
El estrecho de Ormuz es el paso marítimo por el que cruza la mayor cantidad de hidrocarburos del mundo. Situado entre el golfo Pérsico y el de Omán, es uno de los principales chokepoints o cuellos de botella del planeta, lo que le otorga un valor comercial y geopolítico clave para la estabilidad de la economía mundial. Los recientes ataques de Estados Unidos e Israel hacia territorio iraní –que ya han causado la muerte del líder supremo, el ayatolá Ali Jamenéi– han llevado a Irán a cerrar el estrecho de Ormuz como instrumento de presión política. Este cierre, de prolongarse en el tiempo, puede tener grandes repercusiones en la economía global.
Por el estrecho de Ormuz cruza el 20% del petróleo del mundo y más del 25% del gas natural licuado (GNL). A pesar de que estas mercancías se transportan hacia diferentes regiones, Asia representa el destino de más del 80% del petróleo y del gas que cruzan el estrecho, principalmente hacia China, Japón, India y Corea del Sur. En el caso concreto de China,, previo a los ataques, era la principal importadora de petróleo procedente de Oriente Medio, y más del 50% de estas importaciones atravesaban el estrecho de Ormuz. Esto convierte a la gran potencia asiática en unas de las damnificadas por el conflicto.
En el caso de Europa, su dependencia del petróleo procedente del golfo es inferior, ya que el principal exportador de petróleo y gas es ahora Estados Unidos. No obstante, las tensiones en la región y el cierre del estrecho de Ormuz conllevan consecuencias de alcance global. No solo limitan la oferta en el mercado de los hidrocarburos sino que, si China y el resto de países que importaban gas y petróleo de los países del golfo ya no pueden comprar en sus principales mercados, buscarán otros proveedores. Esto aumentará la demanda en un mercado con una oferta ya disminuida, lo que llevará a un aumento de precios. Esta subida de precios de la energía, de mantenerse, se trasladaría a otros sectores de la economía, que verían aumentados sus gastos y, en consecuencia, aumentarían sus precios.
A pesar de que Irán cuenta con importantes reservas de petróleo y gas, su producción se ha visto mermada en los últimos años debido a las sanciones internacionales. Sin embargo, gracias a su situación geográfica, Teherán tiene el control del estrecho de Ormuz, el cual utiliza como herramienta política y estratégica a su favor. Tras los ataques israelíes y estadounidenses, las instituciones iraníes anunciaron el bloqueo del estrecho de Ormuz con buques en sus aguas y vigilancia en tierra. Un par de días más tarde, Irán confirmó el cierre total del estrecho. Por su papel en el bloqueo, los buques iraníes han sido objetivo de los ataques desde el inicio de la ofensiva, para tratar de limitar su actividad en este cuello de botella clave para la estabilidad económica.
Las alternativas al estrecho de Ormuz tras su cierre son limitadas. En su misma región cuentan con dos tuberías que permitirían evitar el paso por Ormuz, un oleoducto que une Arabia Saudí con el Mar Rojo y otro que une Emiratos Árabes Unidos con el golfo de Omán.
Con la producción de petróleo de los países del golfo en espera, las empresas estadounidenses se benefician de la inestabilidad en Oriente Medio, aumentando así la demanda en su mercado y con ello sus beneficios.
En los días posteriores a los ataques, el precio del petróleo ha sufrido una subida del 7% rondando los 80 dólares el barril de Brent, mientras que el gas se ha visto más afectado con más de un 40% de incremento, alcanzando los 45 euros por megavatio hora. Sin embargo, estos datos quedan lejos de los precios a los que se llegó en 2022 tras la invasión rusa de Ucrania, con el barril de petróleo a 139 dólares o el megavatio hora de gas a 345 euros. En perspectiva, los precios de los hidrocarburos aún se mantienen en rangos asumibles pero las expectativas negativas han llevado a una caída generalizada en las principales bolsas del mundo. Aunque las grandes empresas de defensa se benefician de fuertes subidas, sectores como el turístico o el de transportes se han visto gravemente afectados.

Con todo, los efectos de esta guerra en la economía global no solo dependen de la prolongación del cierre del estrecho de Ormuz. El número de instalaciones energéticas dañadas por los ataques durante el conflicto determinarán la demanda con la que contará el mercado de hidrocarburos, determinando su precio. Así, los efectos globales de este conflicto dependerán del rumbo que tome la ofensiva, el alcance de los ataques a infraestructuras estratégicas y la duración de la inestabilidad en la región.

