
La polémica no es nueva, pero se ha vuelto a reavivar con Rusia-Ucrania y, especialmente, con Groenlandia. Y esto no es nuevo. Es más, hace 10 años el peso de EE.UU. en la OTAN no era del 60,18%, sino del 72,84%. Y no porque los europeos hayamos incrementado significativamente el gasto, sino porque EE.UU. ha recortado algo. Aunque es evidente que sigue tirando del carro casi solo. Basta observar el gráfico que acompaño en este artículo.

Fuente: Carlos Arenas Laorga
Imaginemos por un momento que la OTAN fuese una comunidad de vecinos. En la planta de arriba vive Estados Unidos: tiene la casa más grande, paga la mayoría de los gastos de la escalera, el ascensor, la portería y hasta la alarma. Abajo, en los pisos más pequeños, están Alemania, Francia, Italia o España… que prometieron aportar lo suyo, pero se han ido retrasando. Eso sí, todos quieren vigilancia 24 horas, videovigilancia, conserje y respuesta rápida ante emergencias.
Esa es, a grandes rasgos, la estructura actual de la OTAN. No vale quejarse de Estados Unidos, pero no aportar casi nada cuando lo pide. Nos quejamos de que sea el policía del planeta, pero nosotros no ponemos dinero…
No es casualidad que Trump mencionara en su día a nuestro continente, y más concretamente a España como ejemplo de free rider.

Lo que me preocupa no es solo el desequilibrio actual, sino el riesgo de que un segundo mandato de Trump suponga un agotamiento de su paciencia con Europa, y hasta una posible retirada del paraguas estadounidense.
Quizá sea una exageración y este temor nunca se materialice, pero si algo ha demostrado Trump es que sus amenazas rara vez son solo retórica. Y lo malo es que tiene razón. ¿Por qué un ciudadano de Texas va a pagar la seguridad de uno de Berlín que es más rico que el americano?
En clave de inversión, esto no es menor. Una Europa menos respaldada militarmente implicaría más presión para aumentar gasto público… y eso podría significar más déficit, más emisiones de deuda y políticas fiscales expansivas apoyadas en defensa. Lo que estamos viendo ya, vamos. Lo cual deviene en menos dinero para políticas sociales o para rebajar impuestos, más tensiones políticas internas y, quizá, un mayor atractivo relativo para las acciones del sector, que ya han corrido mucho…
Si nos guiamos por las cifras, Trump tiene argumentos. Otra cosa es el tono y el momento en que los usa. Pero lo cierto es que el equilibrio en la OTAN lleva tiempo roto. Estados Unidos sigue siendo el garante del orden mundial —con todo lo que eso implica en términos de gasto y riesgos— mientras Europa ha optado por una cierta comodidad.
En cualquier caso, la factura siempre acaba llegando.

