China está empezando a explorar Europa del Este en busca de oportunidades de negocio, aprovechando la fuerte sequía de capital que existe en la región para ir introduciéndose en la Unión Europea. Las compañías chinas ya han conseguido hacerse un hueco adquiriendo participaciones de empresas en Rumanía, Bulgaria y Turquía, y el gobierno está interesado en una línea de crédito de 1.000 millones de dólares a Moldavia, importe suficiente para cubrir dos años de déficit por cuenta corriente en el país más pobre de Europa. Los flujos de inversión son aún escasos.