Comenzamos a medio gas esta semana en la que será interesante ver qué pesa más en la balanza, si la evidencia de mejora en la economía estadounidense o las dificultades de la Eurozona, que el viernes sufrió la rebaja en masa de la calificación de varios Estados.

Aunque la noticia de la revisión a la baja por parte de S&P no solamente es algo que el mercado esperaba sino que ha tratado con relativa benevolencia a la deuda soberana europea (con los criterios de
2007 en la mano, hoy Estados Unidos, Reino Unido y Francia tendrían una calificación A, mientras que Alemania sería AA) y la inyección de liquidez del BCE parece estar logrando la estabilización del mercado de deuda periférica podemos esperar que tras la primera reacción negativa y un alto en el camino, una vez superada la festividad del lunes en Estados Unidos y recuperados los volúmenes normales de negociación, se pueda retomar el sesgo alcista de fondo en el mercado, con la atención puesta en un número importante de compañías que presentan sus resultados estos días (Citigroup, Wells Fargo, Goldman Sachs, American Express, IBM, Intel, Google, Bank of America, Microsoft, Morgan Stanley, General Electric...).

Fuera de Europa, pero en parte como consecuencia de su crisis de deuda, parece claro que la economía está en su momento más frágil desde 2008, tema que centrará la reunión de dos días del G20 que comienza el jueves en Mexico, y la reunión el miércoles del banco central de Brasil, que podría realizar la cuarta bajada consecutiva de tipos.

En España llega el momento de la reforma laboral, factor crítico para la mejora de la competitividad. En este sentido flexibilizar la negociación colectiva y establecer la prelación del convenio-empresa, ligar los salarios no a la inflación sino a la mejora de la productividad, promover la movilidad laboral y acabar con la dualidad de dos mercados son algunos de los puntos que claramente deberían ponerse sobre la mesa.