Sin lugar a dudas, la evolución próxima de los mercados de renta variable para la segunda mitad del año estará dirigida por la importancia de los miedos de los inversores, especialmente en tres áreas.
En primer lugar, el crecimiento económico y empleo. Pensamos que los indicadores más importantes que están reflejando una caída en el crecimiento económico están sobrevalorados. De hecho, históricamente ya experimentamos esta misma situación en 1998 y 2004 cuando los indicadores más significativos decrecieron, mientras que la desaceleración en el crecimiento económico nunca se produjo. Además, estos indicadores están por encima de 50, lo que significa que la economía está todavía en un ciclo de expansión. También hay que recordar que la situación económica en los últimos meses se ha visto dañada por algunas situaciones excepcionales que deberían no repetirse: el terremoto en Japón y su impacto en el crecimiento económico japonés, un abultado repunte en el precio de las commodities y su impacto en el poder adquisitivo. Respecto al desempleo, la situación en Estados Unidos parece ser más favorable debido a la recuperación del gasto corporativo gracias a las mejoras en su rentabilidad (a su nivel más alto históricamente).

En segunda instancia otro aspecto que tampoco debe perderse de vista es el sector inmobiliario estadounidense. Este sector ha estado afectado por una caída en la construcción, los precios y los volúmenes. Sin embargo, la reciente bajada de los tipos de interés, junto con un incremento en los ingresos de los hogares norteamericanos y una caída de los precios inmobiliarios, ha ampliado considerablemente la capacidad de compra. En este momento, la existencia de unos stocks muy elevados y una ausencia de confianza no han permitido una mejora del mercado inmobiliario, pero esperamos que esta se produzca.

Finalmente, debemos prestar atención a la crisis de la deuda periférica. Los países europeos no tendrán otra opción que incrementar la solidaridad para evitar una quiebra en la zona euro. Pensamos que se pondrá en marcha alguna decisión política en respuesta a la importante caída en el déficit primario y un nuevo plan de austeridad para reducir los déficits presupuestarios. La voluntad de participación de los acreedores privados ha aumentado la presión sobre la deuda soberana, llevando a la infravaloración de muchas emisiones en el mercado.