El pasado viernes, el petróleo Brent volvía a superar los 100 dólares el barril ante la falta de avances en las negociaciones entre Estados Unidos/Israel e Irán, y el resto de los mercados repetía comportamiento: bolsas a la baja y bonos con rentabilidades al alza. Pero un rápido y deseado fin de la guerra no parece que vaya a solucionar el problema energético de forma automática.

Con cifras del pasado mes de marzo, el consumo bajó en 800.000 barriles diarios y la oferta se desplomó en 10,1 millones de barriles, obligando a muchas a economías a tirar de sus reservas. Esto plantea problemas logísticos y de infraestructuras que, a decir de los expertos, tardarán en solucionarse y empujarán los precios al alza. Las cifras hablan por sí solas. En el estrecho de Ormuz se están bloqueando casi 20 millones de barriles al día. El desvío a través de los oleoductos de Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos solo permite redirigir 6 millones de barriles al día, una cifra cercana a su capacidad máxima. Qatar se ha visto afectado en un 17% de su producción de GNL, y se estima que se necesitarán entre 2 y 3 años para recuperar la plena capacidad. Incluso aunque se resuelva el conflicto, los precios de la energía seguirán siendo estructuralmente más altos que sus niveles previos a la crisis, explican expertos de la gestora Mirova (grupo Natixis)

Tiffany Wilding, economista de la gestora PIMCO, apunta tres factores claves para que el crudo sigue presionado. “Incluso si el acceso al estrecho mejora, la importante congestión de petroleros y buques de carga tardará en despejarse. Los horarios de envío, la capacidad portuaria y la cobertura de seguros se ajustan con retrasos, por lo que el suministro efectivo a los mercados finales puede seguir siendo limitado incluso después de que se anuncie la reapertura”. El otro factor que destaca es el daño a las infraestructuras:” a diferencia de interrupciones anteriores provocadas por sanciones u otros factores relacionados con políticas, el conflicto actual ha dañado supuestamente parte de la infraestructura regional vinculada a la extracción, transporte y almacenamiento. Los plazos de restauración son inciertos y los mercados tienden a fijar una prima de riesgo hasta que se verifique la funcionalidad; no basta con anunciarlo”, explica. Y concluye: “la reposición global de inventario tenderá a mantener la presión de la demanda. A medida que esos inventarios, el riesgo es otro repentino aumento de precios y un endurecimiento de las condiciones financieras, ya que la demanda global se ajusta a la baja debido a la menor oferta”, explica.

Para la gestora del grupo Natixix hay dos factores determinantes: “la destrucción física de las infraestructuras de petróleo y gas en los países del Golfo, cuya reparación llevará tiempo; y la prisa por reconstruir las reservas estratégicas, lo que mantendrá la presión al alza sobre los precios con una media de 85 dólares el barril en el año”.  Y añaden en un reciente informe: “Pero el riesgo verdaderamente preocupante radica en la naturaleza no lineal de la crisis. Las reservas comerciales y estratégicas — la AIE ha liberado 400 millones de barriles— están sirviendo actualmente como sustituto de las pérdidas de producción. Al ritmo actual, las reservas podrían alcanzar niveles históricamente bajos a finales de abril o mayo. La relación entre los niveles de existencias y el precio del petróleo pasaría entonces a ser exponencial, con el riesgo de un giro hacia un escenario de escasez física —un escenario que el mercado no está descontando en absoluto en esta fase—. En caso de un conflicto prolongado, el Brent podría alcanzar los 150-200 dólares por barril, y el gas europeo, los 100-150 euros por MWh”, concluyen.

Escasez

Una idea en la que coinciden Michael Lok, CIO del grupo UBP y Nicolas Laroche, director global de asesoramiento y asignación de activos de UBP: “la estabilidad del flujo de petróleo sigue en entredicho”.

Giordano Lombardo, CEO y cofundador de Plenisfer Investments (parte de Generali Investments) plantea que, en un escenario de pánico generalizado, la guerra se prolongaría durante meses, causando daños duraderos a las infraestructuras y las cadenas de suministro; es probable que los precios del petróleo se mantuvieran altos y tal vez incluso subieran aún más; el comercio mundial se vería gravemente afectado”, explica.

Salman Ahmed, responsable global de macro y asignación estratégica de activos en Fidelity International advierte de que habrá una prima sobre el petróleo “respecto a los niveles previos a la guerra -una prima que solo se disipará de forma clara si el transporte marítimo se normaliza más rápido y de manera más duradera de lo que actualmente parece probable- y unos bancos centrales que, en general, tienden a mirar más allá del shock, equilibrando los riesgos al alza sobre la inflación con los riesgos a la baja sobre el crecimiento”, comenta.

Kerstin Hottner, responsable de materias primas en Vontobel y Regina Hammerschmid gestora de carteras de materias primas en Vontobel explican que “aunque se reabra el estrecho de Ormuz, algunos productores tardarán meses en recuperar su plena capacidad de producción. Es posible que Arabia Saudí se recupere con bastante rapidez, pero es probable que países como Kuwait e Irak se enfrenten a retrasos prolongados. Si bien, mientras tanto, se pueden reducir algunas reservas de Oriente Medio, solo Kuwait ha acumulado reservas significativas en las últimas semanas. El estrecho de Ormuz debe reabrirse antes de que termine abril, ya que al mundo se le está acabando el tiempo para evitar una crisis aún más grave”, concluyen.

En su análisis, Xavier Chapard, estratega de LBP AM, accionista mayoritario de LFDE destaca que “nuestro escenario de referencia sigue siendo una desescalada y una reapertura gradual de Ormuz durante las próximas semanas”. Además, advierte de que “los riesgos de escasez aumentarían si la situación se prolongara más allá de algunas semanas”.

Por último, el matemático y financiero Juan Ignacio Crespo pone su atención en el precio y la disposición del queroseno que ya se ha convertido en un problema para varias compañías aéreas que han reducido sus vuelos previstos. “En la crisis provocada por la invasión de Kuwait por Iraq en 1990 (que fue seguida de la Guerra del Golfo en 1991) la subida porcentual del precio del queroseno fue, incluso, algo mayor a la actual. Así aún hay una expectativa de subida que llevaría el alza total durante la crisis actual a un 148% por encima de donde estaba el día anterior al inicio del ataque a Irán”. La Comisión Europea ha planteado medidas de emergencia que podrían incluir desde el racionamiento hasta el obligar a las aerolíneas que tengan garantizado el suministro a compartir el queroseno con las que no lo tienen, lo que sería una medida digna de una economía de guerra.