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Cada vez que aumenta la incertidumbre, la conversación inversora se llena de previsiones. Inflación, tipos de interés, crecimiento económico, tensiones geopolíticas o inteligencia artificial ocupan titulares, informes y reuniones. Son cuestiones importantes y sería ingenuo ignorarlas. Algunas previsiones apuntan, de hecho, a una Eurozona creciendo apenas un 0,4% frente a un crecimiento cercano al 2,6% en Estados Unidos, en un entorno en el que el petróleo podría mantenerse alrededor de los 110 dólares por barril. Pero también conviene recordar que la historia de los mercados está llena de acontecimientos que nadie anticipó y que terminaron condicionando mucho más los resultados que las previsiones que parecían más relevantes en cada momento.

La realidad es que nadie sabe dónde estará la inflación dentro de un año, qué conflicto ocupará las portadas dentro de seis meses o cuál será el próximo acontecimiento capaz de mover los mercados con fuerza. Lo que sí podemos hacer es analizar compañías, entender sus negocios, estudiar la calidad de sus equipos directivos, valorar sus ventajas competitivas y preguntarnos si serán capaces de seguir creando valor en escenarios muy distintos.

Ahí es donde vemos una de las cuestiones más relevantes para los próximos años. Mientras una parte importante del mercado sigue tratando de acertar la próxima variable macroeconómica, las diferencias entre compañías se han ido ampliando. Hay empresas que siguen ganando cuota, reforzando su posición competitiva y generando caja incluso en entornos difíciles. Otras, en cambio, dependen mucho más de que todo salga bien. A nuestro juicio, esa dispersión será más importante para los resultados futuros de los inversores que cualquier estimación puntual sobre crecimiento, inflación o tipos de interés.

Esta forma de entender la inversión no es nueva para nosotros. Metagestión cumple cuarenta años y, a lo largo de este tiempo, han pasado distintos equipos, distintos estilos de inversión y mercados de todo tipo. Sin embargo, algunos resultados han permanecido. El caso de Metavalor es probablemente el mejor ejemplo: más de 39 años de historia y una rentabilidad anualizada cercana al 8,5%. Pocas cifras reflejan mejor el valor de la consistencia.

Nos sentimos especialmente orgullosos de haber cerrado el pasado ejercicio con dos fondos entre los más rentables de las gestoras españolas. Pero no queremos construir nuestra identidad alrededor de un ranking. Lo que estamos intentando hacer es recuperar aquello que hizo grande a Metagestión: una forma de invertir centrada en preservar el patrimonio y generar rentabilidad a largo plazo, entendiendo que proteger el capital cuando los mercados caen es tan importante como participar de las subidas cuando las cosas van bien.

Por eso seguimos concediendo más importancia a los procesos que a los resultados puntuales. Los rankings cambian cada año. La confianza de un inversor que lleva décadas acompañándonos no.

Esa misma filosofía explica algo que consideramos esencial: la alineación de intereses. Todos los profesionales de Metagestión tenemos invertida una parte relevante de nuestro patrimonio en los mismos fondos que ofrecemos a nuestros clientes y soportamos exactamente las mismas comisiones. Cuando nuestros partícipes obtienen buenos resultados, nosotros también. Cuando atraviesan momentos más difíciles, nosotros también los vivimos.

Y quizá por eso, cuando nos preguntan por las perspectivas para los próximos meses, seguimos haciéndonos la misma pregunta que al principio:

¿Qué genera más valor para un inversor: anticipar la próxima decisión de un banco central o identificar una gran compañía antes que el mercado?

Este contenido ha sido publicado en la Revista julio/agosto sobre Perspectivas segundo semestre: Irán, BCE y FED agitan el tablero de los mercados y marcan los valores elegidos para invertir.