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Entre los datos destacados que conoceremos esta semana se encuentra el IPC de junio, cuya cifra actual se sitúa en el 0,5%. También se publicará el índice de precios al productor del mes pasado, actualmente en el 1,1%, así como el índice de producción industrial y las ventas minoristas de junio. Además, se conocerá la confianza del consumidor de la Universidad de Michigan de julio y se publicará el Libro Beige de la Reserva Federal. Son muchos datos relevantes para esta semana. ¿Qué podemos esperar de estas cifras y qué nos pueden decir sobre la salud de la economía estadounidense?
Será una semana, bastante ajetreada y con una gran cantidad de información relevante. Habrá muchos datos económicos y, especialmente, numerosas intervenciones de miembros de la Reserva Federal. El mercado estará muy atento a las declaraciones del nuevo presidente de la Fed, ya que la institución comparecerá ante el Congreso durante dos días, el martes y el miércoles. Por ello, habrá un seguimiento especial de los comentarios que realice el presidente Walsh. En cuanto a los datos económicos, el más importante de todos los mencionados será el de inflación, que se conocerá el martes. La evolución de los precios ha sido uno de los principales focos de atención durante este año, especialmente después de los acontecimientos relacionados con la guerra en Oriente Medio y el conflicto entre Estados Unidos e Irán. La subida significativa de los precios internacionales del petróleo fue uno de los factores que generó preocupación, aunque recientemente se ha observado un avance en las negociaciones y una caída en los precios del crudo. Los precios domésticos de la gasolina en Estados Unidos también han disminuido, y esto debería reflejarse en el informe de inflación de este martes. Nuestra previsión es que la inflación mensual haya bajado alrededor del 0,2%. En este aspecto, nos situamos por debajo del consenso del mercado. Sin embargo, gran parte de la atención estará centrada en la inflación subyacente, para evaluar la fortaleza de las presiones inflacionarias internas en Estados Unidos, excluyendo los efectos de los movimientos en los precios de la energía y el petróleo. Creo que, junto con las declaraciones del nuevo presidente de la Reserva Federal, este será el dato económico más relevante de la semana.
La guerra con Irán está afectando a la economía. ¿Hay cifras de pérdidas económicas de lo que ha supuesto el cierre del estrecho de Ormuz y este conflicto en Oriente Medio?
Depende de cómo se analice. En términos globales, sí ha habido una contracción importante de la demanda, especialmente en el petróleo, debido a la fuerte subida de los precios. Algunos países han tenido que reducir su demanda, incluido China, mientras que otros países emergentes no pueden asumir el elevado coste de los precios del crudo. También se ha observado un impacto desde la perspectiva de Estados Unidos. La inflación aumentó en los últimos meses y, por supuesto, esto tiene un coste para el bolsillo de los consumidores. Algunos consumidores han tenido que seguir destinando más gasto a los precios de la energía, ya que necesitan conducir para ir a sus trabajos, entre otros gastos, y eso les obliga a reducir el consumo en otros ámbitos. Por tanto, indirectamente también se ha producido un impacto en el consumidor. Esto se pudo observar en las ventas minoristas de algunos meses anteriores. El consumidor estadounidense se ha desacelerado algo este año en términos de gasto respecto al año pasado. Así que, por supuesto, hay perdedores, pero también hay ganadores. Los productores de petróleo son beneficiados porque venden el crudo a un precio más alto. Al final, hay ganadores y perdedores, y depende de la perspectiva desde la que se analice: desde el punto de vista global o desde una economía más concreta, como la estadounidense.
Hace unos días conocimos otro dato relevante: el déficit comercial de Estados Unidos se disparó en mayo un 42,2%, hasta los 77.600 millones de dólares, su nivel más alto desde marzo de 2025. Este aumento se explica por un incremento del 3,3% en las importaciones. ¿Dónde queda entonces la política de America First de Donald Trump, que buscaba comprar menos en el exterior y producir y consumir más dentro del país?
Claramente, esa política y esa iniciativa que impulsó el presidente desde su regreso al poder no se han materializado. Se ha intentado elevar los aranceles, pero el déficit comercial sigue siendo muy elevado. Ahora bien, quiero hacer hincapié en un punto: un déficit comercial, por sí mismo, no es necesariamente algo negativo. Lo que refleja es que en una economía doméstica hay más inversión que ahorro. Por tanto, no es un indicador malo en sí mismo. De hecho, buena parte de ese déficit está reflejando el fuerte auge de las inversiones relacionadas con la inteligencia artificial en Estados Unidos. Gran parte de las importantes inversiones que están realizando las grandes compañías tecnológicas dependen de bienes importados. Si pensamos, por ejemplo, en los chips y los semiconductores que producen economías del sur de Asia, especialmente Taiwán y Corea del Sur, todas esas compras se contabilizan como importaciones y, por tanto, se reflejan como un aumento del déficit comercial.
¿Cómo ves el presente y futuro de la inteligencia artificial? ¿La consideras un valor seguro de inversión a largo plazo?
Esa es la expectativa del mercado. Se espera que durante los próximos años se siga destinando una enorme cantidad de dinero a la inteligencia artificial y que continúen las fuertes inversiones en este sector, con la expectativa de que, en unos años, todo ello se traduzca en ganancias muy importantes para este tipo de compañías. Ahora mismo hay mucha confianza porque las grandes empresas tecnológicas están realizando inversiones muy elevadas y están gastando mucho dinero. Es, en cierto modo, un salto de fe: la expectativa es que, dentro de dos, tres, cuatro o cinco años, todas esas inversiones masivas que estamos viendo ahora, y que los inversores están respaldando, generen retornos muy importantes. Eso podría tener implicaciones muy positivas, no solo para los inversores y para este tipo de compañías, sino también para la economía. Primero para la economía estadounidense y, posteriormente, para otras economías a nivel global. Podría tener un impacto muy importante en aspectos como el mercado laboral, el crecimiento de la productividad, las tasas de interés o la inflación. Hay muchas variables en juego y muchas opiniones sobre hasta dónde pueden llegar los efectos de la inteligencia artificial si todas estas inversiones dan sus frutos. Veremos qué ocurre. Hay muchas teorías al respecto, pero yo soy algo más optimista y creo que el impacto para la economía de Estados Unidos puede ser muy positivo.
Más allá de la inteligencia artificial y teniendo en cuenta la situación actual de la economía, ¿dónde recomienda invertir TD Securities?
Hay muchos factores en movimiento y mucha incertidumbre. No solo por la inteligencia artificial, que puede convertirse en un importante motor para la economía en los próximos años, sino también por la política fiscal, la política monetaria y una inflación que sigue siendo elevada. Todo ello mantiene un entorno de incertidumbre para los inversores. Lo que hemos visto es que el mercado de renta fija ha registrado una elevada volatilidad. En este contexto, pensamos que, dependiendo del tramo de la curva de rendimientos que le interese a cada inversor, existen oportunidades atractivas. En particular, creemos que el tramo de cinco años puede resultar interesante para quienes tienen un horizonte de inversión de largo plazo. En ese sentido, seguimos considerando que la parte media de la curva, en torno a los cinco años, ofrece oportunidades de inversión. No obstante, creemos que es importante actuar con cautela, ser cuidadosos y mantener una visión de largo plazo, incorporándose al mercado de forma gradual, porque en el corto plazo todavía podríamos ver una volatilidad elevada.
Hace unos días, durante la cumbre de la OTAN, Donald Trump llegó a plantear la posibilidad de cortar todo el comercio con España, al considerar que era un mal socio, aunque posteriormente rebajó el tono de sus declaraciones. Si finalmente se hubieran llevado a cabo esas medidas, ¿cómo podrían haber afectado a España?
Siempre es complicado cuando un socio comercial plantea la posibilidad de imponer un embargo o de restringir las transacciones comerciales, tanto las importaciones como las exportaciones. Lo positivo es que, como comentabas, parece que la situación no va a ir a más y que las diferencias se limaron poco después de las declaraciones del presidente. Además, la economía española tiene una ventaja importante: la mayor parte de sus exportaciones se quedan en Europa. Sus principales socios comerciales son Portugal, Francia y Alemania. Aunque Estados Unidos es un socio comercial relevante, solo alrededor del 4% o el 5% de las exportaciones españolas tienen como destino el mercado estadounidense, por lo que la dependencia no es especialmente elevada. Eso no significa que no hubiera habido impacto. Algunos productos concretos sí podrían haberse visto afectados, ya que Estados Unidos importa desde España bienes industriales, productos farmacéuticos, cerámica y, por supuesto, aceite de oliva. Por eso la bolsa española reaccionó de forma negativa tras aquellas declaraciones. En cualquier caso, creo que lo peor ya ha pasado. La economía española está bien diversificada y no depende en exceso de la economía de Estados Unidos.

