Es tremendamente difícil llevar a cabo la famosa cita "Deja correr los beneficios y limita las pérdidas" debido al papel de las emociones que emergen en la propia operativa del inversor.

Partimos siempre de un análisis ya sea técnico o fundamental que nos proporciona una expectativa favorable o no de una determinada inversión. A través de este sistema adoptamos nuestra posición sobre el instrumento financiero seleccionado con la firme convicción de obtener beneficios.

Establecemos nuestra posición y en el segundo uno ya tenemos pérdidas derivadas de las propias comisiones de nuestro bróker y toca remontar!!! un repunte en nuestra inversión pasando al terreno positivo de los beneficios funciona perfectamente como efecto placebo, en cambio un aumento en la brecha en el terreno negativo de las pérdidas produce un estado de ansiedad en el que como clavo ardiendo uno se agarra a la esperanza de que "sólo sea un pequeño movimiento en contra".

Pero ahí no acaba la cosa, si el abismo al terreno negativo se hace cada vez más grande, el bombardeo psicológico es letal y los nervios afloran. Admitir el error supondría admitir que nuestro análisis previo era totalmente erróneo y que nos hemos equivocado y nos decimos a nosotros mismos: "Y si salgo de la operación y luego la cotización retoma" ese conflicto interno es una presión constante realmente difícil de solucionar.

Teniendo en cuenta que la seguridad en uno mismo es un factor clave para el desarrollo de estas actividades, reconocer cualquier fallo es un duro golpe a nuestro ego o amor propio y nos podría ocasionar un vuelco a nuestra capacidad para analizar y dudad de nosotros mismo... pero para salvarnos de mayores pérdidas futuras a veces toca cambiar nuestra manera de pensar.

El papel que figura el stop loss es clave en todo este caos, fijar nuestro nivel de riesgo en la operación es un paliativo valido para controlar un aumento sostenido de las pérdidas. No obstante en la fijación del stop también entran varias emociones contradictorias entre sí mismas... si lo ceñimos demasiado a la cotización pensaremos que el precio lo hará saltar por sus propios vaivenes, pero de darle holgura o no fijarlo puede ser el desencadenante de un escenario de minusvalías muy severas.

Al final muchos optan por engañarse a sí mismos y ofrecer aquella famosa escusa del mal perdedor "no pasa nada con las pérdidas... si en realidad voy a largo plazo..." pero como dijo Keynes: "a largo plazo todos muertos".

Ante este escenario... ¿Como afrontáis psicológicamente las pérdidas derivadas de vuestras operativas?

"Estas son las cuestiones y en vuestra mano quedan las resoluciones"