Tras un periodo prolongado de deflación, ¿estamos asistiendo al regreso de la inflación en la economía mundial? Aunque el mundo sigue aquejado de unos desequilibrios económicos persistentes, las pruebas sugieren que, de hecho, la inflación está empezando a subir en las economías desarrolladas.
Los indicadores de mercado, como las tasas de inflación implícita (breakeven inflation), están subiendo en el Reino Unido, EE. UU. y Alemania, lo que tira al alza de los rendimientos de la deuda pública. En China, la economía sigue creciendo a buen ritmo, lo que supone una fuerza reflacionista que se refleja en la fortaleza de los precios de las materias primas, en la mejoría de los datos del sector servicios y de los salarios en EE. UU., y en Europa, donde las políticas reflacionistas del BCE están empezando a dar fruto, reconoce Ariel Bezalel, gestor del fondo Jupiter Dynamic Bond

Los resultados de las elecciones presidenciales en EE. UU. han sido interpretados por el mercado como una nueva señal inflacionista. Donald Trump ha insistido mucho en la necesidad de incrementar el gasto público y ha señalado que va a financiar esta medida emitiendo deuda. Un programa significativo de infraestructuras financiado mediante deuda podría ayudar a estimular la economía y podría ser bastante inflacionista.

¿Cuáles son las posibles implicaciones para los inversores? El riesgo de inflación fue uno de los motivos principales por los que decidimos reducir la duración de la cartera. Así, redujimos el riesgo de duración más de la mitad, y eso ayudó a nuestras carteras a sobrellevar la reciente presión alcista sobre los tipos de los bonos. No obstante, el mercado de bonos del Tesoro de EE. UU. ha repuntado considerablemente desde las elecciones estadounidenses y existe el riesgo de que aumente la inestabilidad durante el próximo año. Aunque será gradual, el endurecimiento monetario de la Reserva Federal no crea un trasfondo especialmente favorable para los fuertes estímulos presupuestarios que se esperan con Donald Trump. Paradójicamente, el presidente electo va a depender de los respectivos programas de compras de activos del Banco Central Europeo y el Banco de Japón para contener los tipos de la deuda estadounidense, lo que enviará a los inversores hacia el mercado de bonos del Tesoro de EE. UU. para conseguir rendimientos en un momento en el que la administración Trump tratará de recaudar fondo para sus programas de infraestructuras.

Aunque podría ser una ayuda a corto plazo, esta situación crea una dinámica frágil en los mercados de bonos que podría cambiar fácilmente si el BCE o el Banco de Japón alteran sus políticas por razones de índole interna o la inflación realmente comienza a subir por encima de las previsiones. También conviene estar muy atentos a las presiones alcistas que sufre el billete verde, ya que suponen una amenaza para los mercados emergentes con un volumen importante de obligaciones en dólares.

A pesar de la dificultad del entorno, seguimos siendo optimistas sobre las oportunidades que nos deparará el futuro. Seguimos haciendo uso del mandato sin restricciones de la estrategia para seleccionar lo que consideramos que son las mejores oportunidades en los mercados mundiales de renta fija, sin perder de vista la mitigación del riesgo. En la deuda corporativa, nos centramos en el papel a corto plazo con un carry aceptable, además de situaciones especiales donde apreciamos posibilidades de conseguir una revalorización del capital significativa. También estamos expuestos a mercados emergentes como India y Argentina, dos países donde la coyuntura económica y política parece propicia y donde creemos que es posible obtener rendimientos atractivos sin poner en peligro la calidad crediticia.