Estas últimas semanas han sido especialmente volátiles. Después de concentrarse en las publicaciones de resultados de las empresas, el mercado vuelve a afrontar a su viejo demonio: los temores de explosión de la zona euro.
La petición de ayuda del gobierno valenciano ha sido lo que ha prendido la mecha, disparando el tipo de las obligaciones de Estado españolas por encima del listón del 7,5%, y dando pábulo a la amenaza de un rescate global de España. A esto se suma un rebrote de la tensión relativa a Grecia, pues los mercados temen que los inspectores de la troika (BCE, FMI y UE) encargados de llevar a cabo una nueva auditoría en Atenas decidan desenchufar la manguera de alimentación.

Efectivamente, al afirmar el BCE que se mantenía dispuesto a hacer todo lo necesario para preservar el Euro, emitió una señal fuerte a los mercados. El retorno de las esperanzas de intervención de los bancos centrales permitió enjugar en unas pocas sesiones la debilidad del mercado a principios de julio. Después de posicionarse en los sectores más defensivos desde hace más de un trimestre, los operadores tuvieron la tentación de volver a incluir riesgo en sus carteras, para beneficiarse de una posible intervención del BCE. Así es como hemos podido observar un rebote de los sectores bancarios (paralelo a la bajada de tipos de la deuda de los países periféricos de la zona Euro) y de los títulos con alto beta, como los valores mineros y del sector del automóvil, que han recuperado parte del terreno perdido desde abril. Los valores de consumo han disfrutado de unos resultados muy buenos tanto en el segmento de las bebidas (Rémy Cointreau, SAB Miller) como en el alimentario y de cuidados personales (Unilever).

Sin embargo, tras las decisiones adoptadas el 2 de agosto donde se pusieron trabas a la intervención instando a los países con problemas a recurrir primero a los fondos de financiación europeos ,la pregunta es ¿Se puede seguir funcionando en una Europa a dos velocidades? Mientras algunos Estados disfrutan de tipos de empréstito negativos a 2 años, otros se asfixian atrapados en la pinza formada por un programa de austeridad y un altísimo coste de la deuda. Consideramos prácticamente ineludible un reequilibrio, pero ¿supondrá pasar por un mayor federalismo? Las miradas también se volverán hacia la otra orilla del Atlántico, a medida que se acerquen las próximas elecciones. El aumento del riesgo sistémico, vistas las tribulaciones europeas así como los datos económicos poco reconfortantes en Estados Unidos, podría incitar al responsable de la Fed a pulsar por fin el botón y lanzar un nuevo programa de flexibilización cuantitativa.