Estamos en un año de mucha volatilidad en los mercados y pende una espada de Damocles que, de momento, no cae sujetada por los beneficios empresariales que en primer trimestre han sido brillantes. Pero con estas incertidumbres también es momento de pensar si interesa mover el dinero de los fondos. Los más optimistas exigirán más riesgo a sus carteras y los conservadores desearán ir hacia productos más seguros donde no exista riesgo sobre el capital invertido, esperando también tipos más altos por parte de la FED y el BCE

En el mercado español es posible, pues, pasar el dinero de un fondo a otro sin necesidad de que afloren las plusvalías. Esta operación se conoce como traspaso de fondos y mantiene la antigüedad de la inversión original a efectos fiscales. El inversor solo pagará impuestos cuando las ventas las participaciones y deposite su dinero en la cuenta corriente.

La única excepción son los fondos cotizados (ETF) que, al cotizar como las acciones, el legislador les aplica el régimen de los títulos cotizados. Si un inversor quiere buscar una solución sucedánea y apostar por la gestión pasiva, tiene a los fondos indexados como posibilidad ya que en este caso sí es posible pasar, por ejemplo, de un fondo monetario a un indexado de renta variable sin declarar las ganancias que se obtuvieron en el monetario.

Eso sí, la oferta de fondos indexados es mucho menor y tampoco sirven para los que gustan de hacer trading con los ETF. El traspaso directo desde un fondo de inversión convencional hacia un ETF obliga primero a vender las participaciones del fondo y luego adquirir el ETF, y ya en la declaración de la renta del próximo año tendrá que pagar por las plusvalías de su fondo “normal”.

Pasar de una cartera gestionada a fondos

Las carteras gestionadas son muy frecuentes y se acercan a la mitad del dinero que mueven los fondos de inversión. En este caso, el inversor elige un perfil de riesgo y son los gestores de la cartera los que mueven el dinero entre los fondos. Esta gestión no siempre es muy acertada y, además, difícilmente se conoce la rentabilidad que obtienen las entidades financieras. Hay falta de transparencia y, por tanto, de competencia entre entidades.

También es posible traspasar el dinero de una cartera gestionada (llamada también roboadvisor cuando se hace automáticamente sin la intervención continua del gestor). En este caso, también es posible traspasar el dinero de una cartera gestionada a un fondo de inversión convencional sin vender las participaciones, lo que mantiene la ventaja de no pagar impuestos por la ganancia generada en la cartera siempre, claro está, que vaya a la compra de fondos.

Es bastante habitual que la cartera se desmonte invirtiendo en un fondo monetario y después de este paso, el inversor ya puede decidirse por comprar otros fondos o cambiar de entidad de la gestión de su cartera de fondos. Todo este proceso, dependiendo de la entidad suele alargarse entre los 5 los 15 días.

Los inversores institucionales, que cuentan con un régimen fiscal diferente, suelen adquirir ETFs, mientras que los particulares intentan decantarse por los indexados. Eso sí, la importancia radica en la rentabilidad, ya que los accionistas están acostumbrados a ese pago de impuestos casi idéntico al de los fondos cotizados. Anteponer la fiscalidad a la rentabilidad puede no ser muy acertado.