Las gestoras internacionales lanzan sus valoraciones sobre el QE con as condiciones del programa de expansión cuantitativa ya sobre la mesa. Se muestran suspicaces con el efecto que puede traer a la economía real y el recorrido que le quede a los mercados después de descontar en gran parte -o casi todo- este plan antes incluso de ser anunciado.


Desde Edmond de Rothschild AM insisten en que el QE anunciado por el BCE “¡no ha decepcionado al mercado! porque es un programa ambicioso”. Sin embargo, se muestran cautos acerca del impacto que se puede prever en la economía europea: “el paquete anunciado hoy es un paso importante, es demasiado pronto para saber si será suficiente. Las expectativas de inflación están rebotando con fuerza esta tarde, por lo que el mercado parece estar dando cierta credibilidad a estas decisiones”.

No obstante, sí confían en que tenga efecto provechoso para los inversores de renta fija, por ello, reafirman su apuesta por “la deuda periférica cuyos tipos deberían continuar cayendo y, aunque el BCE no ha anunciado ninguna compra de deuda corporativa, mantenemos una preferencia por los bonos corporativos en nuestras carteras, especialmente en el segmento de alto rendimiento, que se beneficiará de un entorno económico que se espera que mejore y de la búsqueda de rentabilidad, que sólo se puede intensificar, dado este entorno de tipos aún más bajos”.

Paras Anand, responsable de Renta Variable Europea de Fidelity, va un paso más allá y duda del efecto que pueda tener en los mercados y la economía real: dice que “el plan ha sido tan debatido y anticipado que tiene ya poco potencial, tanto en los mercados como en la economía real, pues posiblemente las intenciones “latentes” del BCE de estimular el crecimiento mediante la compra de deuda tuvieron más impacto en sí mismas que el que logrará la materialización efectiva de dicha compra. Dichas intenciones bastaron para eliminar los temores sobre la calidad de los bonos soberanos más débiles que afloraron hace tres años, otorgando a su vez tiempo al sector financiero para que fortaleciese su capital y redujese el riesgo de su modelo de negocio”.

Desde Aberdeen AM hacen hincapié en la escasa mutualización de la deuda, uno de los puntos que ha obstaculizado que los mercados celebraran aún más las medidas adoptadas. “La decisión de que el BCE sólo respalde el 20% de la deuda en su balance es extraña. Aquellos que estaban en contra del QE, lo estaban en parte porque no querían que todo el riesgo recayese sobre el BCE. Parece que han obtenido esta concesión a cambio de respaldar un QE de esta magnitud. Todos sabemos que una mayor unión fiscal es fundamental para el futuro a largo plazo del euro por lo que el hecho de que Draghi no pueda ganar apoyo para compartir una carga plena, no es un signo alentador para el largo plazo.” Además, también se une al grupo de los que dudan sobre si surtirá efecto en la economía real “esto puede aumentar las expectativas de inflación marginalmente, pero probablemente sólo tenga un pequeño efecto positivo en la economía real de Europa. Un euro más débil debería ayudar a las exportaciones, pero no va a hacer que de repente las economías europeas sean mucho más competitivas. Eso requiere urgentemente reformas estructurales que los líderes europeos parecen poco dispuestos a sacar adelante. Una vez que la volatilidad inicial ha pasado, podemos preguntarnos a qué hemos estado esperando todo este tiempo".

Bart Van Craeynest, economista jefe de Petercam, critica que el QE se ha promovido “con cinco años de retraso. La intención es comprar 1.140 millones en bonos, lo que elevaría el balance ligeramente por encima del nivel de principios de 2012 como se había prometido, pero probablemente es demasiado bajo para tener un efecto significativo en la economía. Lamentablemente, el 80% de las posibles pérdidas potenciales derivadas de las compras de bonos recae sobre los compradores nacionales. Incluso aunque Draghi restó importancia a la este tema, parece una mala idea”.

Como se puede apreciar, las gestoras dudan, y mucho, que el QE tenga efectos palpables en la economía real, pero es que la clave está en que “con el clima actual, el BCE no puede crear un crecimiento económico por sí solo. La política monetaria tiene que ir acompañada de reformas estructurales para conseguir que la eurozona salga de su crisis actual”, explica acertadamente Van Craeynest.