Los políticos estadounidenses otra vez se encuentran caminando sobre la cuerda floja. Tras no llegar a un acuerdo, hoy comienza el secuestro fiscal –recortes del gasto público automáticos por valor de 8,5 mil millones de dólares-. Sin embargo, parece que esta vez, que las consecuencias ya están aquí, todo está pasando más desapercibido para el mundo, ¿por qué? “los mercados están más tranquilos quizás porque la economía americana está creciendo, se han disipado las dudas sobre una caída en recesión y los datos de empleo y consumo son mejores que tiempo atrás”, justifica Rafael Ojeda, director del dpto. de inversiones de Miramar Capital EAFI. Pero lo que hoy comienza a suceder no es tontería. El presupuesto federal es de 3,6 billones de dólares, por lo que, con un recorte de 85.000 millones, se reduciría en un 2,3%. En una economía que ha intentado suplir la caída del consumo (que supone un 70% del PIB) con gasto público esto puede ser nefasto. De hecho, lo que se ha conseguido con las mediadas de apaño puestas en marcha hasta ahora “no es resolver el problema pues, si se buscaba reducir el déficit en 1.200 millones de dólares, se va a conseguir todo lo contrario, aumentarlo en 4.500 millones”, avisa Alexis Ortega, socio-director de Finagentes Gestión. (Ver: Llegan los ajustes a EEUU. En Europa tenemos nivel clave)

Pero, ¿hasta qué punto el cortar el grifo del gasto público puede ser peligroso? Todo lo que quieran los políticos, pues en su mesa de negociación está la posibilidad de paliar las consecuencias. Por un lado, los demócratas no quieren llevar a cabo un recorte drástico del gasto público ni una subida fuerte de impuestos a las clases medias y los republicanos, por su parte, claman que la mayor parte de la población cargue sobre sus hombros el peso del déficit fiscal. Aquí es donde deben llegar a un punto de acuerdo para reducir las consecuencias del abismo fiscal pero, de no entenderse, Soledad Pellón, estratega de mercados de IG, avisa que “afectará la recuperación del PIB de EEUU”. En concreto, hoy entrará en vigor una reducción del presupuesto federal de aquí a final del año fiscal (30 septiembre) de 85.000 millones de dólares y, posiblemente otros 28.000 millones en el cuarto trimestre de 2014, lo que haría un total de 113.000 millones o, lo que es lo mismo, un 0.7% del PIB. En consecuencia, el FMI ha advertido que revisará sus previsiones de crecimiento de EE.UU. para 2013 si se aplican los recortes de gasto público desde hoy. Hasta ahora, el organismo dirigido por Christine Lagarde baraja un crecimiento del país para 2013 del 2%. Mientras, algunas casas de análisis ya han revisando sus previsiones económicas. Este es el caso de JP Morgan, que ahora prevé que la economía estadounidense se expanda un 1,9% en 2013, frente al 2,1% pronosticado en principio - mirando por el lado positivo, pese a todo, EEUU no entraría en recesión-. Desde esta casa de expertos justifican la reducción del impacto al 0,2% –cuando debería ser del 0,7%- “porque, aunque el presupuesto se recorte, la reducción del gasto real posiblemente sea gradual, y a partir del 1 de marzo el Congreso encontrará la forma de incrementar alguna partida del gasto con alguna iniciativa legislativa más o menos de emergencia y extraordinaria amortiguando el efecto”. Con ello, durante los próximos 10 años fiscales el impacto será de 109 billones anuales y el déficit de 2013 descenderá al 3,8% del PIB (978 billones de dólares), frente al 6,9% del año anterior. (Ver: Una trampa al borde del precipicio)

La Casa Blanca ya advirtió esta semana de las consecuencias directas que tendrá que el Congreso no llegue a un acuerdo sobre la aprobación del presupuesto: la economía norteamericana perderá alrededor de 750.000 puestos de trabajo hasta fines del año, los veteranos de guerra dejarán de cobrar sus cheques, habrá largas colas y retrasos en los aeropuertos porque habrá que reducir las horas de trabajo de controladores y personal de seguridad, miles de familias se quedarán sin ayuda escolar o sin atención sanitaria, se retrasarán las gestiones de todos los ministerios, 800.000 empleados civiles del Pentágono tendrán que tomarse días de descanso sin cobrar, 10.000 maestros serán temporalmente enviados a casa. (Ver: Entre la recuperación inmobiliaria y el fiscal cliff)

RECORTES DE GASTOS PÚBLICOS DEL SECUESTRO:



Fuente: Congressional Budget Office


Pero no sólo entre demócratas y republicanos anda la cosa. La Reserva Federal, como actor omnipresente en todo el proceso, tiene mucho que decir aquí. Su presidente estos días ha sido el blanco de las críticas por decidir mantener el QE3 hasta que el paro descienda del 6,5%, pero lo cierto es que Ben Bernanke ha sido el ‘gran salvador’ de la economía estadounidense y tienen que seguir siéndolo ahora que EEUU cae por el precipicio por culpa de su clase política. Frente al inmovilismo de los políticos, la Fed ha mantenido el tren de la economía estadounidense inyectando dólares a mansalva y ahora, que los QE ya no tienen tanto efecto, es cuando más se debe esforzar pues, “EEUU necesita un dólar débil para poder sobrevivir al fiscal cliff” indica Alexis Ortega. Pero, por este lado, parece que la ecuación se resolverá: “es previsible que la Fed continúe comprando valores hipotecarios respaldados con activos hasta que las condiciones de empleo mejoren significativamente porque EEUU, a diferencia de Europa, no tiene problemas para financiarse mediante gasto y déficit público”, dice Christophe Donay, director de macro-economía y carteras de banca privada de Pictet WM. Aunque hay que tener presente que esta actuación de la Fed está creando una gran bola de liquidez que puede tener unas consecuencias nefastas en el futuro. De ahí, que sea totalmente comprensible la indignación mostrada por Bernanke con los políticos esta semana en el Senado.

Las consecuencias mencionadas tendrían su repercusión en la economía real pero, ¿qué hay del mercado?, ¿en qué derivará el secuestro? Según Soledad Pellón, “en la pérdida definitiva de los 1.500 puntos del S&P 500”. En cambio, si las fuerzas políticas llegan a un entendimiento sucederá todo lo contrario, “pues supondría el empujón final para que los índices rompieran máximos históricos”. En este sentido, Jorge del Canto, analista independiente, “la proyección de 1.610 puntos para el S&P500 es un objetivo claro para el corto plazo, 3-4 meses. La zona de los 14.800-14.700 para el Dow Jones”. (Ver: Mejor RV Europa que RV EEUU)

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