Si tenemos en cuenta que el S&P 500 rentó más de un 32% en 2013 y más de un 10% sólo en el cuarto trimestre, no sorprende el reciente periodo de consolidación. 
Las bolsas de EE.UU. y los grandes países europeos están cotizando en una franja estrecha, moviéndose en torno a un nivel que no ha cambiado durante gran parte de 2014. Si tenemos en cuenta que el S&P 500 rentó más de un 32% en 2013 y más de un 10% sólo en el cuarto trimestre, no sorprende el reciente periodo de consolidación.

Los inversores han luchado contra varias incertidumbres macroeconómicas, tales como el peor comportamiento relativo de las bolsas emergentes a comienzos de año, al que siguió una saludable recuperación en febrero, y han vuelto a encontrarse con obstáculos a comienzos de marzo.

En el lado positivo, el S&P 500 ha tocado máximos históricos varias veces en 2014, y las perspectivas a medio plazo siguen siendo atractivas, aunque no tanto como en 2013. También son positivas las señales que apuntan a que Europa avanza hacia un crecimiento ligeramente más fuerte. En mi opinión, el descenso de los tipos de interés en muchos de los países periféricos también ha sido favorable.

Señales que apuntan a una expansión del mercado

Aunque recientemente la bolsa se ha tomado un respiro, considero que existen varios factores fundamentales que sostienen este mercado alcista. El primero de ellos, y quizá el más importante, es que esperamos que los beneficios medios de las empresas del S&P 500 sigan presentando crecimientos entre el 5 y el 10% este año.

En segundo lugar, aunque el crecimiento de los ingresos ha sido tenue, la economía estadounidense podría estar cobrando impulso de nuevo tras la irregularidad observada durante los últimos meses, debida en parte al invierno extremo que se ha vivido en EE.UU. El empleo ha seguido creciendo de forma constante en EE.UU. Los tipos de interés siguen en niveles muy bajos, lo que apoya las ventas de viviendas y automóviles y permite a las empresas seguir reforzando sus balances. Aunque la Reserva Federal concentra mucha atención, se prevé la reducción progresiva de la relajación cuantitativa.

La rentabilidad por dividendo del S&P 500 se ha mantenido en torno al 2%, a pesar de que el índice ha subido, lo que quiere decir que las empresas estadounidenses siguen incrementando la remuneración al accionista a un ritmo saludable. En 2014, las recompras de acciones mantienen su fortaleza, al igual que el crecimiento de los dividendos. La inflación sigue siendo bastante baja, lo que refuerza el atractivo de la rentabilidad real derivada de la inversión en acciones. La confianza del consumidor ha continuado con su tendencia al alza, tanto en EE.UU. como en otras regiones. Además, los flujos de inversión en fondos de renta variable han comenzado a arrojar lecturas positivas más constantes desde comienzos de 2013, tras una larga racha de salidas netas provocadas por la huida hacia la renta fija de los inversores que buscaban seguridad relativa.

En respuesta a este entorno positivo, los PER han subido durante los últimos trimestres. Una aceleración del producto interior bruto (PIB) sería bienvenida, ya que daría un mayor impulso a los beneficios de las empresas cíclicas. No obstante, probablemente no haga falta una aceleración desde los niveles que observamos hoy para que los beneficios sigan creciendo al ritmo actual.

Señales de una corrección más acusada

Durante las últimas semanas, muchas empresas tecnológicas y biotecnológicas con valoraciones muy elevadas han desandado el terreno ganado durante los últimos meses. Muchas OPVs completadas recientemente también han tenido problemas para mantener valoraciones generosas y han comenzado a corregir. Esta es otra señal de que algunas áreas de la bolsa estadounidense necesitan tomarse un respiro.

Muchos de los valores que más muestras de volatilidad han dado recientemente no forman parte del S&P 500, lo que hace que este índice de gran capitalización esté varios pasos alejado de la volatilidad reciente. Aunque, desde un punto de vista temporal, se tendría que haber producido una corrección del 10% o más en el S&P 500. Las probabilidades de que esto ocurra dependen más de la próxima temporada de resultados y de acontecimientos macroeconómicos inesperados que de los niveles generales de valoración