Los últimos resultados presentados por Banco de Valencia arrojaron cifras positivas, por lo que los directivos de la entidad podrían enfrentarse a sanciones si el agujero financiero es mayor del esperado.

El Banco de Valencia presentó sus últimos resultados en julio, correspondientes al primer semestre del año, y en los cuales declaró un beneficio de 16,74 millones, un 64,2% inferiores a los del mismo período del año pasado. Entonces las dotaciones sobre los activos inmobiliarios se comían casi todo el beneficio a pesar de ser todavía muy bajas.

Ahora el consejo de administración del Banco de Valencia y especialmente su anterior consejero delegado Domingo Parra, destituido el 7 de octubre, se enfrentan a posibles sanciones si la auditoría del Frob arroja unas pérdidas de la magnitud que se adivina con los 3.000 millones de euros inyectados este lunes.

En concreto, la entidad intervenida por el Banco de España, recibirá una inyección de 1.000 millones para cubrir su desfase de capital y, posteriormente un crédito de otros 2.000 millones para garantizar su liquidez.

José Luis Olivas dimitió de la presidencia del Banco de Valencia antes de que se hiciera público el agujero.

La situación es muy parecida a la de la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM), intervenida a finales de julio. La caja presentó unos beneficios de 39,8 millones a 31 de marzo pero el Frob, una vez intervenida, situó las pérdidas a 30 de junio en 1.136 millones. La directora general, María Dolores Amorós, fue despedida acusada de falsear las cuentas.