El consejo de administración de La Seda de Barcelona aprobó las bases de un plan de reestructuración que está llamado a ser la solución para sortear la difícil situación financiera y falta de liquidez que atraviesa la química catalana y que llevó a su presidente, Rafael Español, a dimitir a principios de junio ante el descontento manifiesto de algunos consejeros.
Por unanimidad, el consejo acordó proponer a la junta general de accionistas la emisión de una ampliación de capital por un importe de 150 millones destinada a fortalecer el capital y, en paralelo, dio luz verde a un plan de venta de activos no estratégicos a medio plazo por un valor que oscila entre los 250 millones y los 350 millones de euros.

En un comunicado, la empresa, que ahora preside José Luis Morlanes, también avanzó que está estudiando la posibilidad de proponer a las entidades financieras con la que está renegociando su deuda financiera la posibilidad de convertir parte del importe en capital.

Sobre estas negociaciones, la química aseguró que las entidades le han dado su consentimiento para conseguir nueva financiación y las que forman parte de crédito sindicado han dado el visto bueno a un 'stand still' de sesenta días para dar tiempo al grupo a aprobar un nuevo plan estratégico adaptado a su situación actual.

De momento, y para aliviar la situación, la Seda suscribió con Caixa Geral, uno de sus accionistas de referencia, y Millenium BCP un préstamo de 25 millones de euros, ampliable a 40 millones por otras entidades, para restablecer la operativa industrial del grupo.

En este sentido, la compañía informó que a partir del próximo lunes 29 de junio se reiniciará la producción en la planta de El Prat de Llobregat (Barcelona), con una capacidad de 100.000 toneladas de PET que se incrementará gradualmente hasta alcanzar el 100% de su capacidad instalada (170.000 toneladas).

EL SÍ A LAS CUENTAS

La reunión de hoy el consejo, que se prolongó durante todo el día, tenía especial interés, ya que se esperaba que todos los consejeros aprobaran las cuentas del ejercicio de 2008 después de la división que evidenciaron hace unas semanas y que llevó a la Comisión Nacional de Valores (CNMV) a suspender la cotización de la empresa.

El consejo de administración rubricó finalmente las cifras, tras una formulación de las cuentas a base de criterios de "máxima prudencia", aseguró la química.

Auditados por Horwath Auditores, las pérdidas de la química se elevaron a 565 millones en 2008, frente a los 368 millones que habían remitido en la última documentación a la CNMV, y arrojan una deuda financiera de 868 millones, frente a un patrimonio neto de 475 millones y un fondo negativo de 649 millones (542 son consecuencia de la clasificación a corto plazo de deudas a largo plazo del crédito sindicado).

En el comunicado, la compañía quiso resaltar que, tras la reunión de hoy, en el consejo reina la unidad y el compromiso para afrontar los retos de futuro para asegurar su posición en el mercado de PET y de preformas.