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Para esto, vamos a explicar algunos conceptos en los que hay que hilar fino. El primero y fundamental es la inflación. Porque solemos decir —y para entendernos puede que no esté mal— que es la subida generalizada y sostenida de los precios en una economía en un periodo de tiempo. Y no. Nos entendemos cuando hablamos así, pero si queremos ser precisos, la inflación es otra cosa. Lo hemos explicado en numerosas ocasiones, como aquí y aquí. Pero todo es poco.

La definición sirve para aprobar un examen —no conmigo como profesor—, pero se queda corta para entender qué está sucediendo con nuestro dinero. La pregunta verdaderamente interesante es por qué necesitamos cada vez más unidades monetarias para comprar las mismas cosas.

El IPC mide cómo cambia el precio de una cesta representativa de bienes y servicios consumidos por los hogares. Si esa cesta costaba 100 y posteriormente cuesta 103, el índice habrá aumentado un 3%. Es una herramienta muy útil. Pero el IPC no mide directamente cuánto vale el dinero, ni recoge todos los precios existentes en una economía.

Una vivienda no pesa en el IPC como pesa en el patrimonio de una familia. Tampoco una acción, un bono o una onza de oro. Y, sin embargo, cuando el precio de todos ellos aumenta durante largos periodos de tiempo, algo está ocurriendo también con la unidad con la que los medimos.

Pensemos en un metro. Si mañana alguien acorta físicamente el metro un 10%, todas nuestras mesas parecerán repentinamente más largas. Las mesas no habrán crecido. Ha cambiado la unidad utilizada para medirlas. Con el dinero ocurre algo parecido.

Cuando hacen falta más euros para llenar el carro de la compra, normalmente hablamos de que esos bienes han subido. Pero realmente suele ser porque la moneda compra menos. Es la confusión del lenguaje cotidiano. Decir que los precios suben traslada la sensación de que las cosas se están volviendo más caras por culpa de los productos o los comerciantes. Sin embargo, la lectura correcta es la inversa. No hay encarecimiento real. Los bienes siguen valiendo lo mismo en relación con las necesidades humanas. Hay dilución monetaria: al haber un exceso de billetes, cada uno vale menos. Y en consecuencia, compras menos bines y servicios con esas mismas unidades monetarias.

Si aumenta la cantidad de dinero, no significa que al día siguiente el tomate tenga que subir exactamente en la misma proporción. Dependerá de la demanda de dinero que haya. Pero si la oferta de dinero crece más allá de su demanda, entonces sí veremos esas subidas de precio consecuencia de la mayor oferta (o caída de la demanda, cuidado).

Si aumenta mucho el dinero disponible mientras la cantidad de bienes y servicios no crece en la misma proporción, alguien tendrá que absorber ese exceso nominal.

Ese dinero extra por una mayor oferta puede destinarse a la inversión. Por eso es habitual que cuando la M2 (la oferta de dinero) sube, los mercados suben. Por eso resulta intelectualmente pobre mirar únicamente el IPC y concluir que, si no está subiendo con fuerza, no existe ningún fenómeno monetario detrás.

La M2 estadounidense alcanzó en julio los 23,218 billones de dólares, máximo histórico. ¿Qué es la M2? Ya lo he mencionado y lo veremos con detalle en el siguiente artículo, pero podemos quedarnos por ahora con una aproximación: es una medida amplia del dinero líquido disponible en la economía.

Para rematar. Si dejas 100.000 euros a alguien durante 30 años, quieres que dentro de tres décadas esos 100.000 euros sigan comprando, por lo menos, las mismas cosas. ¿No? El deudor tiene un interés diferente…

Un Estado con una enorme deuda denominada en su propia moneda puede devolver nominalmente lo que debe y, sin embargo, devolverlo en una moneda con menor capacidad adquisitiva. No necesita hacer un impago para que el acreedor pierda riqueza en términos reales.

Supongamos una deuda de 100 que permanece constante y una subida acumulada de precios del 30%. El deudor continúa debiendo 100 unidades monetarias. Pero esas 100 unidades ya compran bastante menos.

Por eso inflación y deuda pública son dos elementos que suelen ir de la mano.

Y aquí comenzamos a acercarnos al problema que vamos a estudiar durante toda esta serie. Estados Unidos necesita financiar una cantidad gigantesca de deuda. Los inversores están empezando a exigir tipos elevados para prestarle dinero durante décadas. El Tesoro está modificando activamente la gestión de sus vencimientos. Y, la cantidad de dinero vuelve a crecer. Como tienen que meter más dólares (más inflación, casi con seguridad), el inversor pide más interés. Pero si suben los intereses, el propio Tesoro no puede pagar su deuda…

Nada de esto demuestra que mañana vaya a producirse una crisis monetaria. No quiero ser agorero, pero sí plantea una pregunta que merece bastante más atención de la que recibe: ¿qué ocurre cuando el mayor deudor del planeta necesita que el dinero sea suficientemente escaso para mantener su valor, pero suficientemente abundante para que una montaña de deuda siga siendo financiable?

Para contestarla necesitamos saber primero cuánto dinero hay realmente en Estados Unidos y por qué está aumentando. Eso será exactamente lo que veremos en el segundo artículo. Es decir, qué es la M2 por qué ha alcanzado un nuevo máximo. Y la pregunta que sale después… dónde terminará todo ese dinero.