El verano bursátil, particularmente desastroso, no ha tardado en borrar la relativa serenidad de los emisores de pronósticos económicos durante el primer semestre.
Tras dos meses de bajadas, una pregunta acude a todas las bocas: ¿qué “probabilidad” hay de que se produzca una recesión? ¿Una de cada tres, una de cada dos? Como decía un veraneante de rostro pálido, “Ahora son los financieros los que dirigen el mundo” y cabe preguntarse “entonces ¿quién dirige a los financieros? ». Es inútil darse la vuelta para buscar la respuesta, los financieros o mejor dicho, los mercados “se dirigen” solitos y practican la autopredicción.

Una gran casa anglosajona cifraba recientemente el efecto negativo en el PIB de la bajada de los mercados de acciones: el 15% que ha perdido el Standard & Poor’s desde mediados de julio costaría 0,7 puntos al crecimiento americano. Imperturbablemente, el estratega publica una revisión del crecimiento a la baja que no tarda, a su vez, en provocar una bajada suplementaria en los mercados de acciones: la espiral se pone en marcha. No es un caso nuevo, pero no queda más remedio que reconocer que el proceso se ha embalado recientemente.

A principios de julio, el diario Le Monde inicia una historia de ficción económica en sus columnas. En el mismo momento, aumenta la presión sobre las deudas europeas y la ficción empieza a parecerse a un banal artículo de un periódico financiero. Uno de los episodios habla de las dificultades que tiene la Société Générale para refinanciarse… Ya conocen lo que sigue: pocos días después, un periódico inglés, que había retomado demasiado rápido la noticia, provoca una loca sesión bursátil en la que el título del banco pierde un 20%. Los periodistas ingleses admiten su culpa (además de defenderse de haber leído la noticia en un simple folletín de verano) peor ya no importa, el daño está hecho, la refinanciación de los bancos franceses se convierte en el tema de la semana…

¡La autopredicción ha vuelto a actuar!

Los optimistas dirán que los “financieros borregos”, por muy numerosos que sean, pueden cambiar rápido de dirección y la recesión tan anunciada quedará en una mera ralentización. Los pesimistas, por su parte, dirán que lo propio de las profecías auto realizadoras es precisamente hacerse reales. Pero ambos estarán de acuerdo en un punto: la debilidad de la autoridad tiene su parte de responsabilidad en el nacimiento de estos comportamientos irracionales. Las tergiversaciones entre Republicanos y Demócratas o la cacofonía de los discursos europeos de principios de verano: ¡un terreno favorable para todos los miedos! Un buen aumento del desorden financiero, de la “entropía bursátil” como podrían decir los físicos.

Sobre este tema de la entropía, la ciencia tiene una respuesta definitiva: si ésta puede aumentar sin esfuerzo, hace falta mucha energía para hacerla disminuir. En el caso presente, también se necesitarán muchos esfuerzos financieros, y las primeras medidas anunciadas para reducir los déficits europeos sólo constituyen un inicio. Por lo menos, esta crisis habrá tenido una virtud: posibilitar unos ajustes presupuestarios que eran necesarios ya hace tiempo.

Por eso ¡apuntémonos al equipo de los optimistas! Y citemos una vez más las memorias de de Jean Monnet*: « Las personas sólo aceptan el cambio ante la necesidad, y sólo ven la necesidad ante la crisis». A día de hoy, la necesidad está identificada y empieza a ser tratada. El remedio es amargo, pero ya se percibe la curación.

Didier Le Menestrel, presidente de Financiere de L´Echiquier en colaboración con Marc Craquelin