Desconozco si los medios están llevando a cabo una campaña para 'forzar' a España a que pida el rescate, pero lo cierto es que hay días -como el de ayer- en los que la avalancha de noticias desde gestores y salmones estadounidenses y británicos es más que evidente, sino redundante. La cuestión es simple: cuando existe una burbuja sólo hace falta una ligera presión para que estalle. De las tres conocidas, cada una de ellas ha sido consecuencia directa de la anterior con lo que -en base a supuestos- ¿estamos ante la cuarta burbuja, en este caso, de deuda? 

10 de marzo del 2000. Estalla la burbuja de las 'punto.com'. Sintetizando en exceso la historia, el mercado comenzó a inflarse a comienzos del año 2008 en vista a que sacar cualquier compañía a bolsa, con el condicionamiento que ello supone, salía demasiado rentable. La vida de las empresas fue breve y catastrófica, con deudas imposibles de pagar y estrepitosos fracasos entre los que se cuentan con especial incidencia los de Pets.com, eToys.com, Boo.com y en el caso español, el caso paradigmático de Terra. 

El Nasdaq 100 vivió sus mejores años y, a posteriori, sus peores. Subió hasta la cima de los 5.132 puntos y se desplomó hasta una caída sin fin con una pérdida del 78% del valor para caer hasta los 1.114 puntos en octubre de 2002. Detrás se encontraban compras por millones de dólares para compañías sin valor palpable y aún en visas de desarrollo. Pero, ¿se aprendió la lección? El ejemplo más reciente es Facebook. Su salto al Nasdaq este mismo año levantó una alfombra de vergüenzas en Estados Unidos donde los analistas se echaban las manos a la cabeza al ver la sobrevaloración a la que salen compañías como la de Marck Zuckerberg que carecen, como sucedía entonces, de una cadena productiva capaz de sustentar las expectativas de los inversores. A ella se suma la compañía de juegos y principal fuente de ingresos de la red social, Zynga, Yahoo y un sin fin de empresas que dicen ser diferentes a sus predecesoras. La realidad es que Facebook ha perdido la mitad de su valor desde su llegada a la bolsa neoyorquina el pasado 18 de mayo.

Burbuja inmobiliria. ¿Nos lo van a contar a nosotros, los españoles? Aquí llegó tarde y sus consecuencias aún están por depurar en medio del caos. Corría el año 2008 cuando al Gobierno del por entonces presidente, Bill Clinton, se le ocurrió la genialidad de favorecer la concesión de créditos para un mercado inmobiliario que renqueaba. La sombra planea todavía hoy sobre el mismísimo Premio Nobel de Economía, Paul Krugman, -atrevido aleccionador de Europa- que se rumorea recomendó en uno de los comités del FOMC a la FED que “alimentase” la burbuja inmobiliaria, bajo mandato de Alan Greenspan, para “salir de la crisis que había generado el estallido de las punto.com”. Remedio para enfermos y no más que “una broma” para Krugman.

Los dos grandes protagonistas de la burbuja inmobiliria fueron Fannie Mae y Freddie Mac, grandes 'proveedoras' de las ilusiones de la clase media estadounidense. La consecuencia directa fue una crisis de confianza, se cerró el mercado interbancario puesto que las entidades no se fiaban lo suficiente las unas de las otras como para prestarse dinero entre ellas básicamente porque tampoco confíaban en su propia capacidad de recuperar los créditos de las denominadas 'subprime'.

La beneficiencia de estos dos grandes gigantes financieros terminó en los tribunales bajo la acusación del propio Ejecutivo estadounidense, pero no se crean que han desparecido. Su firme sucesor se llama FHA, Federal Housing Authority. Se trata de un mecanismo público surgido en 1934 y reinventado a partir del año 2007 que trata de favorecer la concesión de créditos a las familias con dificultades y cuyo aval -claro está- es el Estado. En este momento, estos FHA se conceden a través de entidades de crédito privadas respaldadas siempre por el Gobierno estadounidense a mejores condiciones que una entidad privada y que son el germen, según algunos analistas estadounidenses, de los nuevos préstamos 'basura'.

El 2 de marzo de 2009 el Dow Jones se desplomó hasta los 6.626 puntos. Detrás estaba la burbuja financiera y como gran protagonista Lehman Brothers. El origen obviamente se encontraba en la crisis del ladrillo y se acuñó aquello del 'too big to fail'. ¿Por qué si Henry Paulson, secretario del Tesoro estadounidense, no decidió rescatar a Lehman Brothers después de haberlo hecho con Bear Stearns, Merrill Lynch, Fanny y Freddie además de otras entidades financieras? “Fue un error”, reconoció el mismísimo George W. Bush tras conocer las consecuencias.

La caída de Lehman Brothers se llevó por delante el 2,6% del PIB estadounidense en 2008; contagio que llegó hasta Alemania, resto de Europa incluido y a España llegó algo más tarde y ya ven en qué situación nos encontramos ahora. Resumiendo infinitamente la crisis financiera, ésta destapó el juego diabólico que suponen los productos derivados, combinados entonces con hipotecas subprime y la necesidad de extender estos productos por el mundo. En este momento, y a pesar de todo, siete grandes entidades controlan la economía mundial a través del mercado de futuros y son ellas las que han dejado a los gobiernos de turno como meras marionetas del sistema financiero.

La mancha salpica incluso a las agencias de calificación puesto que el Gobierno estadounidense podría llevar a los tribunales a S&P por las fraudulentas -y hartamente erróneas- calificaciones que hizo en su momento de las entidades financieras.

Y con este clima, llegamos a la situación actual: la burbuja de la deuda. El Fondo Monetario Internacional alertaba la semana pasada que la prima de riesgo española podría escalar hasta los 750 puntos básicos en caso de que España sea incapaz de solicitar con premura un rescate, pese a que todo apunta a lo contrario. Merrill Lynch apuntaba este martes a que el 78% de los inversores están convencidos de que nuestro país acudirá en busca de ayuda a Europa y, por su parte, el diario The New York Times aseguraba que “demorar el rescate es una estrategia de alto riesgo” para nuestras finanzas. Y suma y sigue...

“El Banco Central Europeo está colaborando en una gigantesca burbuja financiera”, sentenciaba el jueves el Frankfurter Allgemeine Zeitung. La cuestión es que, con el beneplácito o no de Alemania, España se enfrenta al pago de una deuda pública casi imposible de asumir. En los últimos cuatro años, la deuda nacional se ha incrementado en 400.000 millones de euros, la del sistema financiero supera los 900.000 millones respecto a los estados y respecto al propio sistema interbancario. El origen se encuentra en las deudas que debieron asumir los gobiernos para financiar a entidades en quiebra que, a su vez, ahora asumen la deuda de sus estados. España es el principal tenedor de deuda de Portugal, Alemania y Francia lo son de Grecia y Estados Unidos de sí mismo con máquina de papel incluida. No hay salida.

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