Los mercados de renta variable han conseguido unas mayores ganancias  en medio de una mejora continuada del entorno económico. Los indicadores de las principales zonas geográficas sugieren que el ciclo está ganando impulso al mismo tiempo que los resultados del cuarto trimestre apuntan a una recuperación incipiente.

 Por ello, dado que los mercados están casi en una situación de euforia, creemos que es momento para reducir temporalmente nuestra exposición a renta variable, sin adoptar una postura defensiva, pero avanzando hacia un perfil más equilibrado. En las últimas semanas las acciones se han apreciado debido más a la disminución de la aversión al riesgo que a la tendencia reflacionista. Los rendimientos de los bonos a largo plazo dejaron de crecer a principios de año y los títulos valor han conseguido peor resultados que sus homólogos de crecimiento tanto en Estados Unidos como en Europa.  Sin embargo, nuestros indicadores de aversión al riesgo han tocado fondo por lo que tiene sentido ser algo más cautos.

Por su parte, los mercados de bonos han estado algo inconexos en las últimas semanas debido al aumento en el riesgo político en Europa.  Los diferenciales soberanos italianos y franceses  así como los de los swaps europeos se han estrechado, pero sin que se produzca un impacto significativo en bonos corporativos y en renta variable europea. Sin embargo, no deberíamos dar esta situación por sentada pues cualquier reavivación de las preocupaciones políticas en ambos países del G7 podría desencadenar consecuencias más significativas en todos los mercados. Al mismo tiempo, la incertidumbre política en Estados Unidos se mantiene alta dado que sigue siendo un interrogante cómo y cuándo la administración Trump va dar a conocer su programa económico.

En este contexto, el crecimiento podría seguir aumentando, pero algunos indicadores ya han alcanzado máximos históricos. Y el fin de los precios bajistas de las materias primas, un gran motor de crecimiento en 2016, solo puede afectar de forma negativa al gasto en consumo. La tendencia reflacionista global inició hace un año cuando China reactivó su economía.  Sin embargo, hemos de tener presente que Pekín, que sigue un enfoque económico de stop and go, recientemente ha endurecido su política monetaria, una decisión que podría impactar sobre el momentum reflacionario. Las valoraciones del mercado americano están ahora por encima de sus medias  a largo plazo.  Podrían permanecer en estos niveles o incluso algo más elevados durante una serie de meses dado que no representan necesariamente una amenaza de corrección. Sin embargo, es mejor  ver estas valoraciones en la primera parte del ciclo que en el medio o al final del mismo que es donde nos encontramos hoy en día.

Teniendo en cuenta este escenario, estamos sobreponderados en bonos financieros en comparación con la renta fija high yield.  En primer lugar porque los bonos subordinados ya ofrecen unos rendimientos más interesantes y además los bonos financieros están disfrutando también de un entorno más favorable. La regulación ha reducido de forma considerable el perfil de riesgo y el empinamiento de la cuerva de rendimientos está reforzando su rentabilidad.  Además, a diferencia de los bonos high yield, la deuda financiera se beneficia del hecho de que normalmente suelen estar poco presente en las carteras de los inversores.

Como resultado, hemos tomado algunos beneficios de forma táctica en nuestras carteras pero seguimos estamos razonablemente invertidos. Estamos convencidos gracias a los fundamentales de que la renta variable europea obtendrá buenos resultados en 2017, pero hay suficientes factores técnicos, políticos y económicos en juego hoy en día para introducir en el mercado algo de volatilidad, lo que nos proporciona más oportunidades más adelante.

Benjamin Melman, Director de Asignación de Activos y de Deuda Soberana en Edmond de Rothschild AM (France)