Iniciaba el año 2011 y el mercado financiero tenía su “producto vedette” que eran los metales preciosos, principalmente el oro y la plata. 

En ese entonces, ambos metales escalaban de manera continua hacia nuevos registros históricos, llevando el precio del oro hacia máximos de 1920 dólares por onza troy y llevando el precio de la plata hacia niveles tan ambiciosos de 50 dólares por onza troy.

En dicha oportunidad, el consistente avance del precio de estos metales era justificado por muchos analistas como un efecto consecuencia de la debilidad que mostraba el dólar frente a las principales monedas del mundo y la incertidumbre que se vivía en las bolsas por la crisis europea. Dicha coyuntura era una razón suficiente como para que muchos inversores actúen de manera emocional y entiendan que la mejor alternativa de inversión ó bien de cobertura se encontraba en los metales. Incluso, en dicha oportunidad, muchos bancos centrales de diferentes países tomaron la decisión de incrementar su tenencia del metal en sus reservas.

La euforia que se vivió en dicho momento fue fácilmente palpable, no sólo en el ámbito habitual del mercado sino también en sectores alejados de este ámbito. Los medios de prensa se hicieron eco del consistente avance que estaba teniendo el precio de estos metales y su difusión se propagó de manera masiva, al punto que muchos ahorristas del mundo, algo alejados de los mercados, se sumaron a la ola alcista y decidieron colocar sus ahorros en la compra de dichos commodities, incluso por medio del mercado físico.

Sin embargo, una vez más, el mercado confirmó la teoría de que le gusta “castigar consenso” y en medio de un contexto de alta euforia por el avance los metales, los precios estos commodities comenzaron a revertir su tendencia a la baja de manera consistente y es así que a la fecha, 26 meses más tarde, el oro acumula una pérdida de valor cercana al 35% y la plata acumula una caída en su cotización del 63%; caídas que en ambos casos, son superiores a las vistas en el año 2008 con la crisis sub-prime.

Este accionar es lo que despierta actualmente el alerta del mercado, tanto en aquellos que permanecen invertidos en ambos metales y no saben bien qué es lo más conveniente hacer con esa tenencia, como aquellos que se encuentran fuera del mercado y entienden que con la baja desarrollada podríamos estar en presencia de una oportunidad de inversión.

En este sentido, pasaremos a identificar los parámetros técnico, tanto del oro como de la plata, para definir los valores de posible contención a la baja y por consiguiente definir los niveles óptimos de posicionamiento, a la espera de que el precio del oro y de la plata, comiencen el proceso de recuperación.

INGRESANDO AL ANÁLISIS

En primera instancia debemos decir que la baja del oro y de la plata, es interpretada desde el punto de vista técnico como correctiva a todo el bull market desarrollado por estos mercados desde los mínimos del año 2001. Es decir, estamos asumiendo que a los máximos históricos de 1920 dólares para el oro y a los máximos de 50 dólares para la plata, se alcanzó un techo de un importante ciclo de avance que duro diez años, por dicho motivo entendemos que la baja en curso desde esas instancias representa una corrección de mediano a largo plazo.

Al tratarse de un movimiento correctivo de magnitud mayor, es razonable esperar que el mismo se desarrolle en un tiempo que guarde cierta armonía con el avance previo. Por lo comentado, al hacer cálculos promedios en ventana de tiempo de Fibonacci, que nos orienten sobre la duración correctiva, deducimos que la misma debería desarrollarse idealmente en un término de 24 a 45 meses; niveles que representan el 23.6% y el 38.2% de la duración desarrollada por el avance previo. En este sentido, dado que ya se cumplen 26 meses de baja, podemos decir que las condiciones mínimas de baja en términos de tiempo lucen completas.

A su vez, si calculamos las magnitudes correctivas desarrolladas, veremos que el oro ha recortado al mínimo de 1180 dólares por onza entre un 38.2% y un 50% del avance previo y que la plata alcanzó a los mínimos de 18.2 dólares por onza una magnitud de recorte superior al 61.8% de fibonacci del avance previo. En ambos casos, entonces, podemos considerar que las magnitudes técnicas correctivas desarrolladas también son suficientes y guardan armonía con el avance previo desarrollado.

Si a lo comentado le sumamos que en las instancias de mínimos actuales, el sentimiento bullish de estos mercados se encuentra ya realmente bajo, con niveles del 20 al 30% por parte de los profesionales (recordemos que 25% es el nivel de referencia a un mercado con cercanía de un piso) y que el capital especulativo se ha erosionado en gran parte como se aprecia en la gráfica adjunta, entonces concluimos que ambos metales podrían estar próximos de alcanzar un piso de importancia en las instancias de mínimos conseguidas, a partir de donde podría habilitarse hacia los próximos meses un importante proceso de recuperación en el precio.






Por el lado del oro, la atención debe centrarse a la zona alcanzada de 1200-1150 dólares por onza troy, mientras que en la plata la principal zona de contención está representada por los 18.3-17.8 dólares por onza troy. Es favorecido considerar, que en tanto estos valores propuestos no sean quebrado ante nuevas debilidades, un piso de importancia podría ser alcanzado para los metales y desde entonces habilitarse hacia los próximos meses una fuerte recuperación que al menos promedie el 20-25% en dólares desde las instancias actuales; ello sería hacia objetivos aproximados de 1400-1450 dólares para el oro y hacia los 22-22.5 dólares para la plata.





Veamos…

Rubén J. Ullúa, analista de mercados 
Analista Técnico de Mercados Financieros – rju@rubenjullua.com