Sobrevivir a una muerte súbita

No existe la manera de prevenir o controlar la muerte súbita ya que se origina inesperadamente, aunque algunas personas llegan a tener síntomas previos como pérdida de conocimiento, falta de respuesta ante estímulos, parada respiratoria o pérdida del tono de la piel que se vuelve azul violácea. Sin embargo, “para establecer un diagnóstico definitivo de un episodio de muerte súbita es necesario que los síntomas tengan menos de una hora de duración”, explica el doctor Julián Crosa de la Unidad de Arritmias del servicio de Cardiología del Hospital La Luz de Madrid.

En la mayoría de los casos, la muerte súbita ocurre como consecuencia de una fibrilación ventricular, una arritmia que impide que el musculo cardiaco se contraiga con normalidad, lo cual imposibilita el latido normal del corazón y, por tanto, el bombeo de la sangre a todos los órganos del cuerpo se detiene. No obstante, tener una enfermedad cardiovascular puede ser también la causa de una muerte súbita. En víctimas mayores de 35 años, la obstrucción de las arterias que llevan la sangre al corazón (enfermedad arterial coronaria) puede ser la causa de muerte súbita. En adultos menores de 35 años, la miocardiopatía hipertrófica, una enfermedad genética que se caracteriza por un engrosamiento de las paredes del corazón, suele ser el origen en la mayoría de los casos. “En la población entre 35 y 45 años de edad se ha detectado una mayor incidencia de miocardiopatía dilatada, es decir dilatación de las cavidades cardiacas, como consecuencia de obesidad o el consumo de drogas ilícitas” añade el especialista doctor Crosa.

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También sufrir alteraciones congénitas de las arterias coronarias o enfermedades arrítmicas como el síndrome de Brugada, el síndrome de QT largo, taquicardia ventricular (TV) o fibrilación ventricular (FV) son las principales causas de muerte súbita. A pesar de ser difícil de prevenir, ya que se produce en personas aparentemente sanas, existen factores de riesgo como la obesidad, la diabetes o el tabaquismo que se asocian a la muerte súbita cardiaca.

El único tratamiento que puede ser efectivo, para detener un episodio de muerte súbita, es la desfibrilación ventricular, que consiste en una descarga eléctrica en el corazón, mediante palas o parches, para reiniciar la actividad cardiaca. Esta maniobra se debe hacer lo más rápido posible para aumentar las posibilidades de salvar la vida del paciente. Si en el momento del episodio no se dispone de un desfibrilador, se puede intentar llevar a cabo una reanimación cardiopulmonar (RCP), aplicando masaje cardiaco y respiración boca a boca simultáneamente. Si esta maniobra se efectúa en el primer minuto, tras el episodio de muerte súbita, el éxito de sobrevivir es muy alto, pero disminuirá progresivamente si no se realizan las maniobras de reanimación cardiopulmonar. En España se producen más de 80 casos de muerte súbita cada día, unos 30.000 al año, de los cuales, tan solo entre el 5% y el 11% tienen posibilidades de sobrevivir sin secuelas después de sufrir una parada cardiaca fuera de un hospital.

Desde la Unidad de Arritmias, el doctor Crosa puntualiza que “se deberá realizar la cadena básica de supervivencia ante un paciente en parada cardiaca, esto es, detectar al paciente, activar el sistema de urgencias, realizar RCP y desfibrilación temprana y cuidados post-reanimación rápidos. Si todo esto se realiza en los primeros cinco minutos del colapso, se mejorará la tasa de supervivencia del paciente”. Dada la eficacia que tiene reaccionar a tiempo ante un caso de parada cardiaca, es importante la colocación de desfibriladores automáticos en lugares públicos y saber realizar la maniobra básica de reanimación cardiopulmonar (RCP).

De hecho, en escuelas, aeropuertos, gimnasios y sitios con alta densidad de población, se suele entrenar al público para conocer la ejecución de esta maniobra. Para realizar un masaje cardiaco correcto se deben poner las dos manos en el centro del esternón del paciente y hacer compresiones hacia abajo con los brazos extendidos en ángulo recto con el cuerpo de la víctima. Estas compresiones deben tener una frecuencia de aproximadamente 100 veces por minuto y deben ser rítmicas y regulares, sin interrupciones posibles. Para esto, existen canciones que hacen mantener el ritmo correcto para la RCP, entre ellas están la archiconocida” Macarena”, o “Stayin`Alive” de los Bee Gees. El masaje cardiaco se debe mantener hasta que la victima recupere el conocimiento o hasta que llegue la asistencia médica solicitada.