Estas pasadas navidades fui a casa de un amigo que tenía varios vinos excelentes y no pudimos abrirlos porque tenía roto el sacacorchos. Tuvimos que ir a comprar uno. Susto, pero al final pudimos. Pues esto es lo que le pasa a Venezuela. El país con mayores reservas probadas de petróleo del mundo, pero apenas produce y tiene que importar gasolina.

Fuente: Carlos Arenas Laorga

Venezuela supera incluso a Arabia Saudí, con más de 303.000 millones de barriles en sus entrañas. Es el paradigma de una economía mal gestionada. Para que te hagas una idea, en las guerras cae el PIB un 13% de media. Pues en Venezuela se ha destruido desde el comienzo del chavismo más de un 75% de su PIB. Es más, entre 2010 y 2020, el PIB per cápita ha caído un -88,96%.

Y es que, reservas no es lo mismo que producción, ni mucho menos. Ya lo sabes, pero te voy a poner un gráfico ahora para que lo veas. De esos que cuando uno lo ve sobran las explicaciones.

En un extremo tenemos a Venezuela: primer puesto en reservas, pero a la cola en producción efectiva de petróleo. En el otro, Estados Unidos, muy lejos del podio en reservas, pero líder indiscutible en bombeo diario. Produce más de 20 millones de barriles al día, mientras Venezuela no llega al millón.

Fuente: Carlos Arenas Laorga

Esto sucede por una combinación de factores que vienen a ser lo mismo: ineficiencia, intervencionismo y desinversión. Venezuela ha seguido el camino de la ruina con el chavismo: nacionalización de su industria (PDVSA), expulsión de empresas extranjeras, controles de precios, corrupción endémica, purga de técnicos por afines… Dicho de otra forma, en Venezuela, cada barril extra que se produce genera más problemas que beneficios. El sistema está tan distorsionado que extraer petróleo ya no es rentable.

Hay una lección de primero de economía que a veces se nos olvida. Los recursos naturales no son riqueza en sí mismos. Y vemos países sin recursos que son tremendamente ricos y otros a los que les sobran y son enormemente pobres. Lo que genera el valor del petróleo no es tenerlo bajo tierra, sino la capacidad de extraerlo, refinarlo y distribuirlo. Para eso hace falta capital, inversión, conocimiento técnico, seguridad jurídica y libertad empresarial.

Por contra, Estados Unidos ha convertido el petróleo en una industria muy rentable, consiguiendo suficiencia energética (además del gas natural licuado, claro) y unos 20 millones de barriles diarios extraídos con rentabilidad. El subsuelo cuenta, pero más aún cuenta lo que hay sobre el suelo: instituciones, leyes y libertad económica.

Volviendo a Venezuela, hemos visto una destrucción institucional tremenda que ha llevado a una caída del PIB de más del 75%, como decía. Es lo que suele suceder si rompes las reglas básicas de propiedad privada, contratos estables, precios libres, y el sistema de leyes.

En Venezuela, todos esos pilares han sido sistemáticamente demolidos en beneficio de una pequeña oligarquía. Deberíamos aprender la lecciónescarmentando en cabeza ajena antes de que nos suceda algo parecido. Y puedes pensar que aquí es imposible que suceda algo similar. Ya… en Venezuela también pensaban que no era posible. Uno de los metros cuadrados más caros de toda América era Caracas. Y ya no digo llegar a su situación. Hay que evitar recorrer el camino que lleva a ese desastre. Aunque no se llegase a tales extremos, ese camino no es el adecuado, eso está claro.

El caso de Venezuela es un ejemplo de manual de cómo una economía puede autoboicotearse. Tener el mayor tesoro natural del planeta no sirve de nada si no se dispone de las condiciones mínimas para convertirlo en riqueza real.