No podemos negar que la economía mundial en su conjunto ha sido golpeada por la crisis en la vieja Europa. La preocupación por la desaceleración económica y la sostenibilidad de la deuda soberana continúan avivando las tensiones en los mercados. El tímido progreso europeo no ha podido compensar las perspectivas del bajo crecimiento derivado de las medidas de austeridad previstas para reducir los niveles de deuda nacionales.

En cuanto a los países emergentes, en general rebotaron durante la crisis gracias al fuerte crecimiento de los préstamos y a las políticas monetarias flexibles importadas de EEUU para estabilizar las divisas frente el dólar americano. La zona emergente como resultado ha heredado un triple desafío: apalancamiento, inflación y burbujas inmobiliarias. Tal y como sucedió en EEUU desde el año 2000 en adelante, parte del boom de crédito era totalmente irrazonable. China, por ejemplo, ha sido testigo del desarrollo de una banca opaca que se aprovechó de los promotores inmobiliarios quienes se encuentran ahora en dificultades. En Brasil, la tasa de morosidad en créditos al consumo prohibitivamente caros ha aumentando de forma considerable. A corto plazo, esto significa que los activos de los países emergentes no están actuando como el activo refugio que estaban destinados a ser. Sin embargo, a medio plazo las economías emergentes tienen todavía perspectivas económicas más brillantes y su momento llegará cuando valga la pena comprar en estos mercados otra vez.

En el peor de los casos, que Europa caiga en una recesión y se de un estancamiento en EEUU, lo más probable es que los países emergentes no sólo encuentren difícil ir al recate de las economías desarrolladas, sino que podrán ser victimas ellos mismos de las consecuencias resultantes de la recesión. La historia económica muestra que una combinación de burbujas, inflación y desaceleración económica debería animar a los inversores a ser precavidos. Japón a principios de los 90 y la crisis subprime son buenos ejemplos de ello. No cabe duda de que el ambiente actual es claramente poco favorable para los activos de riesgo. La caída del mercado desde principios de 2011 ha contribuido a enfatizar esto en parte. Pero también han contribuido una gran cantidad de malas noticias anticipadas. Este consenso híper negativo proporciona potencialmente un suelo fértil para el tipo de rebote que los gestores de fondos que estén alertas pueden explotar útilmente. Desde el punto de vista más fundamental, se pueden destacar dos opciones de inversión que pueden resultar interesantes: el dólar de EE.UU., ya que una gran cantidad de deuda es en dólares y los reembolsos ayudarán a una subida del dólar y los bonos australianos con la divisa cubierta. Australia es uno de los pocos países con calificación AAA, con atractivos rendimientos del 4,2% en sus bonos a 10 años.