Invertir en renta fija corporativa es la opción más recomendada en estos momentos por los expertos, que ven este tipo de activo financiero el refugio ideal en tiempos de crisis. Ahora bien, si está pensando en hacerlo, la recomendación es unánime: la mejor manera es a través de los fondos de inversión, ya que, acudir a los mercados primarios y secundarios de deuda, es en el caso de la primera opción, difícil y en el caso de la segunda, arriesgado.
Es el activo de moda en estos momentos: la renta fija corporativa es casi por unanimidad la apuesta segura de los expertos. Un activo, el de los bonos corporativos al que se puede acceder de diversas formas. Se puede suscribir en el momento de la emisión en el mercado primario o bien en el mercado secundario. Ambos mercados guardan distintos perfiles; el mercado primario es aquél en el que se emiten y ofrecen al público los títulos de renta fija por primera vez mientras que “en el mercado secundario, el bono pasa de un comprador a un vendedor, y el precio de salida ya no es el mismo”, explica Celine Giffard, analista de Self Bank, por lo que “obviamente –dice- el mercado primario es más interesante al tener el bono un descuento importante”.

Sin embargo, acudir al mercado primario de deuda no es fácil para los inversores particulares. El mercado primario se beneficia de unos descuentos interesantes pero las colocaciones suelen ser muy rápidas y al final acaban en manos de los inversores institucionales que son los que han acudido a las últimas emisiones. “El mercado primario es como una OPV en acciones, es decir, sale una emisión de bonos por parte de una compañía y cuando los coloca en el mercado suelen ser los creadores de mercado (market maker) los que suelen comprar estos bonos” comenta Giffard que añade, “la colocación puede hacerse en tan sólo 20 minutos, por lo que, en general, es difícil que el cliente retail acceda al mercado primario”. Y es que, se trata de un mercado menos conocido para el inversor retail que el mercado de acciones e incluso que el mercado de derivados.

Pero comprar deuda corporativa “es complicado tanto en el mercado primario como en el secundario. No es como comprar acciones”, señala Fernando Luque de Morningstar que añade, “ni siquiera es como comprar Letras del Tesoro donde ya hay una maquinaria puesta en marcha y que facilita la compra de bonos o de títulos del Tesoro por parte del inversor particular. En renta fija corporativa es muy difícil”, por lo que este experto, no recomendaría comprar en el mercado secundario de renta fija corporativa “porque los costes suelen ser muy altos, las horquillas también y el nivel de liquidez no es el mismo que en el mercado de renta variable”. En conclusión, asegura el experto “si se quiere comprar deuda corporativa es un error acudir al mercado secundario porque allí se está asumiendo un riesgo francamente alto ya que va a tener que concentrarlo todo en una emisión”. Además, comenta Celine Giffard, “en el mercado primario sabemos que podemos conseguir los bonos a un precio atractivo, mientras que en el mercado secundario, depende de la estrategia del inversor, de ver si el bono ha bajado de precio, si es o no interesante, depende –continúa la experta- de si el inversor lo quiere mantener o si busca luego revenderlo”.

Actualmente, el riesgo mayor de la deuda corporativa es la posibilidad de default (impago) por lo que, la recomendación de los expertos pasa por “hacer una selección correcta de los emisores de deuda y meterse sólo en activos líquidos”. No es lo mismo, asegura Fernando Luque “comprar bonos de Telefónica, Endesa o Repsol que hacerlo de empresas de tamaño más mediano, donde podemos encontrarnos con más dificultades a la hora de venderlos”. Y es que, ya lo dice el responsable de análisis de Morningstar “es como comparar el mercado continuo con el mercado de corros de hace unos años. Podías comprar pero no sabías a qué precios podrías vender”. La experta de Self Bank incide en la misma idea, “hay que mirar no sólo al emisor del bono, a menos que queramos mantenerlo hasta el final. Si la idea es la de venderlo cuando suba hay que meterse en activos líquidos, porque este mercado –asegura la analista de Self Bank- aún no tiene la liquidez que tenía hace un año”.

Complicaciones que llevan a una misma salida “lo mejor es comprar un fondo de bonos corporativos”, asegura Luque. Es más, muchas casas están sacando productos conocidos como “fondos de comprar y mantener” que permiten “mantener en cartera hasta vencimiento los bonos adquiridos generalmente en el mercado primario”, explica Celine Giffard, lo que no deja de ser “una forma para el inversor de poder acceder al mercado primario a través de un fondo de inversión”. El objetivo del fondo no sería el de jugar con los precios y buscar una apreciación del bono sino “mantener hasta vencimiento para poder beneficiarse del cupón anual que se da”.

Para el gestor de un fondo de este tipo es tan interesante acudir al mercado primario como comprar bonos en el mercado secundario ya que la idea es adquirir un bono para intentar mantenerlo hasta su vencimiento y poder ofrecer al final al cliente una rentabilidad predeterminada anual que está estimada, asegura la experta de Self Bank “en torno a un 5% anual”. Pero también hay otro tipo de fondos de deuda corporativa, aquellos que hacen una gestión de una cartera de bonos pero no buscando aprovecharse del cupón sino haciendo un arbitraje de precios. “Comprando –asegura Celine Giffard- cuando ven una oportunidad y vendiendo también cuando ven la oportunidad, es decir, haciendo una gestión del fondo como si se tratara de una cartera de acciones”. Ofertas, en conclusión, que acercan al inversor particular al complicado universo de la renta fija corporativa.