En su última reunión el G20 simplemente dejó hacer. Al más puro estilo de la Revolución Francesa y el “laissez faire et laissez passer”, el cónclave político-económico reiteró su intención de mantener los mercados de divisas abiertos: “vamos a abstenernos de todas las formas de proteccionismo y mantendremos abiertos nuestros mercados”. Se esfumaban las ilusiones de que este organismo pusiera coto a las políticas monetarias agresivas de los Bancos Centrales. Para el G20, esta lucha por ser la moneda más devaluada no se está llevando a cabo por motivos competitivos, haciendo ‘ojos ciegos’ a la posibilidad de que estemos asistiendo a una verdadera guerra de divisas. Sin embargo, Victoria Torre, responsable de análisis y producto de Selfbank, comenta que “contar con una divisa competitiva para impulsar las exportaciones es un recurso importante en estos momentos para muchos países que aún se resienten de la debilidad interna. El problema es que en la actualidad la situación no es aislada, afecta a varios países, y depreciaciones forzadas a través de políticas monetarias agresivas traerían como consecuencia empobrecer al vecino”. Si un país devalúa su divisa para impulsar sus exportaciones, a fin de cuentas, está dañando la competitividad de otras economías, máxime en un momento especialmente delicado como el actual. Pero, además, según José Luis Martínez Campuzano, estratega jefe de Citi, “lo fundamental es el potencial riesgo en términos de presión al alza en los activos financieros y acentuación de los excesos en los países desarrollados. Evitarlo será el principal reto a nivel mundial, de forma que no retrocedamos más tanto en la apertura comercial como en la globalización”. En este enfrentamiento tenemos e principales jugadores. Uno, realmente agresivo: Japón; otro, a dos bandas: EEUU; y otro, neutral, que se ha visto acorralado por la batalla: Europa. 

Japón y la devaluación del yen a toda costa
El Banco de Japón, presionado por el Ejecutivo de Shinzo Abe, ha llevado a cabo una devaluación manifiesta y radical del yen. “Desde la toma de posesión de Abe, el yen ha registrado una sorprendente bajada del 17% frente al dólar estadounidense y de más de un 20% frente al euro en menos de tres meses”, indica John J. Hardy, Estratega de divisas, Saxo Bank. Además, el Banco de Japón se guarda otros ases en la manga: la expansión de su balance en 2014 ascenderá a diez billones de yenes (2,1% del PIB), sin fecha de finalización, podrá aumentar de manera significativa su programa de compra de activos los próximos años, alargar la duración residual de los bonos elegibles para compra (actualmente 1 y 3 años), reducir la tasa de interés de la banca japonesa en el Banco Central (actualmente 0,10%) y anunciar un calendario para el objetivo de inflación 2%. Chris Iggo, CIO de renta fija en AXA IM, nos avisa de que entre las posibles repercusiones de estos hechos estaría que “si ahora las exportaciones japonesas resultan más baratas que las chinas, el país del Sol Naciente se verá impactado, luego que su crecimiento haya estado impulsado en los últimos 20 años por las exportaciones. En esta misma situación se encontrarían otras economías asiáticas como Indonesia o Corea que se verían forzadas a depreciar sus monedas para mantener la competitividad”. Como consecuencia de esta evolución de las monedas “podría generase inflación en el continente”. Asimismo, la depreciación del yen también podría tener un impacto negativo en Estados Unidos: “un dólar fuerte es perjudicial para los grandes exportadores y también en Europa, por ejemplo, para los potentes exportadores alemanes”, ejemplifica Iggo. De momento, el Ejecutivo japonés ya ha advertido que no cesará aquí su intención de devaluar la divisa, ¿qué impacto tendrá esto en los cruces con el euro y el dólar? “la tendencia a nivel mensual del cruce euro-yen muestra unas divergencias contra la tendencia clara, un wedge (cuña) que está comprimiendo el precio. La salida coincidió con un movimiento abrupto que ha dado impulso al cruce desde los 95 hasta los 126 yenes. Es muy posible que de los 126.40 yenes volvamos a máximos. Lo veo a medio-largo plazo en niveles de 140 yenes”, indica Manuel Domínguez-Blanco, especialista en divisas de Interdin.com. También pronostica que en el enfrentamiento dólar-yen la divisa japonesa se devalúe más que la americana, con perspectiva de subir hasta los 95 yenes, “aunque ambos pares se hallan muy sobrecomprados y tratando de cambiar la tendencia de largo plazo”.

COTIZACIÓN EURO-YEN:


El euro nada entre dos aguas
En medio de esta lucha por ser el más débil, el euro no se configura como gladiador ganador. La divisa europea corre el riesgo de fortalecerse frente a otras monedas si el Banco Central Europeo continúa como mero espectador de este enfrentamiento. Por mucho que el mercado espera más bajadas de tipos en Europa, Draghi no las ejecuta y el euro se revaloriza. Así pues, Chris Iggo comenta que “en cierto sentido, un euro fuerte es bueno porque significa mayor confianza en el mercado y en la economía europea, pero no es bueno para las exportaciones europeas”. Al parecer, la fortaleza del euro no sólo obedece a que otras monedas estén más devaluadas, sino también a la mejoría de la situación económica europea. Según Olivier Ginguené, CFA, estratega jefe de Pictet AM, “el euro ha subido muy por encima de su valor intrínseco, lo que parece reflejar la convicción generalizada de que la crisis de deuda de la zona euro está bajo control, aunque no lo suscribimos. La expansión del balance de los Banco Centrales determinará el cruce del euro-dólar hasta que los mercados descuenten un alza de tipos de interés en EEUU. Además en cualquier guerra de divisas la eurozona puede carecer de ‘artillería’ y el euro aumentar de valor. Eso explica por qué el BCE, a pesar de su renuncia, puede tener que hacer que el tipo de interés que paga a los depósitos de sus bancos llegue a zona negativa”. Además, “la debilidad del dólar podría ser causada por una mezcla de las políticas monetarias expansivas de la Fed y de las dudas que despierta en los mercados debido a sus problemas de desequilibrio presupuestario”, dice Victoria Torre, pues la Reserva Federal ya ha reiterado que mantendrá las políticas laxas mientras el paro estadounidense supere el 6,5%. Con este telón de fondo, Manuel Domínguez-Blanco indica que el par euro-dólar, “tras tocar los 1.3210 podemos esperar un retroceso a 1,2950. Aconsejo que no se tomen posiciones hasta que finalice este retroceso, aunque la perspectiva sigue siendo alcista para volver a repuntar hasta los 1,37-1,40 dólares”.

COTIZACIÓN EURO-DÓLAR:


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