Durante este año no ha pasado apenas un mes en el que alguna multinacional no haya sido pirateada por hackers. Ninguno de ellos ha sido todavía identificado, acusado o detenido.


"No tengo mucha confianza en que sean llevados ante la justicia", ha declarado Peter George, director ejecutivo de Fidelis Security, una consultoría de protección de datos cuyos clientes son IBM, el ejército de EEUU y el Departamento de Comercio. “El gobierno está haciendo lo que puede, pero tiene que hacer mucho más” ha añadido.

En EEUU, el FBI, el servicio secreto y otras agencias federales se enfrentan a lo que equivale a una ola de crimen masivo muy organizado y difícil de combatir con los métodos tradicionales, según informa Bloomberg. Las organizaciones de hackers están bien financiadas y están eludiendo las detenciones, excepto en los casos más raros.

Los ataques vienen de grupos de crimen organizado procedentes de Europa del Este y Rusia, de los espías industriales de China y de grupos como LulzSec, cuyos miembros parecen vivir principalmente en los EEUU y Europa, y parecen estar más interesados en la publicidad que en obtener un beneficio con sus crímenes.

LulzSec se atribuyó el mérito de la intrusión en los ordenadores de Nintendo en Kyoto el 5 de junio. La semana pasada fue Google el que reveló una intrusión procedente de China en sus cuentas de Estados Unidos de oficiales del gobierno, personal militar y varios periodistas. Días antes, Lockheed Martin afirmó que su red había sido penetrada por un intruso desconocido.

LulzSec dijo el 3 de junio que también habían atacado InfraGard, una organización de empresas de intercambio de información que está afiliado con el FBI para frustrar ciber ataques.

“Estamos ante un crimen muy innovador y la innovación tiene que ser la respuesta” ha explicado Gordon Snow, asistente del director de la división cibernética del FBI. “Con dinero, tiempo y recursos suficientes, un adversario será capaz de acceder a cualquier sistema. Las empresas tienen que entenderlo”.