Los números, auditorias, pruebas de estrés, son documentos “maleables“. Se prestan a interpretaciones y, como en las encuestas, cada uno les da el sentido que más le conviene.
Recientemente el número dos (forma en la cuál se denomina ahora a los Consejeros Delegados) del Banco de Santander - recordemos que es persona declarada culpable por el TS- ha lanzado una campaña mediática dirigida a todos aquellos clientes del banco que tienen una hipoteca y que, por diversas circunstancias, se han quedado en el paro o sus ingresos han bajado de una manera considerable ( más del 25%). Algo que les ha provocado problemas de pago en sus economías familiares. Pues bien, lo que se proporciona a todas estas personas-clientes es la posibilidad de aplazar las amortizaciones de sus préstamos hipotecarios durante tres años, pagando únicamente los intereses durante ese período. Como seguro ya conocen, la cuota de un préstamo con garantía personal o hipotecaria se compone de intereses y amortización de capital. Pues bien, esta última parte se aplaza durante tres años acumulándose o redistribuyéndose entre el resto de plazos de pago que quedaban hasta su vencimiento.

¿Qué ventajas tiene para el cliente esta forma de proceder? Las ventajas son que dentro del plazo de la operación hipotecaria se realiza una novación, aplazando la parte a amortizar en tres años (redistribuyendo y aumentando las cuotas a partir de esa fecha), lo que comporta que después de ese plazo la amortización y la consiguiente cuota será más elevada al concentrar en menos tiempo el pago. Pero durante esos tres años la cuota a pagar se reduce y se pagan únicamente intereses, lo que se puede considerar un salvavidas para la actual situación.

Ahora bien, hay que examinar bien los gastos porque la entidad cobra una comisión de modificación que hay que pagar y al mismo tiempo los gastos de notaría y registro. Eso es lo que hay que negociar. Se debería pasar este montante a la última cuota o repartirlo en la fase de amortización pendiente porque de lo contrario, el cliente se encuentra con unos gastos inesperados que compensará en varios meses y la efectividad de esta operación, no la notará de inmediato, que es lo que necesita.

Hay que tener en cuenta que la amortización se concentra en menos tiempo, con lo cual las cuotas a posteriori serán más altas y el problema puede venir después de esos tres años.

La principal ventaja es para el banco y explicamos por qué: la entidad ha sufrido dos reveses recientes por la anulación de la salida a bolsa de sus participadas en Brasil y Gran Bretaña - salidas con las cuales esperaba recaudar más de 5.000 millones de euros -. La situación del mercado bursátil y la saturación del mismo han hecho que estas salidas no se produjeran. Por otra parte,  la morosidad de las inversiones en hipotecas en el segmento particulares es muy elevada y roza extremos preocupantes lo que hace que las operaciones entren en mora cada vez en mayor medida.

El planteamiento de esta situación suponía, de no actuar, una difícil papeleta para la entidad - necesitada, como todas, de fondos- al tener que dotar esta entrada en mora por las operaciones impagadas en poco tiempo y de una manera total se ha visto obligado actuar de esta manera.

Con esta campaña mata dos pájaros de un tiro: al cliente le aplazas la deuda sin dejar de cobrar intereses, le cobramos una comisión más, mantenemos la inversión sin hacer ninguna dotación por mora, aparecemos en la opinión pública como los benefactores de su clientela y al mismo tiempo, con las comisiones cobradas, incrementamos nuestra cuenta de resultados en mayor medida. La operación es redonda.

La situación para el Santander y para el resto de las entidades es difícil y complicada. En estos días estamos viendo la situación de la CAM, intervenida por el Banco de España y con una serie de anomalías contables que la auditoria no ve, o la connivencia con la entidad hace que hagan la vista gorda. Como hemos comentado al principio, todo es maleable a conveniencia.

La legislación en materia mercantil debería de ser más restrictiva y penalizadora. Los gestores, auditoras y demás intervinientes deberían saber que no se puede engañar ni tergiversar los datos para que parezcan lo que no son, porque al final siempre pagamos los mismos. No se pueden socializar las perdidas y privatizar los beneficios.

No puede ser que el Consejero Delegado de la entidad esté condenado por amañar pruebas- además de gozar de un crédito indiscutible- y seguramente ser liberado de la condena por el alto tribunal. Esta campaña es una buena acción para los clientes, siempre que no les carguen mas comisiones y no les supongan más gastos, pero es INFINITAMENTE mejor para la entidad falta de recursos.


RAFAEL MONTAVA MOLINA
Consultor de empresas
rafaelmontava@hotmail.com