El boom crediticio chino podría generar estrés en los bancos locales de ese país y prolongar la desaceleración del crecimiento económico. No obstante, los riesgos de contagio de China a los mercados financieros internacionales podrían ser contenidos debido al bajo nivel de obligaciones chinas en el exterior. 


Estabilización de la economía
El crecimiento económico chino se ha estabilizado en los últimos trimestres, expandiéndose a un 6,8% interanual al final del año pasado. Tanto el Índice de Gestores de Compra (PMI) del sector manufacturero como el de servicios, vienen expandiéndose por encima de la barrera de los 50 puntos desde mediados de 2016. Además, la producción industrial y las inversiones en activos fijos, superaron las expectativas en febrero; la primera se incrementó en un 6,3% interanual desde el 6,0% de enero y las segundas en un 8,9% desde el 8,3% interanual de enero.

 

 

 


Sin embargo, la capacidad de China de proseguir con la desregulación financiera, mejorar la gestión de las finanzas públicas y las actividades de las empresas estatales (EE), sigue planteando riesgos a largo plazo. La contracción de siete años del PIB refleja el lento avance sobre la contención de las vulnerabilidades y las reformas estructurales. El panorama económico a largo plazo depende en gran medida del grado de compromiso del gobierno con las reformas estructurales a medida que el país continúe alineándose con las economías más desarrolladas.

Menos flexibilización monetaria
Con el FOMC restringiendo la política monetaria en los EE.UU, las autoridades chinas necesitarán flexibilizar más la conducción de la política económica. El final de la flexibilización cuantitativa y el inicio del ciclo de subidas en los tipos de interés en EE.UU, ha generado una fuerte depreciación del Renminbi y grandes salidas de capital. Como resultado, el Banco Popular de China (PBoC) ha vendido desde 2014 el equivalente a 1 billón de dólares en reservas internacionales para frenar la depreciación de su divisa y los reguladores chinos han aplicado controles de capital más severos. Sin embargo, los costes explícitos e implícitos asociados a estas políticas han sido demasiado elevados: ha habido una desinversión forzada de las reservas monetarias y un aumento de la aversión al riesgo debido al control más estricto en los flujos de capital. En marzo, el PBoC anunció una mayor liberalización del tipo de cambio.

 

 

 

 

 


A medio plazo, creemos que habrá más libre flotación cambiaria y desregulación financiera. A principios de año China lanzó un programa piloto encaminado a conceder más flexibilidad para la financiación offshore para las empresas locales, donde los ingresos de dicha financiación pueden ser colocados en el mercado interno. Con el tiempo, estas entradas de capital compensarían en parte las salidas de capital de las empresas locales que pagaban deudas en el extranjero. Esto en última instancia estabilizaría la cuenta corriente.

Esperamos que el PBoC restrinja gradualmente su política monetaria con el fin de frenar el auge del crédito, reducir las salidas de capital y aliviar las presiones a la baja sobre el Renmimbi. A corto plazo, esperamos que la volatilidad cambiaria y el riesgo de los bonos estén atados a la próxima decisión del PBoC.

El problema del crédito excesivo
Después de la crisis financiera, el crecimiento económico de China se ha basado en el crédito y la inversión fomentados por una política monetaria acomodaticia. Como resultado, la deuda total de China aumentó desde un 145% del PIB en 2007, a casi el 260% del PIB a finales de 2016, lo que ha aumentado el estrés en el sistema bancario nacional y disminuido la eficiencia de las inversiones. Aunque la deuda de China sigue creciendo a un ritmo acelerado (13% interanual en 2016), ahora lo hace a un ritmo decreciente. Mientras tanto, el índice de morosidad alcanzó 1,8 en 2016, frente al 1 de 2012.

El sector corporativo ha sido el mayor contribuyente a la tendencia explosiva en el mercado de crédito. La deuda corporativa alcanzó el 160% del PIB en 2016, frente al 100% del PIB en 2008. Los bancos chinos proporcionan la mayor parte de la financiación de la economía. Los créditos y préstamos de los bancos, representan el 70% del financiamiento social total (FTS). Los préstamos no bancarios representan el 16% del FTS, mientras que en los mercados de capitales, la financiación de acciones y bonos representan la parte más pequeña del FTS (14%).

 

 

 

 

 


Sin embargo, el grueso del pasivo corporativo se concentra en las empresas estatales (EE) que tienen una exposición financiera global limitada y están implícitamente respaldadas por el gobierno central. Según el FMI, la deuda pública total de China (incluida la deuda de los gobiernos locales) sigue siendo relativamente baja (60,4% del PIB en 2016), lo que sugiere que el gobierno chino tiene importantes amortiguadores fiscales para absorber pérdidas potenciales. Además, la exposición internacional de la deuda pública china es limitada, ya que la deuda externa de China sigue siendo relativamente pequeña (12,7%) en comparación con su PIB.


Exposición extranjera y riesgos de contagio
Utilizamos la participación crediticia de los bancos extranjeros sobre las contrapartes chinas (bancos, sectores público y privado) como un indicador para evaluar la exposición financiera de los inversores extranjeros al mercado crediticio chino. Según datos del BIS, la demanda de crédito extranjero procedente de China ha aumentado significativamente desde mediados de los años 2000, hasta alcanzar un máximo histórico a finales de 2014. La misma ha sido impulsada por el aumento de la financiación offshore generado por los bajísimos tipos de interés en las economías desarrolladas. Después de 2014, la demanda de crédito extranjero disminuyó bruscamente (-$ 155.000 millones) a medida que la Fed comenzó a disminuir sus programas de compra de activos, estabilizándose posteriormente en 2016. El 50% del incremento de la participación de los bancos extranjeros sobre el mercado crediticio chino durante la última década, ha sido otorgado a los bancos chinos.La otra mitad del crédito extranjero ha sido otorgada al sector privado chino no financiero.

 

 

 

 

 


A pesar de la disminución, la exposición de los bancos extranjeros a China sigue siendo significativa en términos nominales. Los créditos de los bancos extranjeros contra las contrapartes residentes en China representan un total de 658.000 millones de dólares a finales de 2016, cerca de la exposición de los bancos a Italia. Sin embargo, en términos relativos, el mercado chino de crédito en el extranjero es pequeño (6% del PIB) en comparación con otros países emergentes (14% del PIB en promedio) y economías desarrolladas (41% del PIB en promedio).

 

 

 

 

 


Entre todos los países que publican sus datos, los bancos del Reino Unido parecen ser los más expuestos al mercado crediticio chino, con un 23% del total de las participaciones extranjeras, seguido por Estados Unidos, Europa y Japón con un 13%, 12% y 10%, respectivamente.

En general, China sigue relativamente cerrada en comparación con sus pares. La tensión del mercado chino de crédito interno tiene un bajo riesgo de generar repercusiones internacionales dado el escaso volumen de pasivos chinos mantenidos por los bancos extranjeros.