Cuando muchos activos, mercados financieros e índices se sitúan a niveles emblemáticos, es razonable plantearse alguna pregunta y, tal vez, tomar algunos beneficios. Ante unos máximos jamás alcanzados, y cercanos a los objetivos anuales, deberíamos sospesar, como analistas y gestores financieros, los factores determinantes de la distribución táctica de activos aplicada a una cartera equilibrada y diversificada
Las razones a favor de una toma parcial de beneficios en la sobreexposición en renta variable de la distribución global de activos obedecen al deseo de concretar la buena evolución registrada, tanto en términos absolutos como relativos, y de disponer, al mismo tiempo, de un cierto margen de maniobra si se produce una caída de los mercados. En el ámbito fundamental, la resistencia de Estados Unidos a la crisis inmobiliaria ha causado una gran impresión, aunque se mantengan los interrogantes sobre algunos aspectos importantes a medio plazo, como el "crecimiento potencial", la productividad y el equilibrio de la balanza comercial. No obstante, ni la corrección sufrida por los mercados en febrero ni la evolución de los fundamentos confirman, en nuestra opinión, los temores a una recesión. A la corrección de los mercados de final de febrero ha seguido un rápido rebote que no ha permitido detectar o evaluar totalmente los riesgos macro o microeconómicos, sin olvidar los geopolíticos como el petróleo y el proteccionismo. Esta recuperación, casi por sorpresa, no debe hacernos olvidar algunos indicadores dispares, y unas perspectivas confusas con una volatilidad cercana de nuevo a sus mínimos históricos. El nivel actual de los indicadores compuestos de aversión al riesgo es especialmente bajo en esta etapa del ciclo. Hay que añadir, además, que el riesgo de divisas por la acumulación de reservas en los bancos centrales de los países exportadores, puede aumentar la volatilidad de los mercados a causa del volumen de los flujos internacionales en un mercado más globalizado. En ausencia de un cambio brusco de las expectativas de crecimiento mundial, las razones para mantener una sobreexposición en renta variable respecto a la renta fija son varias: dinámica del beneficio, valoración, políticas monetarias y sentimiento del mercado. Aunque nuestras previsiones consideran una cierta desaceleración global en los primeros meses de 2007, el crecimiento sigue siendo sólido ya que está mejor repartido geográficamente y es más equilibrado desde el punto de vista sectorial. A pesar de que los índices de renta variable se han más que duplicado desde los mínimos registrados en marzo de 2003, las evoluciones recientes siguen la tendencia marcada por el crecimiento del beneficio. Los PER, sobre todo los de las acciones europeas, se han mantenido relativamente estables, con múltiplos entre 12 y 13,5, en los últimos cuatro años. Esta doble evolución ha sido posible gracias al potente motor de la liquidez, abundante y barata, que ha llevado a los inversores a una búsqueda permanente de rentabilidad absoluta, y ha impulsado una renovada creatividad financiera. Otra explicación subyacente es la demanda estructural de renta variable, cuyo reparto entre los diferentes agentes, ya sean inversores institucionales o particulares, fondos de inversión libre o de capital riesgo, o las propias empresas, puede variar, pero, en conjunto, es superior a la oferta. Las actividades de fusión y absorción siguen siendo un motor importante. En efecto, aunque el volumen alcanzado, cerca de 500.000 millones de de dólares en Europa en el primer trimestre de 2007, es parecido al del ciclo anterior entre 1999 y 2000, es probable que la tendencia se sostenga mientras el crédito sea barato. La diferencia entre el coste después de impuestos del endeudamiento y la tendencia de los "free cash flow" continúan impulsando las operaciones, sobre todo las de leveraged buyout .