El oro siempre ha sido sinónimo de poder, de opulencia. En momentos de crisis bursátil, siempre ha sido sinónimo de refugio. La desaceleración de la economía europea, la posibilidad de que la estadounidense entre en recesión y la incertidumbre y volatilidad que planea sobre las bolsas ha llevado a los inversores a buscar cobijo en el áureo metal. Un buen tejado protector cuando a la tormenta se une un dólar débil y un alto precio del crudo. El temor a una posible escasez de oferta en Sudáfrica -uno de los principales productores mundiales- es otro de los factores que respaldan esta escalada, pero lo cierto es que según los analistas la cosa puede no quedar ahí. Hay quien estima que podríamos llegar a ver incluso los 1.000 dólares. La recomendación, por tanto, es clara: hay que seguir comprando oro.
Siglo XIX. La fiebre del oro constituyó uno de los rasgos de la cultura popular en EE.UU. Se produjo una migración apresurada y masiva de trabajadores hacia áreas más rústicas, en las que se habían descubierto grandes cantidades del metal precioso. Ahora, la fiebre del oro regresa, pero a los parqués. La conjunción de un precio del crudo al alza y un dólar débil ha azuzado el interés por la compra de oro, porque éste es visto como un escudo, como una barrera contra la inflación, alimentada en muchos países por la tendencia al alza del petróleo. De hecho es la unión de estos factores –oro negro y dólar- la que explica el producto. En el contexto actual, “cuando el dólar cae el oro sube”, concluye Ramón Forcada, director de análisis de Bankinter. Una relación cuasi-matemática que hace que este analista piense que “ahora mismo el oro sólo puede subir” y que estime que puede llegar a los 950 dólares, sin descartar que podamos llegar a ver los 1.000.

Otros expertos opinan que mientras la perspectiva del dólar permanezca débil, el crudo alto y se atisben en el horizonte nuevas bajadas de tipos en EE.UU, el oro seguirá batiendo sus propias marcas -en 2007 ha subido un 30 por ciento-. Y se agarran a los precedentes para anticipar este escenario. Recuerdan que en 1980 el precio de la onza llegó a los 850 dólares, cuando los inversores se lanzaron a comprar a raíz de la alta inflación propiciada por el elevado coste del crudo, en medio de la revolución iraní. Sirva como ejemplo por el lado del crudo, que esta misma semana ha superado los 100 dólares. Por el lado del dólar, la historia se ha repetido en numerosas ocasiones: su debilidad estimula la compra de materias primas cotizadas en esa divisa porque las hace más baratas para inversores que poseen monedas más fuertes. Y todo apunta a que el billete verde seguirá de capa caída. De hecho Ramón Forcada señala que “ahora es una divisa estructuralmente bajista” por lo que prevé que llegue hasta las 1,50 unidades en su cambio con el euro.

No sólo brilla el oro

Pese a la que coincide en que veremos al oro brillar más, Antonio Aspas, analista de Anta valencia, destaca que la inversión en el metal precioso le parece bien sólo como forma de diversificar una cartera en momentos como el actual. Deja claro que “es estar jugando a que suba más pero no es un activo que rente como unas acciones que te pagan un dividendo o un bono que te paga un cupón. Sólo es un refugio”. Con esto claro, no descarta tener un 5 por ciento de la cartera en oro, aunque sería más partidario de tener un 10 por ciento en materias primas en general. Y a tenor de lo que están haciendo últimamente otros metales preciosos como la plata o el platino, pero también materias como el propio trigo, habría que tenerlo muy en cuenta. En este sentido, Yon Elosegui, director de Carmignac para España lo tiene claro: apuesta sin dudar por las materias primas, porque cree que “la demanda de éstas se va a prolongar durante mucho más tiempo del que se anticipa, al menos 10 o 15 años”. Elósegui hace hincapié en que “la demanda de materias primas viene del universo emergente y para mantener las tasas de crecimiento de esas economías se necesita invertir en infraestructuras”. Y eso se traduce en demanda de hierro, acero, aluminio, cobre, paladio, petróleo, etc. La siguiente etapa, a su juicio, sería la del llamado sector de las soft commodities( los cereales o la carne).

Técnicamente…

Desde el punto de vista técnico, Eduardo Bolinches, director de Bolsacash, comparte el optimismo y cree que el objetivo más cercano del oro está en los 960 dólares. Una cota que de romperse –algo en lo que confía- “le llevaría como mínimo a 985, sin descartar una ruptura de este nivel para acabar este semestre en 1.060 dólares”. Para quienes hayan tomado posiciones últimamente con ánimo de especulara muy corto plazo, Bolinches recomienda poner un stop de pérdidas en los 940 dólares. Quienes hayan comprado hace uno o un par de meses “deberían aguantar un poco más y poner ese stop en los 900”. 


Además, el director de Bolsacash recomienda seguir comprando plata con un soporte a vigilar en los 17,25 dólares, al tiempo que destaca que el platino está en subida libre y vertical. Asegura que “tiene un soporte muy alejado en la zona de 1.900, para usar quienes ya estén dentro”. La estrategia que recomienda a los inversores que quieran comprar es, por un lado, vigilar el precio “intradiariamente por si se da la vuelta en nuestra sesión de compra y salirse si se pierden los mínimos de la sesión”. Por otro y una vez dentro del valor “ir subiendo el stop a los mínimos de la sesión anterior”.

Todo esto sin descartar “echarle un ojo al trigo” donde observa una fuerte presión compradora. Estima que “tiene una zona de soporte muy importante en los 900 dólares y ha roto el nivel psicológico de los 1.000”. En este caso, el stop de pérdidas lo pondría en los 1.012 dólares.

Estar en oro a través de fondos y ETFs

Se puede invertir en oro vía ETFs, eso sí, siempre teniendo claro que se trata de una recomendación apta sobre todo para perfiles de riesgo alto, señala Ramón Forcada. Esta sería, según Fernando Luque, analista de Morningstar, la forma más sencilla de tener una exposición directa al oro, porque de momento, no existen fondos que inviertan en esta materia directamente. Una segunda forma sería estar invertido en fondos de acciones relacionadas con las materias primas, “básicamente en compañías extractoras”. Un ejemplo sería el fondo MLIIF World Gold E € Acc. La ventaja –y posible inconveniente- de esta segunda opción frente a la primera es que “hay un cierto apalancamiento a la hora de invertir en fondos de minas de oro”. Y el motivo es que el fondo va a reproducir de forma más exagerada las subidas, pero también las caídas de esa materia prima. Otras alternativas serían optar por fondos como el MLIIF World Mining EEUR, cuyo “objetivo es estar invertido en distintas empresas mineras”, o como el Carmiggnac Commodities Acc, que está expuesto a diferentes materias primas. Y Luque enumera otra posibilidad para quien quiera estar expuesto a la evolución del oro: serían “aquellos fondos que invierten, no directamente en materias primas ni acciones sino que siguen o intentan replicar algún índice de materias primas”. Como ejemplo pone al fondo de Credit Suisse CSF Lux DJ AIG Commodity Index I, que sigue el comportamiento del Dow Jones Commodity Index.