Tras la publicación de los resultados corporativos del tercer trimestre de 2016, el consenso para 2017 fue revisado al alza dando lugar a un crecimiento de las expectativas de alrededor del 12%. Esta expectativa se cumplió en las principales regiones del mundo por primera vez desde 2011. En nuestra opinión, esta mejora esperada en los beneficios corporativos es esencial.
 

En primer lugar, se debe a la combinación de la subida de los índices de los mercados de renta variable durante los últimos años y la caída de los resultados en la mayoría de las regiones geográficas. En consecuencia, la relación precio-beneficio –una de las medidas más seguidas comúnmente por los inversores- ha aumentado a niveles históricamente elevados, creando así una zona de valoración de alto riesgo, pero en ningún caso preocupante.

En segundo lugar, se debe al hecho de que los beneficios fueron estables o mostraron caídas en el valor absoluto durante los últimos trimestres en EEUU y los últimos seis años en Europa. Un retorno al crecimiento marcaría un punto de inflexión en esta tendencia a la baja, y permitiría por fin a las compañías recuperarse de la crisis.

Además, la correlación entre la renta variable y los tipos de interés ha sido altamente negativa durante los últimos meses, con unos tipos de interés más altos (caída en el precio de los bonos) lo que ha impulsado una tendencia alcista en el mercado de renta variable. Esta configuración favorece una esperada recuperación de la actividad empresarial y el crecimiento de los beneficios. Esto ha tenido efectos sectoriales, con un movimiento de rotación en favor de los cíclicos, servicios bancarios, materias primas, y a expensas de los defensivos y la rentabilidad. Desde una perspectiva sectorial, las materias primas, el financiero y el petróleo son los sectores que registraron los mayores aumentos de las expectativas de crecimiento de los beneficios, mientras que el consumo, las telecomunicaciones y el sanitario continuaron registrando ligeros ajustes a la baja.

En nuestra opinión, la eurozona ofrece la evolución más sólida vinculada al crecimiento mundial, dada su apertura al comercio global. Además, desde un punto de vista técnico, es una región que está infraponderada en las carteras institucionales globales. Es también, la zona con el impacto más positivo del aumento del dólar de EEUU, ofreciendo un retraso en el rendimiento. Las razones de este bajo rendimiento del mercado de la zona euro se deben principalmente al intenso e incierto calendario político en 2017, que lastra a la zona, y las consistentes incertidumbres relacionadas con el sistema bancario (particularmente en Italia). Cada incertidumbre resuelta este año podría fortalecer sus posiciones.

Respecto al mercado americano, nos mantenemos neutrales. Consideramos que el mercado es optimista y, en consecuencia, la mayoría de las noticias positivas post electorales han sido absorbidas por los precios de los activos. No obstante, esta neutralidad cuenta con tres elementos técnicos que influirán en los resultados de las compañías americanas: la disminución del impuesto de sociedades –cada caída porcentual del impuesto representa un aumento del 1% en los resultados del S&P 500 para 2017-, la repatriación de parte del capital que está en el extranjero, estimado en líneas generales en 2.500 billones de dólares, y las medidas de salvaguarda del empleo en EEUU. En Estados Unidos, favorecemos los sectores petrolero, bancario y tecnológico.
En lo relativo a los mercados emergentes somos cautos, debido al aumento del dólar, aunque a pesar de ello hay margen para el crecimiento de estos activos. Tras la reciente subida, ya no tenemos un fuerte sesgo hacia el dólar. Sin embargo, como en el 2016, la evolución de la renta variable debería seguir estando altamente influenciada por los movimientos de la divisa.

Laurent Jacquier Laforge,  Director de Inversiones de Renta Variable