Cuando se busca una definición, Beltrán Parages, socio fundador de AZValor reconoce que value “es el afán de buscar una acción pagando menos de lo que realmente vale. El precio es lo que pagas y el value, el valor, el que te llevas”. Y es ahí donde reside el truco de la inversión “en buscar esos activos por los que pagues menos de lo que valen”.

Un estilo de inversión que no es ni contrario ni excluyente que el que busca el puro crecimiento de las compañías.  Desde el sector, no creen que tenga sentido comparar ambos estilos de inversión más allá de la pura categorización que tenga un fondo u otro.  Una distinción entre ambos modelos de inversión que muchas veces viene de las propias políticas comerciales de las gestoras, que creen que la forma de tener “contentos” a todos los inversores es teniendo fondos de estilo growth y fondos de estilo value. Una “etiqueta” que puede llegar a limitar el propio estilo de inversión del gestor, más cuando va ligado a un benchmark. Un índice que se exige a nivel regulatorio como medida de la bondad de la gestión que se está llevando a cabo.

Value y Growth, dos eslabones de una misma cadena en la gestión

Desde Allianz Global Investors, su director Bussiness Development Jesús Ruiz de las Peñas asegura que “cuando lanzan un fondo de renta variable europea estilo growth, no nos medimos contra un benchmark growth sino que aspiramos a medirnos con un benchmark genérico y amplio al que batir con mi filosofía de inversión, mis convicciones y estilo de inversión”. Enrique Parra, responsable de desarrollo de negocio de Fidentiis Gestion no cree que la modificación del benchmark deba cambiar el universo de inversión ni que el gestor tenga que ceñirse a buscar entre las compañías que tenga el propio índice. Cada gestor tiene su universo de inversión, buscará aquellas oportunidades donde quiera hacerlo y habrá compañías más y menos conocidas donde el gestor aplique sus criterios”.

Flexibilidad, en definitiva. Pablo Martínez, responsable de relación con inversores de Amiral Gestion reconoce que todo lo que sea quitar autonomía y flexibilidad a un fondo vía folleto “es una limitación que no permitirá que las oportunidades se presenten de forma equitativa, es decir, habrá muchas dispersiones”. Desde Horos AM creen que cuanta más flexibilidad, mejor “siempre dentro del círculo de competencia y especialidad de cada uno. Y en esa flexibilidad, sería bueno que el regulador no nos obligara a categorizarnos tanto a  tener determinadas limitaciones porque el objetivo que tendríamos que tener todos en común es generar rentabilidad para los inversores”, asegura Concejo.

De izquierda a derecha: José María Concejo (Horos AM), Beltrán Parages (AZValor), Pablo Martínez (Amiral Gestion), Jesús Ruiz de las Peñas (Allianz GI), Eva Pla (Ei), Enrique Parra (Fidentiis Gestión) y Óscar Esteban (Fidelity).

Un factor, el de responder ante los inversores, que genera también genera cierta presión. “Estamos en un período de cortoplacismo extremo y esto es muy malo para las inversiones porque tú no puedes hacer que una compañía te duplique beneficios en 3 meses o un año, tienes que dejarla crecer a largo plazo”, asegura Óscar Esteban, director de ventas de Fidelity. Una situación que puede ser bueno, tal y como asegura el experto de Amiral Gestion, pues solo por tener un horizonte temporal superior al de la mayoría ya en principio te va a ir mejor. Sea value o sea growth.

Growth y value, dos caras de la misma moneda

Al final son dos caras de la misma moneda, en todo proceso de valoración de la compañía tienes que considerar el crecimiento que tiene pero “el hecho de que una compañía crezca mucho  no la categoriza de growth ni una compañía que está languideciendo es value… sino más bien todo lo contrario, los inversores value buscamos compañías que estén a un precio atractivo y que, en la medida de lo posible, crezca lo máximo posible”, advierte José María Concejo, CEO y socio de Horos AM. 

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En este punto hay que diferenciar entre la calidad del negocio y la calidad de la inversión. Porque al final “lo que importa es que la inversión esté realmente bien hecha y ver  si tiene razón de ser o no”, asegura el experto de AZValor. Pablo Martínez, responsable de relación con inversores de Amiral Gestion asegura que la esencia del value “es poner el foco en qué puede salir mal primero y, luego, una vez que has hecho el análisis y crees con una probabilidad elevada que el riesgo es bajo, empiezas a pensar en qué pasará si sale bien y si ganas”. En este punto, Martínez cree que “que la combinación de compañías que crecen un poco (por encima del PIB y de la inflación) con una ventaja competitiva garantiza que los flujos de caja, que a futuro son inciertos, tienen más opciones de que se produzcan y de que se acaben materializando”. 

La importancia está en descubrir el valor de algo que el mercado infravalora

Jesus Ruiz de las Peñas, Director Bussiness Development Allianz Global Investors asegura que “los que hacemos growth tenemos sensibilidad al precio. La base común que tenemos a la hora de seleccionar compañías es buscar empresas que, a nivel fundamental, sean negocios que perduren en el tiempo. Lo que buscas es que tu modelo sea lo suficientemente robusto como para identificar estas compañías que van a navegar en el largo plazo”.  Un factor clave, a juicio del experto de Fidelity, pues lo que buscas “son compañías que crezcan por sí mismas sin que necesiten factores exógenos para hacerlo”. Y, si el análisis lo has hecho bien, esas compañías han superado tu proceso de análisis y son rentables a lo largo del tiempo, puedes mantener tu inversión durante muchos años.

Al final, el value y el growth  están unidos por una cadena y “lo contrario del value no es el growth, es el anti-value. Nuestro reto principal es mantenernos fieles a nuestros principios sin dejarnos llevar por modas”, asegura Parages.

En el sector creen que tener una opinión fuerte implica tocar muchas realidades aunque “no tenemos que tener opinión de todo, invertir o saber de todo”, asegura Concejo que apunta que cada uno tiene “su círculo de competencia, donde lo más importante es no salir de ahí porque hay bastantes compañías como para tener una cartera suficientemente buena, idealmente concentrada en la que poder invertir y que cumple con los requisitos necesarios para tener éxito”. Beltrán Parages asegura que la línea entre el éxito y el fracaso es finísima y no depende de que estés en uno u otro sector. “Que una compañía esté dentro de un sector hace que esté expuesto a sus dinámicas pero, si el sector está en decadencia, pueden ser buenas noticias si dentro hay un ganador”, asegura este experto aludiendo al caso Amazon, en un sector en el que han muerto muchas compañías.

Más que el sector, o dividir el mundo geográficamente (algo que para muchos es un error), lo importante es creer que puedes aportar algo en el descubrimiento de una compañía. Desde AZValor ponen como ejemplo la partida de póker en la que cuando invertimos tenemos que tratar de ver si hay alguien que no sabe jugar sobre la mesa, que no es uno mismo, y sopesar la información que tiene cada uno de los participantes. “Lo normal es que centres en sectores en los que puedes aportar algo que el mercado no ha visto y sobre los que tengas una cercanía para entender su ecosistema porque el conocimiento es la principal fuente de gestión del riesgo y, la mayor fuente de riesgo, es hacer algo que no conoces bien  solo porque el resto de la gente lo hace”.

La gestión pasiva está generando una oportunidad, pero hay que ser paciente

Y hablando de gente y de tendencias, no se puede obviar el impacto que está teniendo sobre ambos tipos de gestión el crecimiento de la gestión pasiva. Según los expertos del sector estamos en el momento de mayor dispersión de valoración entre las compañías con múltiplos de valoración más altos y las que tienen múltiplos de valoración más bajos. Un diferencial que se explica porque la gente prima más negocios globales que los tradicionales y porque el flujo está entrando en gestión pasiva, especialmente al que más capitaliza. “El market cap de una compañía no corresponde a la calidad de su negocio, el tamaño no implica ni robustez ni economía, es simplemente un criterio más. Y los ETFS están manejando el dinero con ese criterio que no es válido”, aseguran en AZValor.

Al final las compañías grandes son cada vez más grandes y las pequeñas cada vez tienen un menor tamaño. “Esto está generando una oportunidad aunque exige ser paciente a la hora de invertir a medio plazo porque no sabemos si ese diferencial se acabará ajustando en 3 meses o en 3 años”, explica Concejo.

Más allá del tipo de gestión que se elija, el experto de Horos AM cree que es importante tener tres criterios a la hora de seleccionar fondos que más se adecúen a nuestras necesidades: el sentido común, asegurarse de que los gestores tienen el dinero donde lo quieres meter tú de forma que haya un auténtico alineamiento de intereses y, por último, el largo plazo. Este, aunque el último, no es el menos importante. “Hay que mejorar el horizonte temporal de los inversores y dar a los gestores el tiempo que necesiten para que, dentro de ese círculo de competencia, muestre lo mejor de sus fondos”.

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