¿De qué hablamos cuando nos referimos a la Inversión Sostenible y Responsable, ISR? Todas las claves de la mano de Franciso Javier Garayoa, director de Spainsif.

franciso javier Garatoa Spainsif¿Qué es la Inversión Sostenible y Responsable?

Para situarnos en el tema es necesario empezar respondiendo a esta pregunta y luego explorar otros aspectos, como el del mercado que representa en activos gestionados, las iniciativas públicas y privadas para promoverlo, los productos estrella, bonos verdes, y el marco regulatorio de la Unión Europea, el Plan de Acción sobre Finanzas Sostenibles.

Para Spainsif, el Foro de Inversión Sostenible y Responsable de España, la ISR es una filosofía de inversión que es aplicable a todos los productos financieros y contempla distintas variantes; desde los productos tradicionales en la gestión de activos, fondos ISR vía Instituciones de Inversión Colectiva, Planes de Pensiones de Empleo, y los bonos verdes y sociales, pasando por otras variantes como el capital-riesgo, “Equity Crowdfunding”, “Crowdlending” y las microfinanzas.

Lo importante en la ISR es que las inversiones atiendan a criterios ambientales, sociales y de gobernanza, tanto desde el análisis de riesgos como desde el impacto que generan. Por lo tanto, las inversiones de impacto estarían también incluidas si cumplen los tres requisitos mencionados.

¿Qué no es inversión ISR?

Obviamente lo que no es inversión. Estamos refiriéndonos a la filantropía, que entraría en un capítulo distinto. Procede subrayar esta distinción, a fin de evitar confusiones de concepto.

Desde este enfoque, parece que corren buenos tiempo para la ISR, con un mercado que crece de forma constante, basta ver los datos de Eurosif y del Global Sustainable Investment Alliance, accesibles desde la web de Spainsif y del impulso que han supuestos dos iniciativas internacionales, ambas del 2015, el Congreso Sobre el Clima de Paris, COP 21, y la iniciativa de la ONU que establece la agenda 2030 con los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, los ODS.

Ambas iniciativas han sido suscritas por un representativo grupo de Estados, 195 en el Acuerdo de París, entre los que se encuentra la Unión Europea, y 193 líderes mundiales en el caso de los ODS, con compromisos concretos y con un calendario de avances en el que, junto a los organismos e instituciones públicas, encontramos al sector privado, sobre todo el financiero.

¿Cuál es el papel del sector financiero y cómo se vehiculizan los flujos de inversión?

Como respuesta, basta tan solo con cuantificar las necesidades globales de inversión previstas para alcanzar los objetivos del COP 21. Inicialmente, hasta el 2030, se había calculado, solo en Europa, una inversión necesaria de 180.000 millones de euros anuales. Posteriormente, el Banco Europeo de Inversiones, BEI, establece que el déficit de inversión global en infraestructuras de transporte, energía y gestión de recursos alcanza los 270.000 millones de euros anuales.

A estas cifras hay que sumar los volúmenes de inversión relacionados con el cumplimiento de los ODS, 12 billones de dólares anuales de inversión privada hasta el 2030, según la Comisión de Empresas y Desarrollo Sostenible (creada en Davos en enero de 2016), a lo que hay que añadir la capacidad de canalizar inversiones sostenibles de los signatarios de los UNPRI, nada menos que 62 billones de dólares en activos gestionados.

¿Qué aporta el Plan de Acción de la U.E. en el desarrollo sostenible?

Ante este panorama financiero, y al efecto de aportar un marco jurídico facilitador, la Unión Europea lanza su Plan de Acción en Finanzas Sostenibles, que arranca con dos propuestas legislativas presentadas el 24 de mayo del 2018, “sobre el establecimiento de un marco para facilitar las inversiones sostenibles” y “la divulgación de información relativa a las inversiones sostenibles y los riesgos de sostenibilidad”.

El plan de acción de la U.E. para financiar el desarrollo sostenible, publicado el 8 de marzo, contempla 10 acciones, comenzando por la elaboración de una taxonomía común, incidiendo en aspectos tan relevantes como el de las certificaciones de productos sostenibles y la adaptación de normativas relacionadas con la asesoría y la gestión (MIFID II y IORPII), con un calendario que marca el 2021 como fecha de implantación en los Estados de la Unión.

Inversión sostenible en España y a nivel internacional

Hemos visto que el ecosistema de las finanzas sostenibles a nivel internacional es muy favorable, a lo que hay que añadir la singularidad de productos como los bonos verdes, soberanos o de emisores privados, que permiten canalizar estos flujos de inversión de forma efectiva, con cifras representativas como la alcanzada en el año 2017 de 155,5 miles de millones de dólares.

La Comisión y el Parlamento Europeo son conscientes del potencial de estas emisiones de bonos verdes y han dado prioridad al desarrollo de una certificación, label, específica que aporte seguridad jurídica a dicho mercado.

En cuanto a la inversión sostenible en España, con los datos de la plataforma de fondos ISR de Spainsif, el crecimiento 2016/17 fue del 24% en patrimonio gestionado con criterios ASG, con la particularidad de que el 75,5% de los fondos de inversión comercializados correspondían a Gestoras de Activos no nacionales.

¿Ha llegado el tiempo de la inversión sostenible?

Creemos que más que indicios tenemos realidades concretas que dan respuesta a esta pregunta y es el momento en el que cada actor; inversor institucional, gestoras de fondos, grupos financieros … pongan en valor su capacidad de respuesta, contemplando las oportunidades de negocio que se abren y del riesgo adicional que supone la resistencia al cambio.

La gama de productos, la experiencia y la preparación de los equipos de analistas va a marcar la diferencia, buscando el posicionamiento de forma proactiva como inversor sostenible.

Concluyendo, los cambios son muy importantes y, sobre todo, serán muy rápidos, por lo que los grupos financieros que pretendan liderar la Inversión Sostenible en España tendrán que mover ficha, apuntando tanto hacia el inversor institucional, más habituado a este tipo de productos, como a los clientes particulares, vía las tradicionales redes de comercialización, las oficinas bancarias.