En un contexto marcado por tensiones geopolíticas crecientes, desde Oriente Medio hasta la rivalidad entre EEUU y China, ¿crees que Bitcoin está consolidándose como activo refugio o sigue comportándose como un activo puramente de riesgo?
Bitcoin presenta un innegable componente de riesgo, siendo uno de los activos más volátiles del mercado.
Para contextualizar, la volatilidad anualizada de las acciones del Nasdaq ronda entre el 50% y el 60%, mientras que en el caso de Bitcoin puede alcanzar el 80%. Sin embargo, el mercado comprende cada vez más que Bitcoin no compite con empresas ni con bonos, al ser un activo descorrelacionado que aporta gran valor en la construcción de carteras. Su verdadera competencia son los activos de tipo monetario o tangibles, como el oro o las reservas internacionales.
Sus características lo hacen único: es totalmente descentralizado, no depende de ningún banco central, es apolítico y permite transacciones las 24 horas del día, los 7 días de la semana a la velocidad de la luz. Esto motiva a muchos actores y gobiernos a considerarlo más un activo monetario que un activo financiero tradicional.
La divergencia en las políticas monetarias por parte de los bancos centrales está reactivando el apetito por los activos digitales. ¿Estamos entrando en un nuevo ciclo alcista estructural para las criptomonedas o el mercado sigue dependiendo demasiado de la liquidez global?
El comportamiento de Bitcoin y las criptomonedas depende en gran medida de la liquidez, siendo la masa monetaria M2 una variable macroeconómica determinante. En el entorno actual, caracterizado por tipos de interés altos y una inflación persistente en el mundo desarrollado, cualquier eventual reducción de tipos por parte de los bancos centrales afectaría positivamente a la liquidez y, por ende, al precio de las criptomonedas.
A nivel estructural, estamos presenciando un cambio radical en el ecosistema. Hemos pasado de un mercado dominado por el pequeño inversor minorista a uno donde entran con fuerza instituciones, bancas privadas y capital a través de los ETF americanos y europeos. Ante una oferta cada vez más limitada, especialmente con eventos como el halving, que reduce la emisión a la mitad cada cuatro años, esta sólida demanda de agentes institucionales genera un cambio de paradigma.
La aprobación y expansión de los ETF de Bitcoin y Ethereum ha acercado las criptomonedas al inversor institucional. ¿Cómo está cambiando esto la narrativa del mercado y qué impacto puede tener sobre la volatilidad y la adopción a largo plazo?
Se observa una clara reducción en la volatilidad histórica del activo. Es improbable que volvamos a presenciar caídas superiores al 70%; de hecho, el suelo actual parece consolidarse en torno a los 60.000 dólares, lo que supondría una caída máxima aproximada del 50% desde sus máximos.
Los ETF han sido cruciales para facilitar este flujo masivo de capital. Anteriormente, acceder al mercado cripto era complejo, exigiendo conocimientos de autocustodia o el uso de exchanges con estructuras menos reguladas. Hoy en día, a través de vehículos supervisados como nuestro fondo de inversión Criptomonedas FIL o el reciente ETF (ETP) lanzado bajo la denominación Flex, el inversor dispone de las herramientas más adecuadas para exponerse a este mercado.
Europa avanza con MiCA mientras EEUU sigue enviando señales regulatorias mixtas. ¿Qué regiones están mejor posicionadas para liderar el desarrollo del ecosistema cripto en los próximos años y cómo puede afectar esto a los inversores europeos?
En términos normativos, Europa disfruta de una gran claridad regulatoria gracias a MiCA. En Estados Unidos el panorama es algo más fluctuante, aunque se espera una mayor claridad y aprobación de normativas a lo largo del año.
Desde la llegada de la administración Trump hace más de un año y medio, se percibe un incremento de perfiles pro-cripto al mando de instituciones estadounidenses, lo que eventualmente detonará una fuerte subida del ecosistema tanto en precio como en adopción.
Toda esta claridad regulatoria lo que atrae es talento y capital.
En un entorno de deuda pública elevada, incertidumbre fiscal y dudas sobre la fortaleza del dólar a largo plazo, algunos analistas defienden que las criptomonedas podrían ganar peso como alternativa dentro de las carteras. ¿Qué papel real deberían tener hoy los activos digitales en una estrategia de inversión diversificada?
Las instituciones y los clientes se plantean cada vez más la inclusión de criptomonedas en sus carteras. Tras años de debate sobre si el activo terminaría valiendo cero, la conversación ha evolucionado hacia qué peso porcentual debe ocupar.
Los estudios de datos respaldan que asignar un 1% en carteras conservadoras, un 3% en carteras equilibradas y un 5% para perfiles agresivos (acostumbrados a tecnológicas americanas) aporta una rentabilidad significativa sin elevar apenas el riesgo global. Aunque la volatilidad máxima pueda experimentar un ligero repunte, el beneficio estructural para la cartera es notable.
Por ello, la estrategia ya no se centra en hacer trading (entrar y salir del mercado), sino en definir con qué porcentaje el inversor se siente cómodo para mantener la posición durante los próximos cuatro o cinco años del ciclo.