendo favorecidos sectores de actividad más tradicionales y de menor volatilidad relativa.

Hay que tener en cuenta que desde enero, el índice de bolsa mundial que agrupa a las cotizadas value se ha disparado alrededor 7%, frente al casi 1% que retrocede el que concentra a las de crecimiento. Y es más, en los últimos doce meses, el índice MSCI World Value ha ofrecido una rentabilidad del 20,5% frente al 16% del growth, 4,5 puntos más.

Para los expertos está claro que el mercado atraviesa una fase de transición relevante, aunque no todos interpretan este movimiento de la misma forma ni le otorgan el mismo carácter estructural.

Para Félix González, socio Director General de Capitalia Familiar EAFI, esta rotación en los mercados tiene un carácter claramente coyuntural y defensivo, motivado por un entorno de elevada incertidumbre. Félix González apunta, en primer lugar, a las dudas sobre las valoraciones de las grandes compañías tecnológicas y su capacidad para rentabilizar en tiempo y forma las enormes inversiones de capital vinculadas al nuevo ecosistema de la inteligencia artificial. A ello se suma la incertidumbre sobre la política monetaria estadounidense y el calendario de posibles bajadas de tipos por parte de la Reserva Federal, así como un contexto geopolítico tenso, con especial atención a las relaciones entre Estados Unidos e Irán. No obstante, subraya que, “a largo plazo, el sector tecnológico seguirá siendo el principal motor de crecimiento de la bolsa estadounidense y un factor disruptivo clave para los sectores tradicionales”.

Una visión prudente y similar en cuanto a la ausencia de señales de cambio estructural la ofrece Roberto Moro, analista independiente, quien considera que no existen argumentos sólidos para justificar cambios profundos en las carteras. Moro destaca que el comportamiento de los mercados en lo que va de año “está siendo positivo y que resulta prematuro hablar de un cambio de ciclo”. Sin embargo, sí reconoce divergencias relevantes: Europa está mostrando un mejor comportamiento relativo que Estados Unidos, lo que justificaría, desde un punto de vista táctico, una mayor ponderación en activos europeos. A nivel sectorial, recomienda prudencia con la tecnología tras las fuertes subidas de años anteriores y sugiere una rotación limitada hacia sectores más tradicionales, siempre evitando decisiones precipitadas y manteniendo flexibilidad.

Frente a estas posturas más cautas, Hugo Polo, asesor de iCapital, sostiene que la rotación ya es un hecho evidente. A su juicio, en 2026 se está produciendo una clara transición desde sectores growth hacia sectores value, con una reducción de exposición a compañías tecnológicas y una mayor presencia de sectores como financieros, salud, consumo defensivo, utilities, así como materias primas y energía, una tendencia que ya comenzó a tomar forma en 2025. Y el experto interpreta este movimiento como “un reflejo de un inversor menos especulativo y más enfocado en valor y estabilidad”.

Javier Turrado, director Comercial y de Desarrollo de Negocio de Bankinter Gestión de Activos aporta una visión aún más concreta y operativa y confirma que en Bankinter Gestión de Activos se han llevado a cabo rotaciones significativas, especialmente en renta variable. La firma ha reducido exposición a Estados Unidos y Japón, mientras ha incrementado peso en Europa y mercados emergentes. Sectorialmente, han rebajado tecnología desde sobreponderación a neutral, manteniendo una clara apuesta por financieras, utilities, materiales y sectores cíclicos. En renta fija, el sesgo se ha desplazado hacia crédito corporativo frente a deuda soberana, manteniendo duraciones y calidades crediticias estables.

Desde una perspectiva más macro y global, Rafael Ojeda, analista macro global de Fortage Funds, interpreta el momento actual como un cambio de paradigma más que de ciclo. Según Ojeda, la inteligencia artificial está forzando a las compañías a afrontar niveles de capex sin precedentes, lo que obliga al mercado a replantearse cómo se financian estas inversiones y cómo se traducen en beneficios. “Este entorno está provocando salidas de capital de las grandes tecnológicas hacia compañías de pequeña y mediana capitalización en Estados Unidos, que podrían beneficiarse de un escenario de bajadas de tipos”. Además, Ojeda destaca la entrada de flujos hacia el oro como refugio de valor ante los elevados déficits de las economías occidentales y la presión sobre las monedas fiat, así como las oportunidades en renta fija de mercados emergentes frente a un high yield estadounidense poco atractivo en términos de riesgo-retorno.

Y, por último, en esta misma línea de análisis global se sitúa Samuel Pérez, analista de Tressis, quien subraya que, “tras años dominados por las “Siete Magníficas”, los inversores han comenzado a rotar hacia otros sectores y regiones. También señala que “algunas industrias están empezando a verse negativamente afectadas por la inteligencia artificial y por sus elevadas necesidades de financiación, lo que ha presionado al sector tecnológico y al software. En contraste, sectores como semiconductores, energía y utilities podrían beneficiarse del crecimiento estructural asociado a esta transformación tecnológica”. A nivel geográfico, destaca la debilidad del dólar y el fuerte aumento de flujos hacia mercados emergentes, así como el renovado interés por Japón tras la victoria de Sanae Takaichi, que ha reactivado el denominado “Takaichi Trade” y llevado al Nikkei a máximos históricos.

El consenso entre los expertos es claro en un punto: el mercado está cambiando. Sin embargo, mientras algunos interpretan estos movimientos como ajustes tácticos y coyunturales, otros consideran que la rotación ya es profunda y responde a un cambio estructural en la asignación de activos. La inteligencia artificial, la política monetaria, la geopolítica y los flujos globales de capital se consolidan como los grandes ejes de un debate que seguirá marcando las decisiones de inversión en los próximos meses. Y para ir adaptando la cartera a todo esto habrá que hacer un buena gestión activa, coherente y sin precipitación.

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