El IRPF funciona por tramos progresivos. Eso significa que pagas más porcentaje cuanto más ganas. Pero no pagas el tipo máximo sobre todo tu salario, sino solo sobre la parte de renta que cae dentro de cada tramo. Es decir, Hacienda no te cobra un 30% si ganas 25 mil euros.

Es lo que se conoce como tipo marginal y efectivo. El marginal es cuánto nos quitan por el último euro ganado. En el caso de un sueldo de 25 mil, el 30%. Pero sobre los primeros 12.450, el porcentaje es menor (y hay que quitar los mínimos exentos). De tal forma que puedes tener un tipo marginal del 30%, pero el efectivo será menor, como del 15%, por ejemplo. Pagarás unos 3.750 euros, es decir, un 15% de media, no un 30%. Aclarado esto, podemos seguir. 

La escala estatal (50% del impuesto) recoge tipos del 9,5% al 24,5%, a los que se suma la parte autonómica (el otro 50%), de modo que la fotografía simplificada (digo simplificada porque nos tipos autonómicos varían; Madrid es menos agresivo que Cataluña, por ejemplo) deja tipos totales del 19%, 24%, 30%, 37%, 45% y 47%.

Fuente: Carlos Arenas Laorga

En este gráfico lo puedes ver bastante bien. Hasta 12.450 euros, el tipo total sería del 19%; entre 12.450 y 20.200 euros, del 24%; etc. Pero cada porcentaje se aplica solo a la parte de renta correspondiente. No a todo.

Y, por cierto, quiero recordar una cosa, porque el año pasado puse una tabla similar en redes sociales y mucha gente se me echó al cuello por no entender el impuesto. Me decían, por ejemplo, que una renta de 12.500 euros no tributaba; que cómo era tan burro de poner estos tramos (que, por cierto, son de la Ley, no míos). Ya… pero una renta de 30 mil siempre tiene unos primeros 12 mil. En fin, sé que si estás leyendo este artículo es muy probable que no seas un cuñado y te sobre esta última explicación, pero por si acaso alguien te lo comenta.

Se dice que el IRPF castiga a los ricos, pero en realidad castiga con fuerza a rentas medias, que no viven precisamente en un yate en Mónaco. Un salario de 38.000 euros brutos está tributando un 37% de IRPF marginal + 8% de media en IVA. Un porcentaje nada despreciable. Si le metemos cotizaciones sociales (que son regresivas, por cierto), impuestos especiales (también regresivos), etc., etc., pues vamos apañados. Es más, como comentamos ya en un artículo reciente, la fiscalidad sobre el trabajo en España está muy por encima de la de la OCDE e incluso por encima de Europa.

Y un salario de 60.000 puede sonar elevado, pero en una gran ciudad, con alquiler o hipoteca (con los precios imposibles de la vivienda), hijos, inflación y pocas ayudas, no convierte a nadie en un oligarca. Lo convierte, más bien, en carne de cañón de Hacienda; suficientemente productivo para pagar mucho, pero no suficientemente rico para vivir cómodo.

¿Y qué pasa cuando incluimos el IVA? El IRPF sube con la renta, pero el IVA se comporta al revés en términos relativos: pesa más sobre quienes menos ganan, porque las rentas bajas consumen casi todo lo que ingresan, mientras que las rentas altas pueden ahorrar e invertir una parte mayor. Es un impuesto regresivo, como hemos explicados en estos dos recientes artículos. 1 y 2.

El ejemplo es muy simple. Dos personas compran pan, leche, café, electricidad y gasolina. Una gana 1.500 euros al mes y otra gana 10.000. La segunda compra la marca de leche premium y un café de Columbia, sí, pero no consume siete veces más arroz, o siete veces más champú. Hay un límite físico a comer filetes, aunque algunos lo intenten en bodas. Por eso, aunque el IVA sea igual para todos en el ticket, no pesa igual.

Próximamente hablaremos de la progresividad en frío y de cómo te están subiendo el IRPF sin sacar una ley para ello. Hasta entonces, espero que entiendas mejor el IRPF. Y su combinación con el IVA.