La firma francesa alerta en su último informe que los riesgos que se ciernen sobre la economía china y estadounidense podrían llevar una nueva etapa de estancamiento de la actividad

Tras un año 2015 en el que se comenzaban a vislumbrar signos alentadores de que la economía global recuperaba la senda del crecimiento, los primeros meses del nuevo año han supuesto un jarro de agua fría. Las incertidumbres vienen dadas por dos frentes, fundamentalmente. El primero es Estados Unidos, cuyo banco central, la FED, ha optado por poner fin a ocho años de políticas de estímulo con una tímida subida de los tipos de interés en 25 puntos básicos al tiempo que proliferan indicadores que ponen de manifiesto las dificultades con que se topa la economía estadounidense en un entorno de estabilización monetaria. Buena muestra de ello ofrecen los datos negativos respecto al índice manufacturero ISM, que ha descendido en febrero por quinto mes consecutivo, así como por la bajada del Índice de Confianza del Consumidor más allá del consenso. Estos dos indicadores, unidos al escaso avance de la inflación arrojan dudas sobre si la FED consolidará su senda de estabilización de la política monetaria o si, por el contrario, no cumple con su compromiso de aumentar gradualmente los tipos de interés y opta por una nueva expansión monetaria que haga frente al estancamiento de la economía.

El segundo foco de incertidumbre es China. La economía del gigante asiático manifiesta síntomas de agotamiento como la sobrecapacidad industrial (que ha llevado a que el Gobierno chino anuncie el despido de 1,8 millones de trabajadores del sector del carbón y el acero), el elevado endeudamiento y la debilidad del sector financiero. En esta línea, destaca que el aumento de concesión de nuevo crédito ha sido superior al crecimiento del Producto Interior Bruto, lo que ha llevado a que la ratio endeudamiento privado sobre el PIB se doblase durante la recesión hasta alcanzar el 200% del producto Interior Bruto, por lo que la entidad advierte del riesgo que existe de una brusca desaceleración de la economía china.

Por este motivo, desde Carmignac ven probable que, para mantener los actuales niveles de crecimiento, el banco central de China redoble sus esfuerzos y emprenda una política monetaria todavía más expansiva para hacer frente a una fuga de capitales que en el mes de enero ascendió a los 100.000 millones de euros (las reservas de divisas de la autoridad asciende a los 3,2 billones de dólares) y para aumentar la competitividad de los productos chinos vía devaluación del yuan.

Con todo, la firma francesa advierte que las políticas monetarias no han alcanzado sus objetivos, puesto que no han servido para impulsar el crecimiento económico y, además, han contribuido a crear burbujas en los precios de activos financieros (especialmente en renta fija), que los tipos de interés se volviesen a terreno negativo y a asignar capital de manera deficiente.

Ante este entorno de incertidumbre, Carmignac ha optado por mantener una exposición considerable al yen que se ha apreciado un 5% en lo que va de año a pesar de que el Banco de Japón situase los tipos de interés en negativo. En renta fija, el grupo francés ha decidido apostar únicamente por bonos corporativos sólidos, mientras que en renta variable ha reducido su exposición a los mínimos autorizados, centrándose en compañías especializadas en la extracción de oro, dado el repunte que ha experimentado en los últimos meses por su condición de valor refugio en tiempos de incertidumbre.

Por último, en lo relativo a materias primas, la entidad ha tomado posición mediante compras cuando el precio del petróleo marcaba mínimos, ya que espera una corrección al alza en los próximos 12 meses.