Licenciado en Administración y Dirección de Empresas en el 2011, máster en economía de la Escuela Austriaca en 2012, y doctor cum laude en economía en 2016. Ha desempeñado funciones de investigación y docencia en la Universidad Villanueva y en la Universidad Carlos III de Madrid, así como en el Centro de Estudios Garrigues y en el IESE Business School.
Imparte clases de Entorno Económico Internacional y Economía Española y su investigación se ha centrado en la política económica y en la intervención del estado en la economía.
Su actividad profesional, centrada en la gestión de carteras y selector de fondos, la compatibiliza con su docencia en Villanueva y en el máster de Banca y Finanzas de Garrigues.
Ha publicado los libros de \»La valentía de la ignorancia, economía de sobremesa\», \»De Ahorrador a Inversor\», y \»11 preguntas incómodas sobre política económica\», y colabora semanalmente con medios de comunicación.
LinkedIn de Carlos Arenas
¿Tiene sentido dejar de invertir porque ha estallado una guerra? Humanamente, el miedo es comprensible. Desde Pearl Harbor hasta Irán, pasando por Corea, Vietnam, Irak, Afganistán, Ucrania o Gaza, la historia del S&P 500 dice que los conflictos pueden provocar sustos a corto plazo, pero han sido una pésima excusa para abandonar una estrategia de inversión a largo plazo.
El verano no ha dejado un mercado bajista. Tampoco uno especialmente alcista. Ha dejado una enorme rotación. En apenas un mes, Bitcoin ha subido un 34,94%, las materias primas un 16,35%, el oro un 15,77% y la bolsa value estadounidense un 6,50%. Mientras, el Nasdaq 100 ha perdido un 4,09%, los bonos convertibles un 4,35% y el growth estadounidense un 2,57%. Solo el 48% de los grandes activos estaba en positivo en el último mes. El dinero se ha movido.
¿Cómo puede subir tu sueldo un 3,8% y terminar el año con menos poder adquisitivo después de impuestos? Porque no vivimos de porcentajes nominales. Vivimos de lo que ese sueldo permite comprar después de pasar por Hacienda, pagar la vivienda, llenar la nevera y encender la calefacción. Y cuando se hace esa cuenta, es para echarse a llorar.
¿Para qué hemos construido una máquina capaz de resumir cientos de documentos en segundos si después le pedimos que decida por nosotros? Los primeros datos sobre el uso real de la inteligencia artificial en el trabajo dibujan una paradoja bastante inquietante: estamos delegando el pensamiento antes que el papeleo. Justo al revés de lo que prometía la revolución tecnológica.
¿Qué tienen en común Jimmy Carter, Bill Clinton, George W. Bush, Barack Obama, Donald Trump y Joe Biden? Muchas menos cosas de las que probablemente estarían dispuestos a admitir. Pero hay una en la que parecen estar todos de acuerdo: la deuda pública.
¿Cómo puede encarecerse un metal un 622% en apenas dieciséis meses sin que la mayoría de los inversores haya oído hablar de él? El wolframio, también conocido como tungsteno, ha pasado de ser una materia prima sin importacia a convertirse en el símbolo de una nueva guerra económica.
¿Aceptaríamos invertir en el S&P 500 sabiendo que, en algún momento del año, probablemente veremos nuestra cartera caer alrededor de un 14%? Esa es la factura emocional que ha exigido históricamente la bolsa estadounidense a cambio de sus rentabilidades. El problema es que muchos inversores quieren cobrar la recompensa de la renta variable sin pagar nunca el precio de verla bajar.
Michael Jordan ha ganado casi tanto dinero como Messi y Ronaldo juntos. El antiguo jugador de los Chicago Bulls encabeza el ranking de los deportistas mejor pagados de la historia con unos ingresos equivalentes a 4.500 millones de dólares actuales, una cifra que confirma que los partidos pueden convertir a un deportista en estrella, pero son la publicidad, las licencias y los negocios los que lo transforman en milmillonarios.
¿Qué preocupa más a Estados Unidos: la debilidad del yen o la posibilidad de que Japón venda parte de los 1,14 billones de dólares que mantiene en bonos estadounidenses? EE.UU. ha acudido al rescate de la moneda japonesa procurando, al mismo tiempo, proteger su propio mercado de deuda.
¿Cómo puede un mismo S&P 500 parecer completamente desconectado de sus beneficios y, a la vez, mostrar una relación bastante más razonable? No han cambiado los datos, ni el periodo analizado, ni las empresas. Solo hemos modificado la escala del gráfico. Y ese pequeño cambio puede transformar por completo la historia que creemos estar viendo.