Los expertos  de AXA IM han lanzado sus previsiones de mediados de año en los que creen que se impone un entorno de mercado más táctico, mantiendo un sesgo corto en duración y con una sobreponderación en renta variable, donde prefieren Estados Unidos, Zona Euro y emergentes, con especial atención a Asia.

Los mercados mundiales comenzaron 2018 por todo lo alto aunque, la vuelta de la volatilidad a los mercados en el mes de febrero, ha provocado que el temor siga estando presente en los mercados con la mirada puesta en otros riesgos que han despuntado, tanto en el plano económico como en el político.  Desde AXA IM analizan hasta cinco factores que podrían hacer descarrilar la recuperación actual.

Europa: los progresos en torno al Brexit siguen siendo lentos y los líderes son incapaces de ponerse de acuerdo en cómo consolidar la unión económica y monetaria para acabar con la fragmentación y sus riesgos y en cómo ofrecer una respuesta común a la agresiva postura comercial de EEUU. “Es el cuento de nunca acabar pero en tanto en cuanto los miembros de la zona euro no aborden los defectos de la arquitectura de la UEM, los problemas de la región seguirán estando en la mente de todos”.  

Y además, franceses y alemanes siguen sin ponerse de acuerdo en las razones que causaron la crisis financiera mundial y hasta que no lo hagan, no podrán diseñar adecuadamente las medidas necesarias para prevenir otra crisis. Si no pueden ponerse de acuerdo, al menos deberían armonizar mejor sus diferentes visiones sobre la postura adecuada para impulsar la demanda y la oferta allí donde se necesita así como el reparto de funciones entre instituciones nacionales y europeas. En este punto, sectores como el de comercio, sector manufacturero y servicios financieros en Europa podrían verse peturbados por las negociaciones del Brexit.

En todo este foco de inestabilidad, Italia sigue estando en el centro. A pesar del pacto de coalición, ambos partidos tienen posturas tan enfrentadas en el plano político y económico que “solo pueden ponerse de acuerdo en una cosa: dejar que el déficit presupuestario crezca”. Incluso con el tirón económico que este incentivo fiscal traiga, la aplicación de un programa de estas características “probablemente retrase muchos años la reducción de la deuda pública bruta”. Y esto supone que a menos que el crecimiento aumente de forma significativa, la inflación repunte y se mantengan unos tipos de interés ultrabajos (escenario que no se mantendrá más allá de 2019) el país no puede permitirse ampliar su déficit mucho más.

Estados Unidos: La decisión de Trump de abandonar el acuerdo nuclear con Irán ha agravado las tensiones en Oriente Medio. A consecuencia de ello, los precios del crudo han subido a su nivel más alto desde 2014, también gracias a la política llevada a cabo por la OPEP de restricción de la oferta.  Consecuencia de la subida del crudo es el despunte de la inflación al tiempo que el excedente de capacidad mundial se reduce y la política monetaria se endurece. En este punto, “el crecimiento del PIB podría verse alterado por la subida del crudo mientras que, unos efectos inducidos persistentes, podrían mantener a los bancos centrales preocupados durante los próximos años…justo el período en el que la FED retirará sus estímulos y el crecimiento económico dejará atrás el elevado nivel actual”.

Esto tiene una segunda derivada: los países emergentes. Especialmente los que no son exportadores de petróleo.  Por un lado, los mercados emergentes son sensibles a la política monetaria de EEUU en cuatro frentes: cuando los tipos de interés y el dólar suben, el dinero de las inversiones que buscan rentabilidades en los emergentes vuelven hacia EEUU; los países con tipo de cambio fijo o semifijo con el dólar ven cómo su competitividad se deteriora; los tipos de interés de estos países suben arrastrados por EEUU lo que puede lastrar la demanda y por último, la deuda denominada en dólares se encarece y cuesta más atenderla. A ello se suman las inquietudes en torno al comercio mundial y los sobresaltos políticos específicos.

A nivel macro, tanto Estados Unidos como Europa siguen teniendo sólidos fundamentales y son Reino Unido y Japón los que “se encuentran en una fase muy avanzada del ciclo y presentan fundamentales  estructuralmente más débiles: Brexit, perfil demográfico... No obstante, “los factores estacionales sí tuvieron cierta incidencia. Por lo tanto, revisamos nuestra previsión de crecimiento del PIB hasta el 1,5% en el Reino Unido y el 1% en Japón, dos cifras mucho más próximas a sus respectivos crecimientos potenciales”. En lo que respecta a China, hasta ahora los datos han dejado sorpresas positivas en su mayor parte pero, como suele ser habitual, los expertos de la gestora esperan que converjan hacia el objetivo del gobierno de alcanzar un crecimiento del 6,5% en 2018.  

En este entorno se hace necesario un enfoque activo y táctico de asignación de las inversiones. La superación, por parte del bono a diez años americano, del nivel del 3% hace obligatorio revistar el objetivo para la deuda pública a diez años hasta el 3,3% y adoptar un sesgo estructural corto en duración. “El aumento de la incertidumbre y las valoraciones relativamente elevadas nos han llevado a realizar algunos ajustes tácticos en renta variable. Aunque seguimos estando sobreponderados en renta variable mundial ante las sólidas perspectivas de beneficios y el apoyo de los factores técnicos, en forma de recompras de acciones y operaciones corporativas, reconocemos que algunos mercados, sobre todo Italia, podrían verse afectados por las mayores probabilidades de que aumente el riesgo y la incertidumbre. Seguimos sobreponderados en EE. UU. y la zona euro, aunque esta última región ha perdido algo de atractivo en fechas recientes”.

En los emergentes, aunque  la evolución de los activos de los mercados emergentes ha estado deslucida recientemente, sobre todo en renta fija y divisas, por las razones indicadas arriba, “somos cada vez más selectivos en nuestras inversiones. Seguimos sobreponderados en renta variable emergente, con una clara preferencia por Asia”. En la deuda emergente, un área en la que Latinoamérica posee un mayor peso en los índices, el corto plazo plantea dificultades por el contexto que viven el billete verde y los tipos de interés estadounidenses, pero seguimos siendo optimistas a medio plazo.

En lo que respecta a las divisas, el dólar estadounidense volvió a subir tras más de un año de depreciación, pero no nos dejamos impresionar. Creemos que este rebote será limitado, tanto en el tiempo como en magnitud, y seguimos esperando que el cruce EUR/USD se mueva al alza. La razón es que nuestras perspectivas para la zona euro siguen siendo favorables y esperamos que el BCE vaya reduciendo de forma muy progresiva su política expansiva durante el segundo semestre del año en función del devenir económico, pero también político, en la medida en que este ensombrezca las perspectivas.