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Nos encontramos en momentos de mucha incertidumbre y los inversores quieren estabilidad. Las infraestructuras se han considerado tradicionalmente una cobertura natural frente a la inflación, y en el entorno actual con los conflictos geopolíticos, repunte del petróleo y tensión en los precios de la energía, refuerza su atractivo como inversión debido a su protección frente a un posible repunte inflacionista.
Además, las infraestructuras normalmente se asocian a compañías de perfil más value, con negocios estables y capacidad de repartir dividendos, pero la realidad es que el enfoque actual va más allá de las infraestructuras tradicionales, como aeropuertos, carreteras o autopistas, e incorpora, como no puede ser de otra manera, áreas vinculadas al desarrollo de la inteligencia artificial.
En este sentido, para Jorge Díaz, Director de Ventas Senior para España y Portugal de Eurizon, el interés se centra en dos grandes segmentos: “la energía necesaria para alimentar el crecimiento tecnológico y los centros de datos, que son esenciales para el despliegue de la inteligencia artificial”. Y a ello, comenta, se suma la necesidad creciente de infraestructuras modernas en las grandes ciudades, “donde se concentra cada vez más población, actividad económica e innovación”.

Por su parte las entidades están percibiendo interés por el activo dentro de las carteras de los clientes. En el caso de Tressis, Jorge González, Director de Análisis de Fondos, señala que “esta demanda ya no responde únicamente a la búsqueda tradicional de dividendos o ingresos recurrentes, sino también al deseo de capturar tendencias de crecimiento estructural impulsado, por un lado, por los planes de inversión pública en infraestructuras, como el anunciado por Alemania o las iniciativas planteadas en EEUU”. Además, también destaca la fuerte inversión de las grandes tecnológicas en activos físicos: redes eléctricas, centros de datos, electrificación y mayor capacidad energética. Lo que refleja que la tecnología ya no depende solo del software, sino también de una base tangible de infraestructuras.
Gonzalo Bueno, Analista de Inversiones de AFI Inversiones Globales, subraya que “las infraestructuras ofrecen una cobertura interesante en un mercado muy dominado por el crecimiento y la tecnología”. Este tipo de compañías, respaldadas por activos físicos y flujos de caja estables, pueden actuar como elemento diversificador frente a posibles correcciones derivadas de una disrupción tecnológica, en un contexto en el que durante años se ha primado a las compañías de intangibles.
Diferenciación y requisitos para entrar en cartera
La diferenciación aquí es esencial y en Eurizon lo hacen con un fondo global gestionado junto a Jennison, un socio especializado con una larga trayectoria en este tipo de activos. La cartera cuenta con unas 50 posiciones y combina infraestructuras tradicionales, como aeropuertos y autopistas, con áreas de mayor crecimiento.
Para ellos, el principal foco está en capturar el impulso ligado a la IA, sobre todo a través de la demanda de electricidad y centros de datos. De hecho, según Jorge Díaz, “la IA aún está en una fase muy inicial y necesitará mucha más capacidad de procesamiento e infraestructuras para seguir avanzando”, y considera que “el mercado todavía no está valorando del todo este potencial, ya que se centra demasiado en el corto plazo y no incorpora suficientemente las necesidades de inversión a medio y largo plazo”.
Esta diferenciación también es esencial para que los fondos entren en las carteras, de hecho es un requisito tanto de AFI como de Tressis, que consideran clave que una estrategia de infraestructura cotizada no se limite a los activos tradicionales, sino que tenga capacidad de adaptarse al entorno y capturar crecimiento estructural.
Desde AFI, Gonzalo Bueno destaca la importancia de la diversificación, por eso, valoran especialmente cómo el gestor realiza la asignación de activos en cada momento, dando peso a áreas como utilities reguladas con capacidad de trasladar inflación o infraestructuras estratégicas.
Mientras que en Tressis, Jorge González insiste en que aeropuertos y autopistas pueden aportar estabilidad e ingresos recurrentes, pero no son suficientes. Buscan fondos expuestos a tendencias como electrificación, centros de datos, automatización y reshoring, evitando estrategias demasiado centradas en activos regulados y vulnerables a una mayor presión fiscal.
Ambos coinciden en que uno de los errores de algunos fondos ha sido mantener una visión demasiado tradicional de las infraestructuras, centrada solo en dividendos e ingresos recurrentes. En su opinión, los gestores deben analizar hacia dónde se dirige el capex de las grandes tecnológicas y seleccionar las compañías capaces de beneficiarse de esas inversiones, especialmente aquellas con contratos diferenciales y potencial de crecimiento elevado en los próximos años.
Riesgos y oportunidades
El sector de infraestructuras presenta riesgos, especialmente una posible recesión y, sobre todo, una mayor intervención regulatoria en activos como redes, autopistas, oleoductos o electricidad, donde los gobiernos podrían limitar precios para contener la inflación.
Aun así, las oportunidades siguen siendo muy relevantes. Como hemos comentado, la inteligencia artificial está disparando la demanda de electricidad, centros de datos, redes y almacenamiento, lo que permite invertir en esta tendencia de forma más estructural y, potencialmente, con menos volatilidad que a través de las tecnológicas puras.
Además, el nuevo ciclo de inversión en infraestructuras no depende solo de la IA. También lo impulsan la transición energética, la defensa, el reshoring, la reconstrucción de Ucrania y las tensiones geopolíticas. Desde Eurizon, Tressis y AFI coinciden en que las redes actuales no están preparadas para este aumento de demanda, por lo que será necesario un fuerte esfuerzo inversor en los próximos años.

El futuro de las infraestructuras
Al final, los tres expertos coinciden en que el gran tema estructural dentro de las infraestructuras para los próximos cinco años será la energía, aunque con distintos matices.
Desde Tressis, Jorge González apuesta claramente por la electrificación y la modernización de las redes, ya que “el aumento de la demanda eléctrica por centros de datos, coche autónomo, automatización o robótica, está poniendo en evidencia la falta de capacidad del sistema actual”.
Desde AFI, Gonzalo Bueno pone el foco en la inteligencia artificial y los centros de datos. Considera que “tanto compañías como Estados no pueden frenar el gasto en esta área sin perder competitividad, lo que seguirá impulsando al alza las necesidades de electricidad”.
Y por su parte, Jorge Díaz de Eurizon, señala la energía en sentido amplio como la apuesta más sólida. Destaca que “las renovables necesitan redes más preparadas para ser plenamente eficientes" y plantea también la necesidad de reconsiderar el papel de la energía nuclear en Europa.
En conjunto, invertir en infraestructuras permite exponerse a algunas de las grandes tendencias estructurales de los próximos años, como la digitalización, la inteligencia artificial, la urbanización y la transición energética, pero desde un perfil potencialmente más defensivo y menos sujeto a los excesos de valoración de otros activos tecnológicos. El fuerte crecimiento de la IA y de la economía digital exigirá mucha más electricidad, redes más modernas y nuevas fuentes de energía, lo que sitúa a la infraestructura energética como una de las grandes oportunidades de inversión a medio y largo plazo.
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