La llegada de negocios disruptivos, como el vehículo eléctrico o las baterías recargables, ha provocado una reestructuración del sector energético que terminará con un mapa energético distinto al que tenemos ahora. Pero ¿quién o quiénes serán los ganadores? Aquí algunas pistas


A día de hoy, es complicado saberlo aunque teniendo en mente los pronósticos de que para 2020 un 20% de la energía tiene que ser renovable, hay alguna pista. Aunque el camino no será fácil.  Y es que “cuando adquieres compromisos como los que ha adquirido el sector de renovables español y basan estos en opacidad de los costes de generación y repercusión de los costes al consumidor, la transparencia no existe”, reconoce Guillermo Santos, socio de iCapital. Un primer paso para instaurar, entre gobierno y energéticas, una especie de “no nos hagamos daño” en un sistema que es ineficiente y que deriva en un menoscabo del consumidor.

 

 


Guillermo Santos (iCapital), Silvia Morcillo (Ei), Miguel Ángel García-Ramos (Ei), Carlos Ruíz (IEB) y Araceli de Frutos (Araceli de Frutos EAFI)

Pero, vayamos por partes. Que el futuro son las energías renovables, es un hecho. Pero el problema es cómo se van a implementar en una región (la española) en la que todavía siguen conviviendo con energías obsoletas. De hecho, una de las principales preocupaciones del sector está en esto precisamente en que las renovables no pueden ser competitivas contra algo que lleva más de 30 años y está amortizado, en referencia a las centrales térmicas.  Desde el IEB, Carlos Ruiz, director del Programa de Financiación e Inversión en Energías Renovables reconoce que “el escollo más importante viene de la energía nuclear “que es un 25% de la producción del sistema eléctrico y nuestras centrales están viejas y sin planes de desmantelamientos, objetivos ni dotaciones presupuestarias”.  Y un punto más, después de 15-20 años en los que las centrales nucleares han estado en manos privadas, con los márgenes quedándose en estas mismas manos, ¿somos los ciudadanos los que tenemos que pagar el desmonte? ¿O un 50%-40%? Una compañía como Iberdrola cerrará las centrales nucleares si le pagan por ello pero alguien tiene que obligarle a cerrar o a invertir y renovarlo. Con lo que es evidente que hay que hacer política energética y no política con la energía, como se ha venido haciendo hasta ahora.

Miguel Ángel García-Ramos, analista de valores y fondos de inversión de Estrategias de inversión reconoce que “en la complementariedad de las energías fósiles con las renovables tiene que ir hacia una mayor eficiencia y sostenibilidad”. Partiendo de la base de que todo lo que ha subvencionado en años anteriores empieza a ser competitivo. (Ver. Especial energía: la transformación está en marcha)   “Los niveles de costes y eficiencia son razonables, ahora todas las energías están en grid parity (paridad de red) como la fotovoltaica o la solar. Además, por mentalidad humana, todos queremos eficiencia y sostenibilidad”, explica Ruíz. Este experto tiene claro que no necesitamos más generación, necesitamos incrementar la demanda pues tenemos un 40% del parque de generación parado debido a la falta de política energética. De hecho, se han desarrollado nuevas tecnologías sin que se haya sustituido por otras más antiguas. En España no se ha cerrado nada.

Esto evidencia la necesidad de que haya un equilibrio entre la Administración, a través de la ciudadanía, y las empresas privadas que son las encargadas de generar dinero para sus accionistas. Una colaboración que tendría un buen punto de partida en calcular cuánto costará desmontar las centrales antiguas. De hecho, en Francia o Alemania se ha dotado una cantidad presupuestaria para renovar sus principales centrales. Araceli de Frutos, de Araceli de Frutos de EAFI reconoce que “al final el sector energético, sea de petróleo, electricidad o renovables, son sectores regulados, intervenidos que tienen intereses creados por todas partes”.

Generación eléctrica del mes de febrero 2017. La aportación de las renovables es del 39% del total.
Fuente: REE
 

 

 

 

 

 


Sin embargo, estamos asistiendo a un cambio en los hábitos del consumidor que supone cambiar el paradigma de los patrones de consumo y, por ende, de suministración de energía. Ahora la energía eléctrica es clave y garantizar su suministro, también. Con lo que ya tenemos un primer ganador. Aunque todos están de acuerdo en que, si consideramos compañías renovables como inversión, todavía quedan oportunidades.  (Ver: Los tres motivos por los que el vehículo eléctrico es una realidad...y no podrás evitar) Y eso a pesar de que compañías como Grenergy, Solaria o Gamesa  han elevado su revalorización en el año a ritmo de doble dígito. Entre los drivers que mirar para invertir, dice la responsable de Araceli de Frutos EAFI, está la regulación, inversiones, capex, reducción de costes, I+D…y la rentabilidad por dividendo. Uno de los componentes más atractivos que tiene “mientras los tipos de interés se mantengan rondando el 0%”. Y un punto más, “en una fase de crecimiento como la actual, sectores con un componente cíclico como este lo harán bien porque se ven favorecidos por el aumento de la demanda”, explica Santos.

 

 

 

 


El analista de valores y fondos de inversión de Estrategias de inversión reconoce además que el sector se favorecido por una regulación que va hacia renovables y “la administración tiene que garantizarles retornos de capital. La principal incertidumbre viene del desarrollo de redes energéticas inteligentes, que tienen necesidades de capex enormes. Además tienen certidumbre en ingresos lo que les hace interesantes de cara a invertir en bolsa”.

Y ¿qué pasará con las petroleras? También están en pleno cambio, especialmente a razón del descubrimiento del shale gas y shale oil, pero la mesa de expertos tiene claro que la energía, quitando la nuclear, se genera quemando cosas y las petroleras “tiene capacidad importante de dar electricidad para tu coche pero dependerá de la inversión que quieran hacer”, reconoce el experto de iCapital.  Por eso ha triunfado la industria del shale en Estados Unidos, porque han conseguido hacerlo viable financieramente algo de lo que todavía no somos muy conscientes.

Además, reconocen que lo que está impactando en el mercado es la pérdida de poder que tiene la OPEP a razón de una economía que ha conseguido ser energéticamente independiente. Los expertos han dejado claro que esto no tendrá incidencia negativa sobre las renovables españolas que están en la región. “No se trata de favorecer energías y desfavorecer otras  con lo que el impacto será limitado”, reconoce Araceli de Frutos. Aunque sí se verán impactados países que necesitan un precio más elevado de crudo para que les salgan las cuentas de su economía “países como Colombia, Venezuela o Colombia tendrán un problema de competitividad pues necesitarán entre 80-90 dólares para que la extracción de petróleo le sea rentable”, explica el profesor del IEB.  

 

 

 

 

 


El panel de expertos considera que por el nivel de 50-60 dólares de petróleo es la línea de equilibrio entre productores y consumidores (oferta-demanda). Con Donald Trump “viene un revulsivo a la inversión, con la regulación menos burocrática, incentivos a las inversiones y  baja de impuestos y en tema de fracking hay una inversión muy elevada”, reconoce el experto de Estrategias de inversión. Algo que, en opinión del profesor del IEB, tendrá más dificultades de desarrollo por la conciencia medioambiental actual.

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