Iberdrola Renovables es la compañía número 10 que llega al parqué en un año plagado de estrenos, pero no está claro que su andadura bursátil vaya a ser de “10”. Y para muestra, la decepción de su debut. Pese al boato que se esperaba en el estreno, a la abultada demanda, a la moda por la energía verde y a las numerosas recomendaciones, los expertos afirman que no todos los vientos soplan a su favor. Su principal peligro es el riesgo regulatorio, aunque no el único. Sin embargo, sus ventajas también son muchas, no en vano es líder en un sector con gran potencial de crecimiento. De momento, en su estreno defraudó. Sus molinos giran sin parar, pero no consiguen generar revalorización para la compañía. Sus acciones perdieron al cierre de ayer un 2,83% hasta los 5,15 euros, aunque llegaron a ceder más de un 5 por ciento y en esta su segunda jornada en el parqué intenta recuperar lo perdido. Renovables sube un 0,78% hasta los 5,19 euros.
Era la salida a bolsa más esperada y ya está en el mercado, aunque no ha llegado como se esperaba. La más esperada y la más grande. A través de una ampliación de capital (OPS) Iberdrola Renovables ha sacado al parqué un 20 por ciento de su capital, en una operación que supera a colocaciones como la de Criteria este mismo año o la de Inditex en 2001. Con presencia en 19 países, Iberdrola ha conseguido hacer de su filial de energías renovables la primera del mundo en energía eólica –con una capacidad instalada de 7.342 megavatios- y los expertos comentan que con sus cifras, no tardará mucho en entrar en el “club más selecto de la bolsa española”, en el Ibex 35. Los 5,3 euros de su colocación suponían una capitalización bursátil de 22.388 millones de euros. Molinos, pero también gigantes El tamaño y la capacidad de Iberdrola Renovables es incontestable y también una de sus principales bazas. Se desmarca con claridad de la estadounidense Florida Power en capacidad instalada y en cartera de proyectos y esto hace de la española una empresa sólida, estable y con un beneficio actual por encima del de sus competidoras. Ser líder le otorga grandes beneficios, sobre todo ahora que está en el escaparate de la bolsa y muchos fondos están ávidos de tomar posiciones en compañías con este tipo de negocio. Pero Ofelia Marín-Lozano, jefa de análisis de Banca March, destaca más factores positivos. El primero es la constatación de un hecho: “hay una demanda social muy grande por este tipo de compañías, en medio de una obligación de reducir los derechos de emisión de C02, en medio de la dependencia creciente de países árabes en cuanto a los combustibles fósiles y en medio de un precio del crudo cercano a los 100 dólares”, señala. Además, España se ha decantado por primar mucho la energía eólica, y según Marín-Lozano, eso es “algo que no parece que cambie de un día para otro”. El segundo es la extensión a la bolsa de ese hecho: hay una demanda fuerte por este sector a nivel bursátil -algo que se ha visto en la sobre-suscripción que ha habido en todos los tramos de la OPS, aunque menos en el institucional-. Una demanda que se explica porque el sector está poco representado y porque la mayoría de las compañías que sí cotizan son pequeñas y están poco consolidadas. A juicio de la jefa de análisis de Banca March “tampoco parece que esta demanda vaya a desaparecer porque hay vehículos pendientes de invertir en este tipo de empresas y lo que les faltaba eran acciones en las que poder hacerlo”. Además Celine Giffard, analista de Seltrade, añade otro factor positivo, el que tiene que ver con la diversificación geográfica de Iberdrola Renovables. Eso sin olvidar la seguridad que le otorga a una compañía el hecho de que la venta del Kilovatio esté asegurada. La moda también cuenta Dicen los expertos que el mercado es soberano y a menudo caprichoso. Destacan que no conviene ir en su contra. Pero, en el caso de Iberdrola Renovables, nadie duda de que el “sentimiento del mercado es alcista”, asegura Javier Barrio, responsable de ventas institucionales de BPI. Eso, a pesar de las ventas con las que ha llegado al parqué. Mientras, Gonzalo Cantarela, director de GC Gestión Privada, insiste en el “factor moda” de una energía –la eólica- que es la más barata de las renovables, para añadir que “el grupo es bueno” y que le gusta “el hecho de que vaya a destinar parte de sus beneficios al pago de dividendo”, entre el 20 y el 25 por ciento del beneficio neto. Cantarela cree que puede ser una buena opción de inversión, pero que “sale cara”. Y en este punto coinciden gran parte de los analistas. Giffard destaca que “su valoración está un poco ajustada, aunque se encuentra en un sector sobrevalorado por las expectativas de crecimiento”. Para Nicolás López, director de análisis de MG Valores, el problema también es el precio, pero se muestra convencido de que “dado que el mercado tiene interés en el sector, el valor puede ser una inversión con una rentabilidad razonable el año que viene”. Un interés que, sin embargo, podría volverse en contra de la compañía. Por eso, los responsables de Iberdrola no han tardado en ponerse la venda por si llega la herida. Ya han salido al paso de los malos augurios propagados por quienes buscan similitudes entre la “fiebre” actual por las renovables y la vivida en 2000 por las punto.com. Ignacio Sánchez Galán, presidente de la eléctrica, ha sido contundente al señalar que esto ni es una burbuja ni es aire. Riesgos Además de los aspectos negativos vinculados al precio, los analistas apuntan como “pero” la posibilidad de que aumente el coste de componentes como las turbinas y también ven un hándicap en la competencia que le podría suponer a Iberdrola Renovables la energía nuclear, más eficiente. Sin embargo, no todo lo negativo se queda en eso. Otro de sus problemas es la parte de Iberdrola Renovables que tiene que ver con su valoración futura -dependiente de proyectos- que, hoy por hoy, no son una realidad. Y aquí entran en escena la regulación y sus posibles cambios. Ofelia Marín-Lozano destaca que más o menos la mitad de la valoración de Iberdrola Renovables “procede de lo que tiene ahora y la otra mitad de lo que será el futuro, de lo que son los proyectos a instalar”. Esto hace a la empresa muy dependiente de la regulación y muy sensible a posibles subidas de tipos a largo plazo, aunque éste último es un “riesgo común”. La clave, a todas luces, va a estar por tanto en la regulación. De momento no se vislumbran cambios en la política de apoyo al negocio de Iberdrola Renovables, pero no es algo que pueda descartarse. De hecho, en EE.UU, el sector está pendiente de que se extienda por otros 4 años (hasta 2010) la prima eólica y una demora o una reducción de plazos podría causar mucha incertidumbre. En definitiva, si apuesta por la compañía no deje de vigilar cualquier atisbo de cambio en la regulación. Y debe tener muy claro también quiénes participan en la colocación: varias cajas de ahorros que toman parte son accionistas de la matriz, entidades como Morgan Stanley o Credit Suisse son accionistas de la filial griega de Iberdrola (Rokas), mientras que JP Morgan o Merrill Lynch actúan de contrapartida en contratos de compraventa de gas y electricidad con la filial estadounidense de Iberdrola Renovables. Pero al margen de posibles intereses cruzados, la compañía debe demostrar por sí sola que es capaz de aumentar su cartera de parques eólicos y debe cumplir con sus objetivos de megavatios instalados. ¿Por qué no la matriz?