China ha contribuido en los últimos cinco años a que el crecimiento global crezca un 30%. Con el objetivo de seguir impulsando su economía a un ritmo del 6,5% hasta 2020 e ir reduciendo la pobreza de los 43 millones de chino que pasan hambre en la segunda economía del mundo el Partido Comunista de China (PCCh) celebra su XIX Congreso Nacional entre el 18 y el 24 de octubre.

En unos días donde el máximo órgano del Partido Comunista más influyente del mundo tendrá que elegir a su Comité Central, el Buró Político y su Comité Permanente, lo único seguro es la continuidad del secretario general y presidente de la República Popular China, Xi Jinping, y del primer ministro, Li Keqiang.

En el discurso inaugural Jinping destacó la mejora en las condiciones de vida en estos últimos cinco años desde que asumió las riendas del partido. El máximo mandatario llegó al Gran Palacio del Pueblo acompañado de sus camaradas predecesores, Jiang Zemin y Hu Jintao, con el objetivo de visibilizar la unidad frente a las posibles tensiones entre los miembros de la formación.

El presidente chino pronunció un largo discurso de más de casi tres horas y media, donde también mencionó entre algunos de sus pilares de gobierno la lucha contra la corrupción, la presencia internacional de China y el refuerzo de las fuerza armadas.

A nivel económico remarcó la importancia de las reformas económicas, la disminución de la deuda, la atracción de mayor capital extranjero, con el objetivo de duplicar el PIB de China y los ingresos per cápita hasta 2020. En su intervención, el secretario general reconoció que los desafíos que para ello debe abordar China pasan por resolver el desequilibrio estructural, la brecha en productividad, el alto coste ambiental, la desigualdad rural-urbana y las deficiencias en educación, sanidad, tercera edad y vivienda. El PCCh sigue defendiendo la tesis “las casas son para vivir, no para especular”.

El máximo mandatario comunista también apuntó a un impulso del sistema de economía de mercado, la mejora de la coordinación entre las políticas fiscales, monetarias e industriales, la inversión en infraestructuras de alta calidad, la promoción del espíritu empresarial, sin olvidar de las nuevas tecnologías y la innovación.

LA APRECIACIÓN DEL YUAN PODRÍA NO DURAR MUCHO

Pese a que China ha contribuido en los últimos años al 30% del crecimiento mundial, sigue presentado desequilibrios en los mercados. Desde M&G Investments, su director de inversiones Jeik Sohn apunta que “la tendencia de apreciación del yuan durante este año podría depreciarse a medida que la economía china se ralentice gradualmente”.

Y además añade que “a más largo plazo, a medida que se abren sus mercados, los inversores chinos podrían diversificar mediante activos internacionales, ya que en este momento, se orientan en gran medida hacia su propio mercado, lo que ejercería una mayor presión sobre la divisa china”.

En cuanto a los bonos chinos, el gestor apunta que siguen estando muy caros y la rentabilidad del bono a diez años tiene una rentabilidad del 3,6%, lejos del 5,1% de media que arroja el universo de deuda pública emergente. Por su parte, el mercado bursátil chino está marcado por las empresas públicas en fase de reforma, que son una de las claves del endeudamiento chino, y las tecnológicas. El director de inversiones de M&G señala que la reforma pendiente de las primeras “podría convertirlas en trampas de valor” y de las tecnologías arguye que “aunque están creciendo de forma rápida, gran parte de la confianza y las esperanzas de futuro de los inversores ya están descontadas en las valoraciones”.